Opinión

Pasado y presente de la centroderecha

Aun con dificultades para comprender el país actual, se aprecia -sin embargo- en ese sector un lento retorno a la inquietud por las discusiones más ideológicas, los proyectos de largo plazo. Si se encauza de buena forma, puede ser un aporte significativo.

-

Instituto de Humanidades, UDP

Hoy ser de derecha o centroderecha tiene mala recepción en varios ambientes de nuestro país. Se lo vincula a clasismo, atadura al poder económico y bajo perfil intelectual. Aunque algo de cierto hay en todo eso, la crítica debe matizarse, en dos sentidos.
De una parte, el pasado histórico de la derecha no tiene siempre ni mucho de parecido a lo que ciertos sectores en ella han sido en el último tiempo: expresión simplona y clasista de los empresarios en la arena política. De otra parte, además, hoy soplan en ella vientos de renovación, que no deben ser menospreciados.

Extrapolar conceptos del siglo 20 al 19 es difícil. Pero, si se ponen los asuntos en perspectiva, cabe identificar antaño un sector parecido a lo que hoy llamamos centroderecha en el grupo tras el esfuerzo fundacional e institucionalizador del país. El ramillete que va de Portales y Bello a Montt y Varas es responsable de la consolidación de una república fuerte, que se asienta sobre símbolos e instituciones antes que solos liderazgos personales. La fundación de la Universidad de Chile; el impulso a la educación; la paz asentada sobre el eje de la Presidencia de la República; el Código Civil, son expresiones egregias que definen una época, en la cual, con todos los defectos que quepa enrostrárserle, quedan puestas las bases para un florecimiento del país posterior. El talante intelectual de varias de aquellas figuras y sus capacidades conformadoras nos hablan de la importancia de coordinar los esfuerzos de los políticos con el mundo ideológico, en la tarea de orientación de los destinos del país en el largo trámite.

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, el cristianismo social irrumpe en la constelación conservadora. Desde 1883, Abdón Cifuentes organizó y apoyó, a través de la Unión Católica, a círculos de trabajadores de barrios populares. En 1891 se publica la encíclica Rerum Novarum, que influye profundamente en los conservadores chilenos. Alfredo Barros impulsa las primeras leyes sociales. Pablo Marín y Emilio Cambié, ambos conservadores, fundan la definitiva Federación Obrera de Chile y, junto a otros como Juan Enrique Concha, contribuyen decisivamente al desarrollo de las organizaciones de trabajadores. Incluso tan tardíamente como bajo el gobierno de Salvador Allende, todo aquello rindió frutos: gremios y sindicatos vinculados a la centro-derechista Confederación Democrática frenaron, con eficacia, los intentos de la Unidad Popular por establecer un socialismo real en el país.

Día a día va creciendo el número de políticos y de personas más vinculados a la academia, que han ido aportando a que este cambio tenga lugar.

Durante el siglo XX, y en la llamada “Generación del Centenario”, autores conservadores de talante nacional popular, como Alberto Edwards, Francisco Antonio Encina, Tancredo Pinochet y Luis Galdames, tuvieron una participación hegemónica en la vida cultural y política chilena. Más tarde, Mario Góngora vendrá a ser depositario de esa importante tradición de pensamiento y a darle un nuevo brillo inusitado. Poco o nada hay, en todo ese movimiento, de clasismo, pereza o dureza mental, de mero economicismo o defensa de intereses. Para muestra, recomiendo vivamente leer Nuestra inferioridad económica de Encina, el Ensayo histórico de Góngora, o Inquilinos en la hacienda de su Excelencia de Pinochet. Se trata de autores vanguardistas, comprometidos con la realidad social honda del país.

Hoy, luego de la crisis intelectual y política en la que venía hallándose la centroderecha, ducha en la gestión pero con serias dificultades discursivas para comprender el país actual y enfrentar a la izquierda, retorna allí, lenta pero con impulso, la inquietud por el pensamiento político, las discusiones más ideológicas, los proyectos de largo plazo.
La centroderecha cuenta con un pacto, frágil, pero que se va institucionalizando, sobre la base de estructuras como un Consejo Político de la alianza Chile Vamos. También de un documento como la “Convocatoria Política”, texto con el que se pretende entrar de lleno en la discusión fundamental con la izquierda. Día a día va creciendo el número de políticos y de personas más vinculados a la academia, que han ido aportando a que este cambio tenga lugar.

El juicio de la historia –se sabe– es severo y no hay que hacerse demasiadas ilusiones. Pero puede ser, si los hechos siguen decantando hacia esa colaboración de políticos y académicos, hacia esa integración de acción y pensamiento; si el electoralismo ciego, el economicismo de corto alcance y los “poderes fácticos” no le atraviesan palos a la rueda, puede ser –digo– que ésta comience a girar de tal modo que los historiadores del futuro vuelvan sobre nuestra época en actitud de tranquilo reconocimiento a la contribución política que la centroderecha chilena, cual en el pasado más lejano, hizo (hará) al país en los intensos años que nos toca vivir.

Comparte este artículo:
  • Cargando
  • Carlos76

    La derecha hablando sobre la derecha…en concreto la renovación solo se ve en un par de partidarios del matrimonio entre personas del mismo sexo y un par de columnistas que se tiran flores entre ellos y que nadie entiende bien porque no militan en la DC.