Opinión

Error de diagnóstico: desastre para el paciente

El gran desacierto de la Nueva Mayoría fue pensar que Bachelet, la misma que cedió el poder a Piñera y echó a andar el Transantiago, iba a ser capaz de hacer un buen segundo gobierno con aficionados como Peñailillo y la G-90.

-

Economista

La trama

A estas alturas del partido, resulta más o menos evidente que la Nueva Mayoría se equivocó radicalmente en su diagnóstico del país. Los resultados están a la vista. Para Lagos, es la peor crisis institucional desde el 73 y con dudas si se resiste hasta el fin del período. Para Díaz, está amenazada la gobernanza. Para Burgos, se descarriló el tren. Al mal diagnóstico se sumó la inédita desprolijidad profesional, la increíble incompetencia en la gestión, y la casi total falta de liderazgo de la presidenta. El diagnóstico general era que el país debía ser refundado, y el punto de partida era borrar con una retroexcavadora todo vestigio del pasado que llamaron neoliberal.

Los errores

Veamos algunos puntos esenciales. En Chile hay desigualdad como en todos los países del mundo, pero no es el peor de todos. Al contrario, en los últimos 30 años ostenta el récord mundial de reducción de la pobreza. La llamada clase media es el fenómeno emergente más relevante que considerar y la están desarmando. La izquierda jamás ha entendido la diferencia entre el Estado y el gobierno. Un error personal y directo de la mandataria fue su gabinete, especialmente la fuerza del G-90 con Peñailillo y Arenas claramente amateurs.

El sistema educativo tiene muchos déficits sin duda, pero curiosamente era el mejor de América Latina. La cobertura llegó a nivel de países desarrollados y las nuevas universidades abrieron opciones que nunca habían existido. En 30 años, la educación privada hizo tanto o más en creación de oportunidades, que la estatal en 150 años, siempre elitista. El desafío claro del momento era la calidad, el gobierno no lo entendió y partió por la gratuidad, es decir, por la contabilidad. Como no alcanzan los recursos para la gratuidad (primera prioridad), jamás los habrá para la calidad. La solución: igualar hacia abajo. El gobierno se prepara para cerrar 14 universidades privadas copiando el modelo de Ecuador, no el de Finlandia, Europa o EE.UU. ¡El de Ecuador aunque no lo crean!

Los principales problemas de la educación media estaban en los liceos públicos, no en los de copago. ¿Qué hizo el gobierno? Deteriorar a los buenos para que se igualen con los peores. Los patines de Eyzaguirre. El Mineduc asume como acto de fe que si la educación es pública, va a ser de mejor calidad que la privada. Al parecer nunca ha mirado los datos. También cree que hay que financiar a la oferta, lo que es amplia y reconocidamente regresivo para un país. Es como subsidiar el agua y que los ricos llenen sus piscinas. Se está equivocando gruesamente en la recentralización de la educación pública, lo que será evidente sólo en algunos años más.

En la salud, sin duda las isapres tienen sus críticas, pero la urgencia no está ahí, sino con la atención pública, que es donde está la gran mayoría. Para el gobierno en cambio, por un lado hay que atacar a las isapres, y por el otro, las concesiones para la construcción de hospitales eran muy caras y lentas. La realidad era exactamente la opuesta. Resultado: no podrán cumplir con las promesas y se deteriora día a día la salud de los más pobres.

En la economía aseveraron que la reforma tributaria era pro crecimiento, cuando cualquier alumno de primer año de economía sabe que es al contrario. Iniciaron una campaña sistemática contra los empresarios, los poderosos de siempre. Eliminaron el FUT, la gran fuente de ahorro de las empresas, cuando lo que debieron hacer era regularlo mejor. En las pensiones sueñan con el sistema de reparto, pero recién ahora se dieron cuenta de que no era posible. Si el fisco no tiene recursos siquiera para pagar completamente las leyes sociales actuales, ¿ustedes creen que los tendría para pagar mejores jubilaciones con un sistema de reparto?

El gobierno cree que las empresas estarán mejor si aumenta unilateralmente el poder sindical y por fuerza de ley. Los sindicalizados (10% de los trabajadores) sin duda estarán mejor, pero caerán la productividad y el empleo. Todos lo saben, pero lo hacen igual. En el siglo XXI, la educación y la flexibilidad laboral son los caminos reales para el aumento del trabajo y los salarios reales.

El gobierno cree que la Constitución, luego de decenas de cambios realizados por ellos mismos, es maligna y debe ser reemplazada por una completamente nueva. No hay constitución perfecta, menos una hecha en nuestro país, pero curiosamente con esta Constitución quienes la quieren cambiar han gobernado 25 años, y fueron tremendamente exitosos para el país. Ahora se abrió una caja de Pandora, fuera del marco legal, y los resultados serán altamente ideologizados.

Para el gobierno, el tema de la Araucanía era delincuencia de la madera. Para Valdés, los empresarios son unos llorones que no quieren trabajar. Para la izquierda, no hay conflicto alguno en que el Estado sea juez y parte en todo. Se equivocaron al subestimar a Evo, que nos ha dado una paliza internacional y comunicacional. Se equivocaron al creer que la DC y el PC podían convivir en una misma coalición política. Se equivocaron al atacar a la oposición usando el aparato del Estado. Se equivocaron una y otra vez con el Transantiago.

Pero de todos los errores de diagnóstico de la Nueva Mayoría, sin duda el más grave de todos fue pensar que, a pesar de que Bachelet fue quien le entregó el poder a la derecha, sí podía dirigir adecuadamente un segundo gobierno y además con un equipo básicamente amateur como el G-90, y dejando al margen a los siete partidos (y entre ellos algunos ni se toleran). Lagos tenía razón.

Epílogo

La NM, con Bachelet a la cabeza, dejará un país peor al que recibieron: más desempleo, más pobreza, menos ahorro e inversión, mayor deuda pública, enorme déficit de infraestructura, polarización, más de 30 partidos políticos en un sistema presidencial que hará muy difícil gobernar, un sector público sobrecargado de personal y operadores políticos, la salud pública en crisis permanente, la educación rezagada quizá en 20 años, una crisis de credibilidad generalizada con polarización creciente, cierre de universidades.

Como dijo la presidenta, siempre puede ser peor. •••

Comparte este artículo:
  • Cargando

Síguenos en Facebook

x