Opinión

Contradicción vital

El ministro Burgos prefiere que tengamos miedo a que participemos. Poco se le ha visto preocupado de los temas constitucionales y demasiado defendiendo el cómo y por qué quitarnos el derecho a circular.

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Escritor

El afán por restringir las libertades individuales que ha caracterizado a los gobiernos de Bachelet mostró su real dimensión represora al insistir en la ley de “Detención Preventiva”. ¿Qué hay tras esta pulsión por controlar más allá de lo advertido por organismos internacionales y expertos en el tema? ¿Qué obliga al ministro Burgos a subrayar el poder de Carabineros, al extremo de permitir que ellos sean dueños de la verdad más allá de las evidencias y procesos?

Entre los argumentos que ha esgrimido el ministro del Interior está la popularidad en las encuestas que tiene esta medida. Vale la pena recordar que la pena de muerte también tiene una inmensa popularidad, así como la castración de pedófilos y otras formas inútiles de satisfacer la sed por vengar ciertos delitos.

Quizás lo que en verdad muestra esta medida es el populismo que corre por la sangre de Burgos y que está siendo avalado por una parte de la Nueva Mayoría. ¿Qué diría Edgardo Boeninger ante una medida de esta índole? ¿Acaso no fue él un liberal que supo oponerse a las iniciativas que transgredían la vida privada?

Burgos no está solo en esta cruzada por la coacción. Con él está el diputado Harboe. Ambos fueron subsecretarios del Interior y, al parecer, ambos han pasado por alto los informes de Derechos Humanos, en los que se da cuenta de innumerables apremios de Carabineros contra ciudadanos, en particular contra hombres y mujeres que viven en sectores marginales o que gozan de una condición vulnerable. El personal de Carabineros, desde que comenzó la democracia, ha cometido atropellos evidentes e injustificables. Discriminan y no controlan la fuerza ni la prepotencia. A muchos nos da miedo “el amigo en su camino”, ya que hemos sido víctimas de ellos o los hemos visto cometiendo injusticias. Muchos de estos abusos son grabados y circulan por la red. Están los muertos por balas locas, los niños mapuches que en el sur han sido tratados con vejaciones, baleados por la espalda, como Matías Catrileo, y otros hechos de esa tesitura. Todo indica que Carabineros no es una fuerza preparada para adoptar el poder que la ley de “Detención Preventiva” les da. Es más, los están utilizando para ganar unos puntos en las encuestas.

Joaquín Edwards Bello recordaba en una crónica cómo los chilenos solemos aminorar la gravedad de ciertos hechos ocupando palabras menos intensas. Se refería a ese gusto por el eufemismo que practicamos a diario. Ese gesto que consiste en denominar al que consideramos inferior con un nombre distinto para maquillar el desprecio. También se ocupa para suavizar lo que es despiadado. Esto último se nota en el hecho de cambiar el nombre de la antigua “detención por sospecha” por la actual “detención preventiva”. A fin de cuentas, son más o menos lo mismo, ya que dejan a las personas a merced de la policía, sin capacidad alguna de evitar un abuso. La seguridad ciudadana es algo harto más complejo que como se está enfrentando en un país donde, por lo demás, no hay terrorismo y tampoco existe una dictadura.

Lo más contradictorio es que esta medida se opone al llamado a participar que la presidenta Bachelet despliega para lograr una nueva Constitución. Quieren que participemos en cimentar un nuevo marco legal porque éste no sirve. Pero, a la vez, desconfían tanto de los que votamos que los obligamos a andar identificados. Esa contradicción –una contradicción vital– permite inferir que el ministro Burgos, en realidad prefiere que tengamos miedo a que participemos. Poco se le ha visto preocupado de los temas constitucionales y demasiado defendiendo el cómo y por qué quitarnos el derecho a circular. Incuso, sin medir las consecuencias que puede tener esta ley en los votantes de la Nueva Mayoría. •••

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