Opinión

El medio es el mensaje

La irrupción de Andrónico Luksic en Twitter es un acontecimiento que va mucho más allá de una provocativa y hábil movida comunicacional.

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Director Revista Capital

Que quien bien podría ser la inspiración de los creadores de la frase “los poderosos de siempre” se adentrara en las violentas tierras de Twitter resultó inesperado y desconcertante. A nivel de sus pares, y en general entre hombres de negocios, la pregunta que muchos se hacen es qué necesidad tenía el líder de lo que seguramente es el mayor grupo empresarial del país de destinar diariamente un par de sus valiosas horas hombre a darse un baño de piedrazos virtuales y escupitajos biliares, que es lo que más abunda en las redes sociales.

Se ha dicho que es un capricho. Que el hombre, como lo demuestran varias atrevidas movidas de negocios, es de ideas fijas y que cuando el hipotálamo se lo pide, va de frente.

También se ha dicho que se trata de un ingenio comunicacional sofisticado. Que en la movida hay ingeniería y cálculo estructural. Que un ejército de mentes craneó hasta el más mínimo detalle.

Como sea, lo cierto es que un buen día de fines de enero de 2017 y bajo la sencilla descripción de “Empresario chileno. Cuenta oficial”, Andrónico Luksic sacudió el hipersensible tejido de la red social con un primer tuit que lo instaló oficialmente en la liga donde a diario se trenzan tanto consumados boxeadores y espadachines, como verdaderos orangutanes y maestros del estoque penitenciario.

A ese territorio entró Luksic, seguramente sabiendo que nadie quedaría indiferente y que, por lo mismo, su exposición mediática se multiplicaría casi al infinito. Imposible resulta pensar que no lo sospechara.

Y es quizás esto último lo que más merece atención. Más allá de que sus tuiteos iniciales fueran sobre los incendios forestales o que en los últimos haya debido salir al paso de un polémico artículo de WSJ, el que un empresario no libre de polémica abriera un canal directo de comunicación con decenas de miles (que pronto serán cientos de miles) de personas es en sí un potente mensaje, que debe ser estudiado no sólo por expertos comunicacionales, sino que también por todos aquellos que ingenuamente aún dicen no saber por qué los empresarios no son muy queridos en Chile.

El arribo de Andrónico Luksic a la tierra de los mortales no hace sino poner las cosas en su lugar. Los empresarios (y, agreguemos, sus ejecutivos) son parte del tejido social y no les hace bien aislarse, irse a vivir lejos y poner barreras entre ellos y las personas de a pie.

En cierta forma, la gran pregunta que pocos se hacían hasta antes del hito marcado por Luksic era: cómo querer a quienes parece que se esconden y callan en actitud culposa. Cómo dialogar con quienes interactúan a través de comunicados de prensa o en la voz de asociaciones gremiales y que cuando oyen a la calle lo hacen levantando encuestas. Cómo.

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