Revista Capital

2016 y el último año que viene

Economista

El gobierno como actor principal siguió su tendencia a la mediocridad, así ratificada por todas las encuestas. Al 15% de apoyo cayó en algún momento la presidenta y se mantiene en torno del magro 20%. El gabinete hizo crisis con su segundo ministro fallido de Interior, y el gobierno logró el “récord” político de enviar un veto sustitutivo que no logró siquiera un solo voto de su propia coalición. Así están las cosas.

En las coaliciones políticas, fue dispar. Quizás un año razonable para Chile Vamos (y notable por las municipales) y bastante malo para la Nueva Mayoría (y desastroso por las municipales). De alguna manera, el primer conglomerado se ordenó un poco, mientras que el segundo tiene fecha de término. La derrota fue devastadora porque, más que un apoyo a la derecha, fue un voto de castigo tanto al gobierno como al oficialismo. Con todo, el gran ganador fue la abstención, que abre un abismo de incertidumbre en la próxima elección. En las municipales, entre los personajes que destacan están Alessandri, por quien pocos tenían esperanzas; Sharp, que es inédito, y Barriga.

El Parlamento está desprestigiado y no alcanza al 10% de aprobación. Las leyes son muy mal hechas, llenas de errores y vacíos. Los partidos políticos no son queridos, e igualmente está desprestigiada la justicia. La crisis institucional es severa y será la base eleccionaria que nos viene.

La campaña presidencial se lanzó oficialmente en septiembre, cuando Lagos anunció su participación y obligó al resto a apurarse, al tiempo que debilitó aún más al gobierno. La economía siguió planeando a la baja, con caída sistemática de la inversión, la productividad y la capacidad de generar empleo. Codelco dio una alerta con cifras rojas. Octubre dio un fuerte campanazo, con un 0,4% negativo en el IMACEC. Diciembre lanzó otrabomba con la advertencia de una clasificadora de riesgo internacional, que desarmó la débil defensa del gobierno sobre un manejo responsable de las finanzas públicas.

Los personajes del año

En un país sin timón y una mandataria claramente ausente, la primera pregunta recurrente es quién manda. Eso da lugar a tres personajes centrales pero desarticulados, que dirigen al país en este momento: Aleuy, Uriarte  y Guell, todos técnicamente de segunda línea, aunque no en los hechos. El ministro del Interior es simplemente inexistente. Los partidos del gobierno están en una crisis de magnitud tanto en su interior como en su relación con Palacio. La DC ya hizo un amago de ruptura; luego lo ha hecho el PS. El PC da la impresión de que sólo trabaja para sí. El PPD se sigue desangrando lentamente.

También adquirió protagonismo el ministro Valdés, que ha dado señales de tratar de contener el gasto público, pero en realidad no lo ha logrado. El déficit fiscal sigue largamente superior al 3,5% del PIB, y la deuda pública aumenta de manera sorprendente. La postura de Hacienda le ha traído un gran apoyo de la derecha y un fuerte rechazo de la izquierda, lo que hace muy compleja su posición, aunque por ahora inamovible. El documento programático del PPD (cuyo candidato es Lagos) incluye la propuesta del impuesto al patrimonio, lo que es muy complejo para la economía.

En el terreno de las elecciones, claramente Piñera, Lagos y Guillier son los protagonistas. En segunda línea están Ossandón, Insulza, Felipe Kast y José Antonio Kast, que han marcado opinión durante el año. Todo puede cambiar en los próximos meses. Y apareció la candidatura de Nicolás Larraín, que no es sino el síntoma de un problema mayor en la política. Otro personaje que hay que seguir de cerca es Mesina, del movimiento No más AFP que, sin duda, marcó agenda en el año y lo seguirá haciendo.

Un personaje especial fue Patricio Aylwin, que recibió una despedida generosa y transversal de un actor relevante de nuestra historia, lo que contrasta con la muerte de Fidel Castro.

Chascarros

Un gran chascarro fue el viaje a escondidas de la mandataria a la Araucanía, o el documental de sí misma que quiso hacer y se supo. Ni hablar del enorme error de la demanda penal a los periodistas de Qué Pasa. Pero la guinda de la torta fue el desatino sin límites de la muñeca de Fantuzzi. En lo negativo campea Jadue, del fútbol, las groserías del diputado Valle contra Luksic, a la par de la finura de la presidenta de la CUT, todo ello acompañado de las diversas estafas financieras en empresas truchas de inversiones. Por ahí anda también el escándalo de la Arcis, los temas de CEMA, el “milico gate”, o la operación desvergonzada del cartel del Cruch. Cuento especial son las jubilaciones truchas de gendarmería, en especial para la exseñora de Andrade.

Otros eventos oscuros del año fueron el muerto en la protesta de Valparaíso, la incapacidad de tener el registro electoral en las municipales y los múltiples muertos del Sename. También el revuelo por la incerteza jurídica levantado por Büchi. Sin duda alarmaron los escándalos familiares del diputado Rincón, curiosamente miembro de la Comisión de Familia de la Cámara.

Otro chascarro fue el boletón 14-2 que nos puso La Haya, y el gobierno tratando de convencernos de que habíamos ganado. Un hecho penoso fue Francisco Vidal diciendo, donde lo quisieran escuchar y con la pachorra que lo caracteriza, que ganarían 4-0 en las municipales. Pero el ridículo ni siquiera lo ha hecho callar. Anecdótica fue la cutufa de la Cámara de Diputados para compensar a los no elegidos. También debemos recordar a dos diputados delirantes tratando de regular los saleros de los restaurantes, el “happy hour” y otros que quieren legislar sobre las tareas de los colegios. Otro mal chiste fue el designado subsecretario de Gobierno que no alcanzó a durar 12 horas en el cargo, acusado de probidad académica (José Francisco Viacava, PR).

Algunas frases para el bronce

Las frases que acumulan historia son algunas como las siguientes: Walker y el infantilismo progresista; Mariana Aylwin y el progresismo con progreso. Famosa fue la cocina de Zaldívar. Bachelet por cierto siempre tiene su cuota de dichos. A “A mí no me gusta que me pauteen”, le siguió “wishfullthinking es moverse al centro”,  “sin crecimiento no hay desarrollo social”, cuando todo lo que hace es contra el crecimiento, sin mencionar al absurdo “realismo sin renuncia”. De no creer fue la frase “todos contra Uber” de Guillier. Otra notable fue la ministra de Educación, que cándidamente dijo “se me coló una universidad a la gratuidad”. Lagos dice que estamos en la peor crisis institucional del país desde el 73 y no sabe si resistimos el año y medio que queda. Más grave aún fue Guillier, que confesó que “no había leído la ley” pero había votado igual, o cuando disparó el Alzheimer de Fernández. Pero la frase del año para mí fue: “Ya no hay un puto peso en Codelco”.

El 2017

Para el 2017 la campaña presidencial será, sin dud, el eje central. La incertidumbre es enorme. Primero porque no sabemos si seguirá unida la Nueva Mayoría. Todo indica un pronto quiebre y la manera en que ocurra será crítico para la elección. Dentro de ese tema, la segunda duda es qué hará la DC. Quebrada internamente e indecisa de qué hacer en materia de candidatos, podría ir a la primera vuelta, a las primarias de la NM, o incluso nada. Las tres cartas posibles que le quedan son Burgos, Goic y Aylwin.

La tercera duda es qué hará finalmente Piñera, lejos la mejor carta electoral de Chile Vamos. Si se baja emergen de inmediato Espina, Allamand, y Felipe Kast a la disputa con Ossandón.

El escenario político se está rebarajando. Chile Vamos está relativamente estabilizado con 4 partidos (UDI, RN, PRI, Evópoli). Se sigue formando un centro liberal con Ciudadanos, Amplitud y Red Liberal ,que se verá reforzado por un sector de la DC. Por otro lado aparece en el horizonte el Frente Amplio, que hoy agrupa unos 12 movimientos y partidos aún más a la izquierda que el PC. Toda esta enorme fragmentación se hará evidente en las elecciones parlamentarias, con más de 20 partidos y que han sumado 50 nuevos honorables, lo que hará muy difícil la gobernabilidad en un régimen presidencialista como el actual.

La mayor incertidumbre, sin  embargo, está dada por la abstención que tendrá la elección. Esta variable hace que las encuestas tengan gran propensión al error y hagan muy difícil cualquier pronóstico.

La economía a su vez seguirá descendiendo, pudiendo incluso llegar a tener un trimestre recesivo. Es probable que el gobierno deba sincerar realmente las cifras del desempleo, y asumir a fondo la crisis fiscal. Yo estimo que tendremos un nuevo cambio de gabinete el 2017. Los principales afectados de este gobierno son, sin duda, quienes pertenecen a la clase media, que dependen directamente del vigor de la economía.

Aunque es sólo una intuición, tengo la impresión de que el candidato final de lo que quede de la Nueva Mayoría será Insulza.

Epílogo

2016 fue difícil, confuso y de malos resultados generales para el país. El 2017 va a ser peor, pero ojalá me equivoque. Las elecciones serán sucias, dolorosas y polarizantes. El germen del populismo ya ha sido plantado y la cultura nacional es fértil para ello.