Opinión

CEP: el oráculo nacional

La encuesta del centro de estudios da una grave alerta sobre el populismo que avanza en el país.

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Economista

El famoso oráculo de Delfos tenía siempre un consejo fundamental: conócete a ti mismo. Es la gran clave. Y como país, ¿nos conocemos acaso? La encuesta CEP, cada seis meses hace una radiografía de quiénes somos. La mirada rápida de la población sólo busca el sensor que mide el apoyo/rechazo del Gobierno y los candidatos presidenciales. Pero hay mucho más de eso que vale la pena revisar, y así sacar algunas posibles predicciones para el futuro.

¿Coincide la agenda del Gobierno con el interés de la población?

Lo primero que resulta interesante es identificar los problemas que le preocupan realmente a la ciudadanía y compararlos con las acciones del Gobierno. Los derechos humanos, la Constitución, el medioambiente e incluso la desigualdad aparecen muy lejos de las prioridades de las personas. Esto indica que La Moneda tiene un error de diagnóstico de proporciones. Nunca ha escuchado realmente a la “gente”, y la agenda es sólo parte de un ideario político muy ideologizado. Es un serio golpe al espíritu de la democracia porque demuestra que no gobierna el pueblo.

¿Entiende el país lo que está ocurriendo?

Según la encuesta, un 88% a veces o nunca lee sobre política, no conversa en familia ni amigos sobre el tema, ni mira programas de televisióna al respecto. Obviamente somos una población que no se informa, y que no lee. Esto significa que nos movemos sobre la base de eslóganes orientados a mover emociones. Así se van instalando nuevos dogmas en la cultura, y se generan caricaturas de la realidad que conducen a grandes errores políticos. El tema del lucro nunca ha recibido un análisis serio, hoy es asociado con codicia (y no es lo mismo), lo que redunda en graves errores en las políticas de educación. La desigualdad es otro dogma sin análisis contundente. Todo esto lleva a fluctuaciones muy serias de la opinión pública, ya que no es racional sino emocional, y las emociones son fluctuantes. Bachelet ha pasado del amor al odio en muy poco tiempo. De tener grandes atributos para gobernar, hoy ya no los tiene. Eso no tiene lógica. Todo es producto sólo de nuestra falta de preparación. Por eso mismo, iniciar un proceso de cambio de constitución, peor aún basado en cabildos populares, es un tema de las elites ideologizadas que tiene muy mal pronóstico en una población de estas características.

¿Qué ocurre con los líderes?

Otro fenómeno interesante es el enorme desprestigio de la política y especiamente de las dos grandes coaliciones. La alianza apenas logra 10% de apoyo, y la Nueva Mayoría un 13%. No obstante, son estas agrupaciones las que gobiernan y cometen serios errores siguiendo sus propios intereses, no los de la población. Aumentar en un tercio el Congreso es sólo relevante para la clase política y para defender la posición de los incumbentes. Lo mismo ocurrió con la reducción del período presidencial a cuatro años, un error de proporciones, o el voto voluntario, en que ocurrió exactamente lo contrario a lo que predijeron. Somos un pais que improvisa, y este gobierno es el ejemplo indiscutido de ello.

Quizás lo más dramático de esta encuesta es mostrar la crisis aguda de liderazgo en la política, algo fundamental para el éxito de los países. Una manera de entender esto es a través de la evaluación positiva y negativa de los líderes. Es interesante hacer una comparación usando la misma encuesta del año 2008 y la última. Hace siete años, el promedio de evaluación negativa era del 28%, mientras que el 2015, el mismo promedio era del 40%. Es decir, la percepción negativa de los líderes políticos empeoró significativamente. A su vez, la percepción positiva tenía un promedio del 28% en el 2008 y del 25% el 2015, mostrando nuevamente el deterioro del liderazgo.

El 2008, el líder mejor evaluado era Bachelet, con un 55% de aprobación (hoy tiene 33%), y en esta encuesta el mejor evaluado, es Giorgio Jackson, con un 44%, un fenómeno muy interesante. Si tomamos los 10 mejor evaluados de cada período, el 2008 promediaban 41%, mientras que ahora sólo alcanzan al 35%, lo que no es menor si consideramos que son los mejores de los mejores.

¿Qué tipo de soluciones espera la gente?

Otros datos interesantes muestran que la mayoría de la población no espera que el Estado le resuelva sus problemas sino que sólo entregue las oportunidades, especialmente en educación de calidad. Curiosamente, el Gobierno está empeñado ciegamente en la gratuidad, lo que terminará en gratis y malo, lo que es doblemente malo. Así será.

La encuesta señala que la mayoría cree que somos un país muy flojo y alcohólico. El Gobierno, en su ideologizada reforma “sindical”, quiere que sigamos trabajando como chilenos pero ganemos como alemanes. Es el modelo populista. El resultado predecible de ello es nefasto. Finalmente, los salarios reflejan productividad, y ésta es demasiado baja en nuestro pais.

De la misma manera, la población quiere mejorar sus competencias mucho más que recibir bonos, que por cierto no va a rechazar, y es exactamente lo opuesto a lo que hace Bachelet; el camino populista nuevamente. Pan para hoy, hambre para mañana. De esa manera se van fundiendo las economías. Más aún, la encuesta favorece ampliamente la idea de apoyar el esfuerzo y el mérito más que la igualdad por decreto. Lo opuesto al voluntarismo ideológico del Gobierno. En forma mayoritaria, la población sugiere gratuidad para los más pobres y no universal. Otra vez La Moneda confunde su ideología con los intereses de la población a quien se supone representa.

Asimismo, los resultados del CEP señalan como la principal causa de desigualdad las oportunidades de trabajo y las malas políticas económicas. Un gobierno cuyo lema central es la igualdad, falla en las dos premisas fundamentales. El oráculo lo señala, pero el Gobierno no escucha.

La alerta principal

Otro dato interesante es el salto abrupto, del 17% al 32%, que opina que la democracia está fallando. Hay varias lecturas de esta situación. La primera es que la población de alguna manera reclama que no está siendo escuchada. La segunda es que el sistema no está proveyendo los bienes públicos y privados que la ciudadanía espera. La democracia no es un fin en sí mismo. Es una manera de organizarse para las metas antes mencionadas. Si ello no da los resultados esperados, es evidente que el curso de la historia buscará otra forma de organizarse. El drama es que en el largo plazo, por ahora no hay otra mejor, y por eso poner en jaque la democracia tiene un costo muy alto que la izquierda nunca ha apreciado en su real magnitud. Los sistemas de izquierda mas emblemáticos del mundo no son democráticos (URSS, China, Cuba, Corea del Norte).

La encuesta señala que un 75% de la población desearía que los políticos tomen en cuenta las opiniones de los ciudadanos antes de tomar decisiones. Es evidente que ello no está ocurriendo.

Y ¿qué nota le ponen a la gestión del Gobierno en las áreas de empleo, educación, crecimiento, transporte, inflación, salud, delincuencia y corrupción? Un decepcionante promedio de 3, con nota máxima de 3.3, y mínima de 2.4. Es decir, reprueba en todas las materia y no le alcanza el promedio para ir a la educación superior.

En síntesis, el oráculo nos dice al menos tres cosas fundamentales:

1. Somos un país muy desinformado porque no nos interesa hacerlo y donde el Gobierno no está dedicado a los problemas que les importan a las personas, sino a la clase política en sí misma. Es decir, somos un país ideologizado.

2. Esa misma clase política está totalmente desacreditada y sus liderazgos ampliamente cuestionados, lo que nos pone en un callejón sin salida, ya que los países requieren soluciones políticas. Nuestro órgano político está enfermo y podría ser terminal. El peso de la prueba lo tiene en Chile el ejecutivo que detenta un exceso de poder. Da la impresión de que el responsable de la situación actual es el propio gobierno sobreideologizado e improvisador y, por ende, no hay salida clara.

3. La encuesta da una voz de alerta en la percepción ciudadana de que la democracia no está funcionando bien, lo que es coherente con todo lo anterior, y es lo más delicado.
La síntesis es clara: el populismo viene en camino, evítenlo a como dé lugar. Ojalá el Gobierno sepa leer los números. •••

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  • Sócrates

    Interesante comentario, tiene verdades pero a medias.. Una de ellas tiene que ver por qué la gente está desencantada de todo lo político. Por el alto costo de la vida y los bajos sueldos. Hoy,estudiar es un negocio, la salud es un negocio, el transitar es un negocio, el aparcar en una playa es un negocio, Todo se paga y el sueldo no alcanza. Chile de hoy es un reflejo de las políticas implementadas hace más de 20 años. El Estado no cuida a sus ciudadanos, los esquilma. Chile, siendo un país rico en recursos naturales¿Cómo es posible, de una población trabajadora formal de no más de 8 o 10 millones, este país tenga cesantía y un alto porcentaje de trabajadores con sueldos bajos ?

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