Opinión

Disparo a los pies

El proyecto de reforma a la educación superior del gobierno viene a afectar, precisamente, los pilares gracias a los que nuestras universidades han logrado destacar en el continente.

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Instituto de Humanidades, UDP

Diez universidades chilenas se encuentran entre las mil mejores del mundo, según el último ranking Times Higher Education. Ninguna alcanza niveles sobresalientes, pero tenemos un cierto liderazgo en la región, especialmente si se cuenta el tamaño del país en relación con la cantidad de instituciones incluidas. Brasil, con una población que multiplica por doce la chilena, tiene 27 centros, es decir, 2,7 veces más que Chile; México, con ciento veinte millones de habitantes, logra tres universidades menos que nosotros; de Argentina, sólo se incluye una; tres de Colombia; dos de Venezuela.

Encabezan la lista chilena dos privadas tradicionales (Santa María y PUC, en el rango 401-500). Sigue una estatal (la Chile, entre 501-600), dos privadas tradicionales (Austral y Concepción), una privada no tradicional (UDP), otra estatal (U. de La Frontera), una privada tradicional (PUCV). Cierran la lista dos estatales (USACH y Talca). Como se observa, el grupo se compone de cuatro planteles estatales y seis privados. Ocho universidades carecen de filiación religiosa, dos son católicas. Seis son de regiones, cuatro de Santiago. Este panorama revela dos aspectos relevantes de nuestra educación universitaria: su calidad, superior a la del contexto latinoamericano, y su pluralidad.

Es mucho lo que queda por avanzar hacia posiciones superiores en la lista. Pero el lugar que ocupan las casas de estudios del país es expectante. Las actuales condiciones de partida permiten augurar un futuro distinto al panorama usualmente opaco que ha exhibido nuestra vida universitaria, desde sus inicios. Las diez universidades de la lista se equilibran entre Santiago y las regiones, las controladas por el Estado y las privadas. La presencia de dos universidades pontificias viene a expresar la importancia de la tradición católica en la docencia y la investigación de nivel superior nacional.

Ambas cualidades de nuestra educación universitaria, a saber, su calidad y diversidad, no son mero fruto de la casualidad, sino que descansan en condiciones institucionales y económicas específicas. Ocurre que, en Chile, tanto el control de las universidades, cuanto su financiamiento tienen un carácter nítidamente mixto.

Estas dos características virtuosas de las universidades chilenas –su calidad y diversidad– y las condiciones bajo las cuales han sido hechas posibles, a saber, el financiamiento mixto y la división del control, son fundamentos sobre los que cabe esperar se erija el despliegue material y espiritual de la nación. El camino avanzado ha sido lento, con tropiezos y hasta traumático. Pero si según un ranking imparcial y suficientemente sofisticado como el de marras, nuestras universidades revelan una calidad comparativamente descollante en Latinoamérica, y niveles de diversidad destacables, ¿no valdrá la pena, realizando las correcciones que sean necesarias, insistir en la división del control de las universidades y en un sistema de aportes mixto?

La cuestión se vuelve dramáticamente acuciante, pues el proyecto del gobierno, viene a afectar, precisamente, esos pilares sobre los que nuestras universidades han construido su expectante posición. De un lado, apunta a desplazar el financiamiento privado, por la vía de entregarle al Estado la totalidad del financiamiento de la docencia y la investigación de las instituciones que entren en la gratuidad. Mantiene la posibilidad de que los privados controlen universidades, pero las dejaba fuera del financiamiento basal (aporte fiscal directo). Ahora nos dicen que enmendarán, respecto de las del CRUCH. Habría que preguntarse por la justicia de excluir de allí universidades incluso mejores que las que están dentro. En fin, el gobierno también concentrará una serie de atribuciones que afectan la autonomía de cada proyecto educativo. Por la vía de decisiones sobre acreditación, fijación de precios y restricciones a las matrículas, serán funcionarios partidistas quienes aumentarán inusitadamente su control sobre las casas de estudio. No parece el camino correcto. •••

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