Opinión

¿Puede evolucionar la evolución?

Lo primero es abrir la mente y evitar la negación: la nueva realidad llegó, nos guste o no. Las máquinas dejan de ser subordinadas y pasan a ser socias, y quizás hasta mayoritarias.

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Economista

2001

La trama

El siglo XX fue portentoso tanto en la ciencia y tecnología como también en las brutalidades de sus guerras y el impacto en el medioambiente. La riqueza generada fue descomunal, avanzaron la democracia y la globalización, como también las grandes desigualdades. El salto fue tan gigantesco que nos dejó en la puerta misma de la nueva realidad digital: el ciberespacio como la nueva gran frontera, que es el tenor central del siglo XXI. Hablamos de un posible salto evolutivo. Para Kurzweil, a partir de la inteligencia artificial, es lo que llama la singularidad, la fusión de la biología y la tecnología, que precede a una nueva gran mente tecnológica colectiva. Para Lipton, desde la biología, es la emergencia de la humanidad entera como un nuevo organismo, que también genera una nueva mente. Y esto se nos viene muy rápido; es cosa de décadas.

Incidentalmente, a modo de anécdota, entre los documentos privados de Newton, considerado el padre de la ciencia moderna, se ha descubierto que también era un alquimista. También un místico. Todo esto se reveló en sus notas privadas que fueron rematadas por Lord Keynes, el famoso economista. Entre sus cuadernos se encontró una predicción hecha por él en 1704 acerca del fin de mundo en el año 2060. En mi opinión, no es un apocalipsis destructivo en el sentido clásico. Es más bien, pienso, el salto evolutivo que se nos viene y que ya explican los grandes científicos.

Como país estamos muy atrasados en estos temas. No son siquiera parte de la agenda. A nuestros gobiernos les ha interesado bien poco el tema de la ciencia y la tecnología. No invertimos en las ideas que son la fuente última del valor. Mientras nos encaminamos a esta nueva realidad, hay diputados, que yo calificaría de delirantes, que están preocupados de prohibir los saleros en los restaurantes. También es delirante un gobierno que discute si debe eliminar o no un curso de filosofía en la malla de educación media, y cuyo objetivo es cerrar al menos 14 universidades por el solo expediente de ser privadas.

Las mega estructuras

Las tendencias que mueven este fenomenal proceso evolutivo tienen nombres como Internet de las Cosas, Web 3.0, multiversos, realidad aumentada, inteligencia artificial, bio y nanotecnología, biología sintética, epigenética, complejidad, neurociencias, ingeniería reversa del cerebro, computación cuántica, grafeno, impresoras biológicas, 4D y otras similares. Es la antesala de un salto en que la evolución misma evoluciona y que viene directamente de la ciencia y la tecnología. Negarlo es lo peor que podemos hacer, y debemos aceptar que las máquinas ya se ponen a la altura de los humanos, y seremos “socios” en el nuevo camino.

El cambio de paradigma

La ciencia está dando su propio salto evolutivo. No podría ser de otra manera. Esto viene de lo que hoy se llama e-sciences, o ciencia de datos, pero no es sólo una rama más de la ciencia.

Es lo que hoy se denomina el cuarto paradigma. El primero fue la experimentación, como el telescopio de Galileo. El segundo fue la teoría, como Newton y Einstein. El tercero fue la computación, los grandes cálculos y mediciones antes imposibles. Por ejemplo, hoy ya se conocen más de 12 trillones de dígitos de Pi, algo que supera la capacidad humana directa. Algo especial empieza a aparecer en esas nuevas miradas. El cuerpo humano tiene cien trillones de células que hacen un organismo colaborativo. El cerebro hace trillones de sinapsis. Los telescopios generan impresionantes cantidades de datos. Hay máquinas fenomenales como el colisionador de partículas dilucidando el origen del átomo. O también como el nuevo LIGO, capaz de escuchar las ondas gravitacionales predichas por Einstein, y con ello generar un lenguaje de sonidos a partir del cual reconstruir imágenes de realidad, eventualmente del propio big bang, lo que es imposible a través de la luz.

La ciencia partió explorando lo tangible y lo material. Se habló del átomo como el objeto esencial. Pero no lo era: había subpartículas que se fueron multiplicando y multiplicando. Finalmente, no había nada sólido propiamente tal. La famosa partícula de Higgs era más bien un campo universal. Ahora se habla de cuerdas a la escala de la constante de Planck. Incluso se habla de que los protones podrían ser hoyos negros que conectan todo con todo.

Mientras más se demore en entender qué es realmente el Big Data y lo que requiere en su organización, más atrasado está.

Así es cómo se abre una nueva manera de ver la “realidad”, cuya unidad básica ya no es el tan buscado átomo, sino el dato. El dato no es un objeto, es una relación, un mínimo patrón. La relación entre relaciones (o patrones entrelazados) genera información, o patrones un poco más abstractos. Y la relación entre informaciones y datos produce conocimiento, que es otro nivel de abstracción de patrones. El observador es parte inseparable de la realidad, lo que la ciencia trató de evitar por mucho tiempo en aras de la objetividad. Finalmente, aparece la semilla de una teoría del todo.

Hoy vaciamos cantidades inconmensurables de datos al gran contenedor digital de Internet. No sólo miles de millones de seres humanos los descargan en cada segundo, sino que las propias máquinas lo hacen de manera directa, que es la clave de la IoT (Internet de las cosas). Esto supera la capacidad humana personal. Entramos a una realidad de archivo total. Por ello, en forma paralela, la civilización ha podido enseñar a pensar a las máquinas. La inteligencia artificial no es ciencia ficción. Las máquinas ya saben leer, ver y reconocer imágenes, traducir, incluso escribir. Hablamos de deep learning machines, donde el cambio de paradigma es tremendo.

Se termina así la era de la programación de las máquinas en que nos considerábamos superiores a éstas. La lógica era que ingresábamos un programa a una máquina y ésta nos proporcionaba datos o información, o respuestas procesadas. Hoy, es justo al revés. Lo que ingresamos a la máquina son enormes cantidades de datos a sistemas de redes neuronales que generan programas o patrones que superan nuestra capacidad. No son teorías clásicas, son datos integrados, conectados, “realidad pura”. Amazon no necesita una teoría del consumidor, y le hace recomendaciones directas a cada cliente. La máquina le gana al mejor ajedrecista del mundo y el juego Jeopardy; y no lo hace con estadísticas. Lo hace aprendiendo.

La punta del iceberg es lo que hoy se llama big data. La mayor parte de las personas cree que es una nueva forma de aplicación derivada de la minería de datos o la analítica. Pero, como he señalado, es un nuevo paradigma de la ciencia. Hoy, estas redes neuronales pueden diagnosticar aún mejor que los médicos. Pueden conectar cosas que para un especialista sería imposible. Qué comía en la infancia, qué medicamentos tomó para otras enfermedades que tuvieron efectos en otras patologías, lugares en que ha estado, situaciones de estrés derivados de la vida cotidiana (como estar en Dicom), los genes, y así sigue analizando datos, sin límite... y por supuesto sumando los cientos de miles de casos tratados en el mundo, sus historias y sus resultados.

Y ahora qué

Lo primero es abrir la mente y evitar la negación tan propia de nuestra psicología. Esta realidad está aquí nos guste o no. O entramos en forma decidida o nos perdemos en la historia. Las máquinas dejan de ser subordinadas y pasan a ser socias, y quizás hasta mayoritarias.

Por de pronto es la base que debiera tener la discusión sobre educación, tema que al menos este gobierno ni siquiera vislumbra. Es la base de una política de ciencia y tecnología adecuada, clave para nuestro futuro. Es la próxima fuente de la segregación social, la nueva pobreza no material. Es la base de las políticas de digitalización de la sociedad. Es la clave de la globalización y la política exterior profunda. Es la posibilidad de una descentralización inteligente. Es la base de un mundo que funciona 7x24. Es una condición de sobrevivencia.

Es la gran clave en el manejo de las empresas y organizaciones. Por ello, mientras más se demore en entender qué es realmente el big data y lo que requiere en su organización, más atrasado está.

Es difícil esperar algo de la política en nuestro país para estos temas. Por ello, hay que empezar en forma personal. •••

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