Opinión

¿Puede cambiar la realidad?

En los próximos 30 años estaremos percibiendo la vida de una manera enteramente diferente a la de hoy. Y mientras tanto, en Chile seguimos anclados al siglo pasado.

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Economista

La ciencia desde sus orígenes ha soñado con la objetividad, y ése es el dominio del que se ocupa; todo aquello que es racional, lógico, demostrable, capaz de predecir resultados. Lamentablemente, es un hacer propiamente humano y, por ende, es imposible separar el objeto del sujeto.

Siempre habrá subjetividad en la apreciación de la realidad. Precisamente por ello es que efectivamente ésta cambia, desde la perspectiva humana. La ciencia entonces no es la realidad, sino sólo una manera de relacionarse con ella. Las teorías son sólo mapas; no son el territorio.

Sin embargo, la importancia de la ciencia en los últimos siglos ha sido tan preponderante, que hoy la gente “cree” que la ciencia es casi en sí misma la realidad, que las cosas “son” así, que hay leyes permanentes. De hecho, la ciencia hoy se enseña casi de la misma manera que las religiones. Los profesores hablan por ejemplo del origen del universo y el big bang como si fuesen verdades reveladas, a pesar de ser sólo teorías. La misma ciencia va cambiando sus paradigmas y, de esa manera, nuestra percepción y experiencia.

Millones de seres humanos nacieron y murieron en un mundo plano, hoy lo creemos redondo. Miles de millones de personas creen que el átomo es material y es lo más pequeño, y ya sabemos que no es ninguna de las dos cosas. La gran mayoría cree que la inteligencia de la célula está en el núcleo, en los genes, y hoy se sabe que es más bien la membrana y el citoesqueleto. Alguna vez pensamos que la Tierra era el centro del universo y que éste era estático. Hoy sabemos (creemos) que se expande, e incluso hablamos de una materia y energía oscuras que equivalen al 95% del universo. Durante siglos creímos que la materia y la energía eran cosas diferentes, tal como lo pensábamos en relación al tiempo y el espacio, un paradigma destruido por las teorías de la relatividad, a su vez hoy superada en muchos aspectos. Hoy, la mayoría del mundo cree en el uni-verso, pero los científicos empiezan a hablar de multiversos. Todo esto sin siquiera hablar de la nueva realidad digital y virtual a la que nos movemos aceleradamente.

También suponíamos que el espacio entre las cosas estaba vacío, y no es así. Durante mucho tiempo creímos que el cerebro y la mente eran lo mismo, hoy ya sabemos que no lo son. También pensábamos que la conciencia dominaba nuestro comportamiento, y en realidad el 95% de las cosas que hacemos pertenecen al dominio de lo inconsciente. Ya no creemos que los continentes sean inamovibles, ni en los canales de Marte, ni que la gravedad sea una fuerza a la distancia, sino que es más bien una curvatura del espacio. Hoy entendemos que el lenguaje y el idioma no son lo mismo, y tampoco creemos en la constante cosmológica de Einstein. En fin, nuestra experiencia de la realidad ha cambiado a la par que las teorías de la ciencia y, por cierto, de las creencias espirituales.

 

Rupert Sheldrake

Este destacado científico ganó fama mundial con sus teorías de la resonancia mórfica. El típico ejemplo de los monos de una isla que aprendían una habilidad, y cuando llegaban a una masa crítica, otros monos de otras islas empezaban a repetir el mismo comportamiento. Una teoría con evidencia empírica que nos obliga a repreguntarnos una enorme cantidad de cosas. Estas ideas tienen alguna relación con las teorías de Bohm en cuántica, acerca de los órdenes implicados, subyacentes, en alguna forma de realidad paralela y sincrónica en que forman la materia.

Sheldrake publicó el año 2012 su libro Science set free, donde presenta 10 creencias centrales de la ciencia moderna, que con alta probabilidad van a cambiar en los próximos años. Si ello es así, nuestra percepción y relación con la realidad se transformará de manera muy dramática. Veamos algunas de estas creencias o quizás verdaderos dogmas de la ciencia moderna.

El apoyo a la ciencia y la tecnología es una obligación clave de cualquier estado que aspire al desarrollo en estos tiempos.

El primero es herencia del paradigma de Newton (donde aún se acomoda la gran mayoría de la humanidad), y es pensar que el universo es una especie de gran reloj mecánico. Un mundo preciso, exacto, dominado por el mecanismo causa-efecto. Es difícil pensar en la idea de máquina, sin pensar en un diseñador de ésta. Hoy, la ciencia empieza a ver el universo como una entidad viva, sincrónica, fractal y holográfica.

Tenemos también la creencia de ser insignificantes para el magnífico universo. Pero quizás somos más importantes de lo que creemos. Carl Sagan sostuvo alguna vez que la humanidad era la manera del universo de poder verse a sí mismo. La física cuántica, las teorías de cuerdas, el desafío a la velocidad absoluta de la luz, empiezan a hablar del campo unificado y de universos paralelos, del viaje a través del tiempo, y comienzan a cambiar nuestra percepción del universo que vivimos.

El segundo dogma, según Sheldrake, es que hay un abismo insalvable entre la materia y la vida. Es decir, que la materia es absolutamente inconsciente. Hoy, ese paradigma empieza a ser cuestionado. Las teorías de Prigogine (Order out of chaos) desafían la segunda ley de termodinámica en que la entropía no siempre ocurre de manera indefinida, sino que a partir de un cierto nivel de desorganización o entropía: el sistema se empieza a organizar espontáneamente, es decir, es negentrópico.

Otro dogma central es creer que las leyes de la naturaleza son fijas y permanentes. Esto es, son las mismas hoy, como lo fueron al comienzo y lo serán al final. En un universo que apenas conocemos, que evoluciona, que aparentemente surgió de la nada (algo que nadie es capaz de explicar aún), lo probable es que esta creencia sea desafiada en el tiempo.

También es parte del sistema de creencias de la ciencia la idea de que la naturaleza no tiene propósito, y que la evolución no posee una dirección especial. Aquí se cruzan creencias espirituales y científicas, en un debate que no necesariamente va a ganar la pura racionalidad.

Una creencia en cuestionamiento es nuestra determinación genética. Sabemos que hay herencias biológicas no genéticas de programas instalados en generaciones anteriores, y la epigenética muestra que los archivos genéticos no se activan por sí mismos sino desde el ambiente, y que los mismos genes pueden ser activados de maneras diferentes. Tenemos 150.000 proteínas que fabrican los genes, pero sólo 23.000 genes. 95% del ADN no se sabe qué es lo que hace y se le llama “junk DNA”.

Quiero decir con esto que a pesar del increíble avance del conocimiento, las preguntas crecen más rápido que las respuestas. Es mucho más lo que no sabemos que lo que sabemos. Por eso, los dogmas o creencias científicas van a cambiar y con ello nuestras ideas de la realidad.

Incluso están variando ideas como que las memorias están exclusivamente archivadas en el cerebro y desaparecen con la muerte, que los fenómenos llamados paranormales son meras ilusiones, o que la medicina que trata al cuerpo como una máquina es la única verdadera.

La ciencia y la tecnología son los pilares de la sociedad actual y más aún de todo lo que viene. Sólo intento señalar que la ciencia es el camino de la razón, pero el ser humano es inmensamente más complejo que la mera mente. Existen el amor, la poesía, la magia, el arte, la cultura, las emociones, la belleza, el mal, la experiencia espiritual y tantas otras cosas. Reducir nuestra experiencia a lo puramente racional es un camino ciego. La experiencia humana incluye todo lo anterior, para lo cual la razón es necesaria pero limitada.

Lo único cierto tal vez es que la ciencia cambiará sus propios paradigmas siguiendo la estructura de las revoluciones científicas descritas por Kuhn. Ello nos lleva al enorme desafío de la educación en el siglo XXI. Éstos son los temas de fondo que deben entrar a la educación, que requiere diversidad como elemento esencial de la calidad. El decidido apoyo a la ciencia y la tecnología es una obligación clave de cualquier estado que aspire al desarrollo en estos tiempos, y estos debates deben abrirse en vez de cerrarse como dogmas.

De estas cosas en nuestro país casi no se habla, seguimos ahogados por ideologías antiguas que tratan de invadir todos los ámbitos de la sociedad, que hacen caricaturas (simplificaciones absurdas de la realidad) y que por ende tratan de resolver problemas que simplemente ya no existen. •••

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