Opinión

Robert Funk: “Los resultados de la CEP son una advertencia”

La encuesta revela un peligroso hastío de la población frente a los líderes tradicionales y sus propuestas. Lo que puede dar origen a candidatos como Trump.

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Los medios concluyen, a partir de la encuesta CEP, que a los chilenos les gustaría que Sebastián Piñera fuera el próximo presidente de Chile. Pero a pesar de encabezar la lista, el empresario recibe apenas un 14% de las preferencias. No es un resultado particularmente alentador. En parte el problema es que aun hay muchos posibles candidatos, por lo tanto las preferencias se reparten. Pero también, el énfasis puesto en Piñera refleja la típica, y más fácil, forma de leer las encuestas: el ranking. ¿Quién va liderando? El que tiene mayor porcentaje de apoyo. Obvio.

Pero no tanto. Es necesario mirar los otros gráficos, que dan cuenta de una situación más compleja.

Hay dos cambios recientes que llaman la atención. El primero es que por muchos meses, los chilenos tenían una mala evaluación de la economía y del futuro del país, pero eso se separaba de su situación personal, que se había mantenido estable. Desde 2012 existe cierto optimismo en esta materia: entre 39 y 41% consideraba que el país estaría mejor o mucho mejor el año que viene. Hoy por primera vez en mucho tiempo, los chilenos ven su situación personal empeorar, y el optimismo baja a 31%. Los que consideran que Chile está mal o muy mal económicamente son el doble de lo que fue al comienzo del gobierno de la Nueva Mayoría (48% vs 24% en 2014).

Un segundo cambio es que baja levemente el porcentaje de encuestados que dicen no apoyar a ningún sector político, y también bajan los que apoyan a la derecha. Sube la izquierda y los que no saben. Adicionalmente, la mayoría (62% en total) dice considerarse de centro o de ningún punto en el espectro político. No pareciera ser, precisamente, como un gran giro hacia Piñera.

Es muy difícil -y sería irresponsable- predecir liderazgos presidenciales a partir de las opciones indicadas en la encuesta CEP de agosto, no solamente por la falta de preferencias claras o la cantidad de candidatas y candidatos, sino – y más aún – por lo que la encuesta nos dice acerca de lo que Chile quiere. Y ¿qué quiere?

Queda claro que, a diferencia de sus partidos (por lo menos los que tienen representación parlamentaria) Chile sigue siendo un país centrista. También es evidente que la Nueva Mayoría no cambiará – Michelle Bachelet ha tomado una decisión de quemar sus cartuchos, avanzar con reformas que cree esenciales para el país, a pesar de que una mayoría (56%) hoy día las desaprueba. El país, en lo esencial, no se compra el discurso de que son las condiciones exógenas las que han determinado los malos resultados económicos.

¿Cómo leer la encuesta entonces? Es una advertencia. Estamos en una etapa decisiva, con una ciudadanía disconforme, con políticos deslegitimados, y con las soluciones que se han propuesto impopulares. La respuesta del gobierno no puede ser la misma de siempre – que hay que trabajar más, o comunicar mejor lo fantástico que son las reformas. Los chilenos evalúan peor que hace un año el desempeño de la Nueva Mayoría justo en aquellas áreas que las reformas debían mejorar – economía, educación, corrupción.

Cuando las políticas públicas fallan y los políticos no dan abasto, se cultiva un ambiente para los no-políticos y las no-políticas. Aquellos que en vez de proponer, prometen; en vez de conversar, culpan, y en vez de entregar, expresan rabia.

Otros países ya tienen sus versiones. Llámense Trump o como sea, no son el camino a seguir.

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