Opinión

Donde hubo fuego

La prolongada catástrofe de los incendios que asolaron al país deja instaladas candentes preguntas que es necesario responder.

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Director Revista Capital

Durante las semanas en que el centro geográfico y demográfico del país literalmente ardía en llamas, la impotencia ciudadana y la pasmada reacción inicial ante la catástrofe atizaron emociones y estados de ánimo que dejaron un gusto amargo. Basta rebobinar un poco la película para revisar esas escenas ingratas en que todo era sospecha, rabia, frustración. Sospecha respecto del origen de las llamas; rabia contra la desidia e incapacidad; frustración con la insolvencia institucional a la hora de dar respuesta a las crisis.

Las llamas se han extinguido, pero las cenizas de aquellos ígneos días han quedado. Y es bueno que así sea, porque no es sano que queden tras bambalinas y latentes esas sensaciones ingratas. Mirarlas de frente y abordarlas abiertamente es lo que hace progresar a las instituciones y a las sociedades. De lo contrario, la dinámica política y social sólo sería lo que pautean los matinales.

No se trata de desconocer que además de sospecha, rabia y frustración, también hubo emociones conmovedoras en aquellas duras semanas. Como cuando miles de chilenos salieron a los campos armados de ramas para contener las llamas que amenazaban no su casa, sino que la de su vecino. O cuando las carreteras no dieron abasto a las caravanas de ayuda solidaria. O cuando desde muchos lugares del mundo vinieron en ayuda de este sobrepasado país. No, no se trata de omitir aquellos emocionantes hechos, sino que simplemente de hacer realidad el refrán que habla de transformar la crisis en oportunidad... Y eso pasa por identificar las fallas y buscar respuestas que eviten su recurrencia.

Los políticos no pueden ser actores que bailen al ritmo de la música que ponen los medios. Y si en este caso la sospecha se instaló, pues bien, habrá que indagar a fondo para desmentir las teorías conspirativas y/o confirmar, si es que corresponde, cuáles de las hipótesis tienen asidero. Y lo mismo ocurre con las sensaciones de rabia y frustración, lo que pasa inevitablemente por abrir una proceso de crítica constructiva y autocrítica, de modo que la negligencia y las falencias institucionales no vuelvan a costarles su hogar o la vida a tantos chilenos.

Ya son demasiados los casos en que las crisis se encaran con decisión por unos días, mientras atraen prensa. O que derivan en fotos de entrega de propuestas por parte de comisiones de hombres buenos y expertos, y hasta en reformas, las que luego dan paso a un relajamiento de esfínteres en su ejecución posterior. En este caso; en el de las denuncias de corrupción; en el del Transantiago que cumple 10 años de hemorragia; en la polémica por la forma en que se hacen los nombramientos del CDE, etcétera.
En fin, son tantos los frentes en que hay que atacar las llamas.

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