Opinión

Hillary/Bachelet, Trump/Parisi

Ninguna de las opciones que se disputan la presidencia de EE.UU. son buenas. ¿Cuál será el mal menor?

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Economista

Considero a los Estados Unidos casi como mi segundo país; me eduqué ahí en el posgrado, en una universidad pública de calidad, pagada, y bien administrada, donde no hay ninguna forma de cogobierno y las tomas son severamente castigadas. No tenía beca, así es que trabajé en diversas tareas, para muchos, menores pero nobles, desde limpiar mesas a ser chofer, cuidador de enfermos, en mudanzas y en limpieza de casas, y hasta como cocinero; todo eso, para pagar mis estudios, tal como hacen muchos estudiantes del país, y recibí muchas oportunidades.

Cuando estuve más pobre, viví en una combi todo un invierno. Hoy soy Ph.D. gracias al “sueño americano” que premió mi esfuerzo personal y mi respeto a sus leyes y costumbres. Admiro sinceramente a ese país, estoy agradecido. Por eso me interesa tanto lo que pasa ahí, y aunque entiendo muy poco de su política profunda, me quiero dar permiso para un comentario asociado a nuestra realidad nacional.

El camino que viene

Difícil se ve el panorama de EE.UU. con estos candidatos finales. Una tiene casi 60% de rechazo, el otro el 65%. Una es una antigua política profesional, de la elite dorada del establishment de Washington, experta en el discurso, la retórica, maestra del juego del poder. El otro es un empresario rudo, con un lado muy farandulero, y que desprecia a la política, los políticos, la burocracia. Ambos muestran ambiciones personales y ego inconmensurables. Ambos son populistas a su manera. Una promete lo que ya sabe no puede cumplir. El otro promete lo que ni él sabe que no puede cumplir. Ella es siempre la políticamente correcta. Él se sienta en todo y dice lo que se le ocurre cuando se le ocurre. Ambos grandilocuentes.

Una metáfora con Chile

Mi percepción metafórica, para asociarla a nuestra realidad, la veo como si la próxima elección de EE.UU. fuese entre una Bachelet y un FraFra-Parisi. Ella sabe hablar, pero es malita para hacer. Sus resultados hasta aquí son más de la obtención de altos rangos, de alta visibilidad y poder, pero muy pocos logros efectivos. Ofrece buenas explicaciones, no resultados. Buena para los eslóganes y mover emociones, mala para la gestión. Trump es políticamente más bien tosco, a veces burdo, incluso mal educado y sobreestima severamente su real capacidad de cumplir lo que promete. Ambos son buenos para las lucas y los negocios, ninguno de los dos es un gran pensador. Son, al final del día, verdaderas máquinas del poder, cada uno en su ámbito. Son los inspiradores simbólicos de la serie House of Cards.

En la visión general del país, Hillary/Michelle y Donald/Franco, tienen posiciones absolutamente opuestas. Para Trump, EE.UU. está peor que nunca, va al abismo y prácticamente hay que refundarlo. Los cambios estructurales ya. Para Hillary, en cambio, nunca ha estado mejor. Somos grandes porque somos buenos. Que siga el establishment de Washington; ellos saben lo que hacen. La verdad está justo al medio, por eso tienen un aire de tozudo voluntarismo que es muy nocivo para la política.

Los ataques personales

La agresividad entre ellos, que ya empezó en las primarias, durante la campaña directa probablemente va a superar todos los límites de la decencia política. Eso será devastador para el país porque generará mucha división y rabia. Al hacerse daño entre sí, harán daño a muchos. Trump la acusa de mentirosa, de ser un títere de intereses corporativos, de tener falta de criterio, de ocultar evidencia legal, enriquecimiento personal vía la política. La acusa de los peores desastres en su gestión de política exterior, etc. Ella, a su vez, lo acusa de estar pagado por el lobby de las armas, de ser un yo-yo inestable. Que no entiende nada de política exterior, ni de política. Criticó severamente su carácter. Dijo Hillary: este señor pica el anzuelo con un simple tuit y pierde el control, imagínenselo en el salón oval en una crisis real y con armas nucleares. Lo acusa de ser engañoso o hasta inescrupuloso en sus negocios. Y recién ahora parte la campaña entre ellos.

Los ofertones

Ella en su aceptación de la candidatura habló largamente de su propia historia y contó un cuento de hadas, como hija de una madre abandonada. También dio a entender que Trump le hacía bullying. Después hizo una poesía de sus atributos de carácter y sus logros. Finalmente, pasó a los ofertones. Literalmente prometió “más y mejores empleos”, aumento del salario mínimo, reducir la desigualdad, apoyo a todos los derechos del mundo gay, educación universitaria gratuita para la clase media y eliminación de las deudas estudiantiles, tal cual. Y prometió más salud pública, aumento de las inmigraciones, gran programa de obras públicas y lucha contra el cambio climático e igualdad de pago a las mujeres. Por cierto, todo, basado en la varita mágica de un severo aumento de impuestos a las grandes corporaciones abusadoras y las poderosas de siempre. Los peores canallas serán fuertemente castigados, es decir, los usureros financieros de Wall Street. Subiéndoles la tributación a ellos, todo el programa se financiará. Nunca se refirió al aumento espeluznante de la deuda que deja Obama. Tampoco se acordó de que la crisis del 2009 se genera por las muy malas políticas de construcción de su marido. Por supuesto, agregó de pasadita un cambio a la Constitución y bajar los precios de los jardines infantiles. Pareciera casi una copia literal del programa Bachelet, que ya sabemos los estragos que está causando.

Trump, en su discurso, prometió otras tantas cosas; pidió que confiaran en él, que sabía lo que hacía y lo haría sí o sí… porque es Trump. El renacimiento glorioso del imperio americano. Revisaría todos los tratados de libre comercio porque Estados Unidos ha sido engañado. Aumentaría decididamente la policía y las fuerzas armadas, los empoderaría como nunca, cuidaría a las mujeres, traería de vuelta a las empresas estadounidenses con sus empleos que están en el exterior. Levantaría un gran muro para los inmigrantes ilegales de México, pagado por México mismo, y congelaría toda inmigración desde países con presencia de terrorismo. Pondrá fin al “Obama Care”, disminución de poder de la agencia ambiental, eliminar exceso de regulaciones para los seguros de salud, grandes obras de infraestructura y disminuir drásticamente la deuda pública. Reducción de impuestos a la clase media. Finalmente, prometió que jamás tomaría vacaciones mientras fuera presidente.

Es interesante que las encuestas post convención señalaron que ambos mejoraron sus posiciones con los indecisos; Hillary un poco más que Trump. El estado real de la campaña lo sabremos a mediados de agosto, con la primera encuesta real. Podría haber sorpresas, la pelea será sin cuartel y con muchos eventos de baja probabilidad y alto impacto.

Epílogo

Me duele lo que creo que va a pasar en EE.UU. Una situación que la literatura llama decisiones trágicas, porque es entre dos malas opciones. El ala de Sanders va a presionar desmedidamente. Ella accederá. El Partido Republicano no logrará sostener todas las ideas de Trump, menos su personalismo excesivo. El nacionalismo proteccionista es una etapa casi superada de la política mundial, aunque el Brexit ha prendido una alarma. Los republicanos más exitosos, como Reagan, eran poderosos por los equipos que funcionaban atrás. Trump sería como si el Frafra-Parisi hubiese ganado. Hillary como Bachelet, por cierto en el contexto de EE.UU. Lo que hubiese pasado con el Frafra es pura especulación. Lo que está ocurriendo con Bachelet es evidencia. Pero las opciones no son buenas.

Entonces, ¿cuál será el mal menor? Por el mundo entero, ojalá yo esté muy equivocado. La historia tiene la palabra. •••

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