Opinión

Consejos a La Moneda

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Economista

Mirando cifras concretas y las encuestas de opinión, el balance de los dos primeros años de Bachelet es bastante malo. La polarización ha aumentado de manera exponencial, la economía está apagada sin visos de mejora. Se suma a la mala gestión el tremendo golpe del precio del cobre. La ineptitud está ejemplificada en temas como la reforma tributaria, que debió ser reformada antes de iniciarse, y que aún es ampliamente cuestionada. También en el enorme déficit público y el tremendo endeudamiento del Estado en el que estamos embarcados.

A su vez, el órgano político de la sociedad está desprestigiado como en los peores momentos de la historia. Hay problemas serios en salud pública y seguridad. La educación atraviesa uno de los peores períodos de incertidumbre, debido a las excesivas improvisaciones del gobierno. Se agrega el desprestigio del empresariado por los temas de colusión y financiamiento de la política, a la par del escándalo Caval, que ha mostrado una veta que huele muy mal. En síntesis, un escenario muy complejo y poco auspiciador.

Las inercias de la agenda

Hay cosas que son inevitables porque pertenecen a la estructura de la gestión de la sociedad. Algunas son esporádicas, y otras simplemente ocurren como eventos. Entre las primeras, por ejemplo, está el discurso del 21 de mayo y las elecciones municipales cada cuatro años. En la segunda categoría, aparecen los desastres naturales, las huelgas, los escándalo o los triunfos o derrotas deportivas y otras de ese tipo.
En ese marco tenemos algunos acontecimientos claves para el 2016. Con seguridad habrá mucho movimiento estudiantil, manifestaciones y paros. Habrá serios problemas derivados de la improvisada implementación de la gratuidad en educación superior. Empieza también el ajuste de los colegios subvencionados que traerá sus propias sorpresas. En septiembre, el gobierno deberá sincerar sus pronósticos para 2017, otro año de elecciones. Por ese motivo, los precandidatos presidenciales dominarán la pauta y serán especialmente críticos con La Moneda.

Pero hay otra enorme gama de temas que aparecen como resultado de la acción misma de los actores nacionales.

De la gestión

En una planificación estratégica, todos los temas anteriores se integran en la línea de tiempo del plan de trabajo, para estimar prioridades y cuántos grados de libertad tiene el gobierno para moverse e innovar. Si éste ya está saturado con los problemas actuales, seguir introduciendo nuevos proyectos “estructurales” les obliga necesariamente a desviar energía de los que ya están en curso. Por ejemplo, si la economía está a la baja, tiene poco sentido pensar en nuevos proyectos que aumentan el gasto. Más bien hay que pensar en parar ciertas iniciativas. Sería algo así como el “realismo sin renuncia”, pero del cual sólo ha sobrevivido el “sin renuncia” porque de “realismo” no hemos visto nada.

Lo primero es tratar de evitar que la coalición oficialista se quiebre, cosa que en mi opinión tiene muy alta probabilidad de ocurrir este mismo año.

Veamos un poco los temas que están pendientes por parte del gobierno. La educación está en un torbellino que requiere máxima dedicación sólo para tratar de hacer las cosas que se han iniciado. La salud pública está con una crisis de gestión enorme, las inversiones paralizadas en los hechos. Las isapres con una incertidumbre sin precedentes, por un lado esperando la iniciativa gubernamental de un cambio de proporciones, y por otro, desangrándose con una práctica judicial muy nociva que amenaza con liquidarlas en menos de dos años. El transporte público ampliamente cuestionado. La Araucanía es una papa caliente. La inversión se ha desplomado, la productividad a la baja y el desempleo al alza. El país está en medio de una reforma sindical mayor, muy debatida. La banca se contrae preparándose para un período difícil, lo que es una profecía autocumplida. Estamos en un conflicto serio con Bolivia que quita demasiada energía nacional. Codelco forzada a medidas drásticas por el precio del cobre. TVN en una crisis aguda.

Sólo los temas anteriores obligan al gobierno a refocalizarse. No obstante ello, se anuncian nuevas iniciativas. Por ejemplo el inicio del proceso constitucional, la ley de partidos políticos, la nueva faceta de ENAP en producción de energía, una nueva AFP estatal, 15 centros de formación técnica, dos nuevas universidades estatales, nuevas políticas de restricción de autos y motos, nuevos ministerios, un canal cultural, ley de aborto. Como si fuera poco, quieren agregar la desmunicipalización de los colegios y una nueva ley de educación superior para la gratuidad. También la despenalización de la marihuana. En forma paralela, se nos vienen quizás unos cinco nuevos partidos políticos que empezarán a tratar de ganarse sus espacios, probablemente con amplia crítica al gobierno. Demasiados frentes, por ende, necesariamente mal resueltos todos. Muchas cosas, ninguna bien hecha.

Lo probable es que el gobierno, ante la desesperación por sus malos resultados en las encuestas, quiera avanzar aún más, entrando en una situación difícil de describir.

Lo fundamental

Si yo fuese asesor de La Moneda, aconsejaría focalizarse en muy pocas cosas, pero relevantes, para los dos años que vienen.

Lo primero es tratar de evitar que la coalición oficialista se quiebre, cosa que en mi opinión tiene muy alta probabilidad de ocurrir este mismo año. De suceder, el gobierno queda completamente castrado y la crisis política se agudizaría. Para evitarlo, se requiere de un ejercicio muy activo de liderazgo político, que hasta aquí nunca ha sido ejercido por Bachelet y, por ende, no sabemos si puede hacerlo. Parte de esto tiene que ver con las precandidaturas presidenciales de su propio sector, que le pueden resultar muy dañinas. Las elecciones municipales son una gran oportunidad y la tentación de intervención electoral es demasiado grande. Por el desprestigio actual de la política, recomiendo no hacerlo.

Lo segundo es tratar de reactivar la economía para evitar el aumento desmedido del desempleo que traería gran descontento social. Para ello, la actual administración debe llegar a un acuerdo profundo con el empresariado en relación a ciertas reglas del juego. Para hacer eso, debe correrse hacia el centro, lo que genera un quiebre de la Nueva Mayoría, lo que conspira con el punto anterior. Lo mismo ocurre si se queda en la izquierda. Lo anterior debe ir acompañado con un control efectivo del gasto público y retorno a los equilibrios fiscales conocidos por 30 años.

Lo tercero es tratar que los estropicios de las reformas educacionales ya realizadas no le exploten políticamente al gobierno, cosa que probablemente ocurrirá. Para ello, se requiere colaboración más que ataque a la educación privada. No estaría de más iniciar alguna vez la discusión de la calidad.

Lo cuarto sería dar un golpe a la cátedra en la gestión y progreso de la salud pública. Para ello, debe estabilizar a la salud privada, buscar diversos modos de colaboración para un mejor servicio a la población. También significa retomar la iniciativa en proyectos abandonados y reforzar los en curso.

Quinto es hacer una gran campaña real contra la delincuencia. Es decir, lograr subir la sensación de seguridad.

Sexto, mas como símbolo, abriría en gloria y majestad el Ministerio de Ciencias, otorgaría un financiamiento adecuado y empezaría a hablar del futuro real del país con el apoyo de nuestros intelectuales.

Si sólo lograra avanzar en estos seis temas, el gobierno recuperaría algo del apoyo perdido y el país se pondría en marcha nuevamente. Es lo que realmente propongo y deseo, pero reconozco que es muy poco probable que ocurra. Más bien, creo que el gobierno seguirá en el mismo curso fallido de sus primeros dos años y la crisis será de proporciones. El resultado será como ha sido anticipado desde un importante grupo de políticos de la propia coalición de gobierno: progresismo sin progreso.

Por el bien del país, espero que se cumplan mis deseos y no mis proyecciones. •••

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