Opinión

Un país que se desarma

No estamos aún en la situación de Venezuela o de la UP, pero todo indica que la ruta de la coalición gobernante va en esa dirección.

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Economista.

En la propia opinión del actual gobierno, sus dos primeros años de su gestión han sido un éxito incuestionable. Dice haber reconstruido los cimientos y la obra gruesa de una nueva sociedad, mejor, más justa, más desarrollada, más amable. De paso fustiga severamente a sus adversarios porque, según dice, se oponen siempre a todos los cambios y quieren mantener las cosas como están. Lo que ocurre es exactamente lo contrario.

El gobierno omite en su discurso público dos elementos cruciales. Uno es que los cambios por sí mismos no son garantía de nada, especialmente sin un buen diagnóstico, el prolijo diseño técnico y la gestión adecuada. Los cambios a los que alude el gobierno en su obra gruesa son totalmente analógicos al Transantiago. Cuando se hacen cambios para quedar literalmente peor que al inicio, es mejor oponerse a tiempo a esos cambios. Lo segundo es la evidencia empírica, los porfiados números.

El marco general de referencia para entender lo que está ocurriendo en Chile es la idea utópica de una “sociedad de derechos”, estatizada, de amplia gratuidad, sin responsabilidades, sin premio ni reconocimiento al mérito y el esfuerzo. Un modelo que ha fracasado ahí donde se ha intentado. En suma, 25 años de progreso tirados por la borda en apenas dos años y en claro proceso de desarme.

La percepción de la población

Lo primero es ver las encuestas, que si bien tienen un fondo de subjetividad, son especialmente elocuentes en el tiempo mostrando las tendencias. El rechazo a la gestión del gobierno es simplemente apabullante. La última encuesta Adimark señala que el gobierno tiene un 80% de rechazo, y la presidenta, un 72% de desaprobación. Las mentadas reformas “estructurales” son ampliamente rechazadas. Un 70% del país dice no creerle a la mandataria acerca del caso Caval. El mismo rechazo ocurre con las coaliciones políticas y el Congreso. También está desacreditada la justicia. Un escenario de temer.

Si bien la policía tiene gran estimación del público, existe la percepción de que están atados de manos para combatir la delincuencia y la violencia de las manifestaciones. Al punto que, literalmente, se inhiben de ciertas acciones por el riesgo de ser penalizados ellos más que los delincuentes.

En otro ámbito, la campaña sistemática antiempresarial que han sostenido la Nueva Mayoría y el gobierno (que parte con la descalificación de “los poderosos de siempre”), unida a algunas malas prácticas de empresas, hacen que el sector privado esté también fuertemente cuestionado. En suma, hoy nadie le cree a nadie en nuestra sociedad, la crisis de liderazgos es extremadamente delicada. Eso parte por La Moneda.

Los números caprichosos

Los números son más objetivos y aportan la medición efectiva de lo que va ocurriendo. Por cierto admiten interpretación, pero siempre a partir de la evidencia. Los números muestran que la inversión se desmoronó, lo que es siempre una anticipación de un peor futuro económico. Chile logró llegar al entorno del 30% de inversión (sobre el PIB) y hoy está en el entorno del 20%. Es decir, ha caído en un tercio y para volver a un buen nivel debe recuperarse en un 50%. Técnicamente, eso significa que el crecimiento de largo plazo, por la vía de la inversión, podría ser alrededor del 1,5% al 2%. Pero también se ha desplomado la productividad, que cae en 1% al año, lo que nos deja en 1% potencial. Se debe sumar a ello el crecimiento de la población (recurso trabajo, que crece al 0,9%), pero ya sabemos que está aumentando el desempleo, así que el efecto es al revés.

A lo anterior debemos agregar un gasto excesivo del gobierno, que nos tiene con un déficit fiscal del 3,5% anual y creciendo, con la deuda pública aumentando, lo que nuevamente compromete el crecimiento futuro. En suma, la desigualdad en vez de disminuir como se prometió, de hecho va a crecer al igual que la pobreza. Hay que recordar que más allá del discurso retórico de la igualdad, en el primer gobierno de Bachelet la pobreza efectivamente subió por primera vez en 25 años y que entregó el país con enorme déficit fiscal, inflación y desempleo. Entonces, cuando por un lado caen la inversión y la productividad, y por el otro crecen el desempleo, el déficit fiscal y la deuda pública, el pronóstico es realmente sombrío.

Los números también nos dicen que la delincuencia ha aumentado severamente. En el gobierno de Piñera, a pesar de no haber cumplido la promesa de erradicar la criminalidad, la victimización cayó del 28,8% al 22,8%. En los últimos años, este indicador ha subido desde el 22,8% al 26,5%, es decir, cerca del 17%. Peor aún es la percepción y sensación de temor de la población, que en un 86% estima que ha habido un severo aumento de la delincuencia.

Los números tampoco son buenos en la salud pública, en las obras de infraestructura, la contaminación ambiental y congestión de las ciudades, la minería y sus proveedores, la investigación científica, ni los liceos públicos.

La política e instituciones

La política es fundamental para un país y es la base de la gobernabilidad. Lamentablemente, vamos de mal en peor. El guirigay es simplemente indescriptible. Las pugnas de los partidos y las descalificaciones entre políticos son de no creer. Ahora el choclo se empieza a desmembrar: figuras simbólicas y emblemáticas como Auth (PPD), Saffirio (DC) y Kast (UDI) se alejan de sus partidos con críticas contundentes. Revolución Democrática, favorecida por la Nueva Mayoría con su diputación y la entrega ideológica del Ministerio de Educación, se descuelga del gobierno con críticas muy duras, y en especial a la DC. En la Izquierda Autónoma expulsan a Boric (el fundador), que anuncia la creación de un nuevo partido. Velasco se alejó de la Nueva Mayoría, L. Pérez trató de desmembrar a RN, el presidente de la DC fue de hecho obligado a renunciar. Ossandón, que es precandidato presidencial, dice que renuncia a RN si no le dan garantías. Para qué vamos a mencionar el desfile de políticos por los tribunales. El PPD ahora es cuestionado por su financiamiento nada menos que con el yerno de Pinochet. Chain declara que la Nueva Mayoría se acabó.

Ahora empieza una guerra santa del gobierno contra los medios, iniciada con una querella personal de Bachelet, una improvisación y error de proporciones, lo que será un boomerang doloroso.

Los funcionarios públicos hacen huelgas ilegales, incluso los gendarmes. El SII fue intervenido políticamente y se usa para atacar a los adversarios. La salud pública está en crisis permanente. La educación ha sido completamente desestabilizada por un manejo cambiante, ideologizado e improvisado, al punto de llegar a usar un resquicio como la glosa presupuestaria para la gratuidad. En este momento hay una veintena de colegios y universidades paralizados. Los estudiantes han amenazado con hacer ingobernable al país, mostrando que ni siquiera tienen ideas interesantes.

El transporte público hace agua por los cuatro costados y desangra financieramente al fisco. El gobierno quiere hacer una reforma laboral que no es tal, sino una ley hecha para aumentar unilateralmente el poder de una agrupación sindical altamente ideologizada que no representa más del 10% de los trabajadores. Ahora empieza una guerra santa del gobierno contra los medios, iniciada con una querella personal de Bachelet, una improvisación y error de proporciones, lo que será un boomerang doloroso.
En medio de toda esta compleja situación nacional, el gobierno lanza un proceso de cambio de la Constitución con un procedimiento que parece un tongo, voluntarista, ideologizado y, por cierto, improvisado como siempre.

Epílogo

En dos años de este gobierno, la retroexcavadora ha empezado el desarme del país. La economía planea a la baja, el tejido social se debilita, las instituciones no funcionan adecuadamente, la polarización aumenta de modo alarmante.
Un gran cambio de timón podría hacernos volver al camino adecuado de los grandes acuerdos y del desarrollo, pero no será fácil. Los cimientos ya están siendo afectados y los ánimos muy caldeados. •••

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