Opinión

Hagan sus apuestas

La pregunta de fondo es: quién está dispuesto a poner las manos al fuego, apostando a que se han tomado las medidas correctas para renovar el impulso del crecimiento.

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Director Revista Capital

Un tanto inadvertida en la crónica sobre Finlandia que publicamos en la presente edición, se desliza una frase que debiera hacernos pensar. “Cada vez que las cosas se ponen difíciles, volvemos a innovar”. De una simpleza abrumadora, la sentencia que un parlamentario finés deja caer en medio del artículo frente a la consulta de cómo responde su país a las crisis, invita a mirar qué hemos hecho por estos lares ante el evidente cambio de condiciones que más allá de lo que ocurra con el cobre, tiene a muchos proyectando crecimientos promedio magros para el país a diez años plazo.

No más de 3,5% de expansión del PIB por año en la siguiente década es la sentencia del Consensus Forecast. Bastante más desalentadora es la película que nos cuenta la consultora Oxford Economics, que situó hace pocos días en 2,3% el PIB potencial del país también en un horizonte de diez años. Más cerca y con el termómetro local en la mano, el grupo de expertos que apoya a las autoridades de Hacienda con estimaciones que sirven de insumo al presupuesto, acaba de estimar que el PIB potencial del país al 2026 es de 3%, por debajo del 3,6% estimado hace poco y lejos (demasiado lejos) del 5% que se preveía hace tres años.

Números más o menos y sin ánimo de apuntar el dedo más a la izquierda, el centro o la derecha, lo que corresponde es indagar si frente a esta situación más difícil que vive la economía y que promete acompañarnos por mucho rato, la respuesta ha sido o no “innovar”; o, si por el contrario, lo que se ha hecho es contener la respiración a la espera de que las cosas cambien solas.

Lo cierto es que por poner checks en la lista de deberes no nos quedamos cortos. Es más, probablemente ostentamos el récord mundial de ser el país que más ideas pro productividad ha logrado listar en el más breve plazo. Son centenares las propuestas que reposan en varios lustrosos escritorios de silenciosas oficinas del centro de la capital. Es decir, en lo que a preocupación respecta, podemos estar tranquilos, en la esperanza de que en una de ésas el precio del cobre suba algunos centavos (ojalá un dólar) y podamos volver a la normalidad.

Se nos dirá que el reproche omite un hecho objetivo y aplastante. El que como nunca el país ha empujado durante estos años una agenda de reformas muy ambiciosas. Y tienen razón. Pero la pregunta de fondo es quién, dentro de los que sostengan ese punto, se declarará conforme con los resultados y estaría dispuesto a poner las manos al fuego apostando a que esas reformas (éstas, que bien conocemos, con sus atributos y defectos técnicos) son las que moverán la aguja del futuro del país en la dirección correcta.

Señores, se va la bolita... Hagan sus apuestas.•••

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