Revista Capital

Otro hito en el fin de una época

Instituto de Humanidades, UDP

Edwards no era un mero empresario. En momentos decisivos de la implementación del modelo neoliberal por el que bregó, sufrió reveses económicos severos. Sus intereses económicos se ligaban a los de una –a la altura de su generación ya vieja– familia que se autocomprendía también como extranjera, pero involucrada con los destinos del país. No se parece a la muchachada que vino después a hacer pasadas, jugadas audaces, en el dinero y la política.

Quizás la influencia más decisiva del hombre –y donde revela su carácter de viejo barón– se efectuó a través de El Mercurio y la red de influencias que ese medio posibilitó. Porque hay que reconocerle una hegemonía, que el cartel colgado en la casa central de la Universidad Católica vino, más bien, a constatar. Esa hegemonía está ligada a las tesis económicas de Chicago, un modelo de planificación global, como lo llamara Góngora, enfrentado a las planificaciones globales de la izquierda. Fue encarnado por primera vez en la misma Universidad Católica, pero defendido férreamente por este descendiente de británicos que, consciente de los tiempos, había dado un giro hacia Norteamérica, la nueva potencia hegemónica tras la cual se alineó.

En esta lucha de grandes relatos con dientes, enfrentó a Allende, apoyó el golpe y todo lo que vino después. Respaldó a la dictadura, que le devolvió la mano al diario. Luego éste fue lugar de articulación relevante de la Transición.

El Mercurio ha sido y es un mundo. Y así incidió en la historia: como un formato inteligente e implacable, que –en épocas de normalidad– abre de modo calculado sus espacios a casi todos –ponderando el grado–. Editoriales, revistas, cartas, el cuerpo cultural, las columnas, hasta la vida social se despliegan en un delicado –y a veces no tanto– equilibrio, que ha terminado incidiendo, en una medida relevante, en los destinos del país.

Pero la Transición se agotó. El gran ciclo que va desde Alessandri el viejo hasta la Crisis del Bicentenario llega a su fin. Un final que coincide, en alguna medida, con la muerte de Edwards. La izquierda de hoy ya no es la de antes. La Concertación entró en crisis y, previo a lo esperado, la Nueva Mayoría también. Una nueva izquierda surge por el ala izquierda. La derecha de la Transición tampoco se sostiene y, aunque con dificultades, su renovación ideológica está en marcha. El modelo de crecimiento del país requiere alteraciones, se está agotando. La muerte de Edwards es otro hito en el lento pero irresistible movimiento de la historia. Probablemente, el destino del mayor legado del fallecido –su diario– dependa de la capacidad del medio de implementar fuertes cambios para quedar en condiciones de repetir lo que hizo durante su larga existencia: sin limitarse a la pasividad, leer los tiempos.