Opinión

Ni idea

La reacción a los atentados en Francia muestra que derecha e izquierda se mantienen aferradas a percepciones obsoletas. Lamentablemente, lo mismo se observa en la discusión de políticas públicas.

-

Doctor en Ciencia Política, director ejecutivo de Plural

La tragedia parisina ha traído a la superficie los peores prejuicios. Mientras Donald Trump ha sugerido que los musulmanes en EE.UU. debieran registrarse en una base de datos, en Polonia una protesta antiinmigrante terminó con la quema de un muñeco que caricaturizaba a un judío. Pero no sólo en la derecha se observa este fenómeno: muchos progresistas europeos parecen encerrados en percepciones superadas por la historia, incapaces de adaptarse a las nuevas realidades.

Su respuesta instintiva es apegarse a los ideales de una Europa unida y con fronteras abiertas. Muy noble, pero al ignorar las preocupaciones de una población que se siente atacada y amenazada, deja abierta la cancha para populistas y xenófobos. Es así como vemos que los partidos tradicionales, aquí y en la quebrada del ají, sufren de una aguda sequía de nuevas ideas.

Para Jeremy Corbyn, líder del laborismo británico, los ataques en París se explican por la participación del Reino Unido en Irak, mientras que la ministra de Relaciones Exteriores sueca, Margot Wallstrom, culpa al tratamiento de los palestinos por parte de Israel.

Curiosamente, la declaración de ISIS fue explícita en delinear otras motivaciones: el rechazo al estilo de vida occidental y el deseo de conquistar Europa en nombre del nuevo califato. Pero no importa, el mundo según Corbyn y Wallstrom se encaja cómodamente en una ideología que lo explica todo. No hay necesidad de nuevos datos, hechos o argumentos.

Lejos del conflicto con ISIS, en Chile la falta de ideas innovadoras en los partidos se expresa en otras áreas. Por ejemplo: ni Sebastián Piñera ni el actual Gobierno han propuesto reformas importantes para promover el crecimiento o la productividad. Dado que el precio del cobre se acerca al valor de producción, ¿qué estrategia industrial propone un gobierno que, por tradición histórica, podría tener más sensibilidad para pensar en una política alternativa?

Ni hablar de los planteamientos que se discuten en el tema educacional. ¿Qué ideas realmente nuevas han aparecido? ¿Se está innovando en las aulas? ¿Se están acortando carreras, ajustándolas a estándares internacionales? ¿Se está mirando los rankings de las mejores universidades del mundo para evaluar sus modelos de gobernanza corporativa? No, la gran innovación es tratar de volver a la gratuidad, algo que existía a mediados del siglo XX.

Todos están de acuerdo en que la colusión es nociva, pero un columnista de derecha sostiene que la solución es más mercado, porque si bien las empresas distorsionan el mercado, el Estado lo hace mucho más. Es decir, no hay nadie que los pare, porque la naturaleza humana es así.

Todas las encuestas muestran los deleznables niveles de apoyo que tienen las instituciones políticas, pero ni la UDI ni RN quieren una nueva constitución. Todos entienden que los partidos tradicionales deben cambiar, y la Comisión Engel les dibujó el mapa. Pero no. Aumentemos las barreras de entrada para nuevos actores con nuevas ideas.

Pregúnteles a los que abogan por una AC: ¿qué les gustaría ver en una nueva carta? No saben. Probablemente responderán que los contenidos los decidirá el pueblo, representado (no sabemos a través de qué mecanismo) en una gran asamblea. Suena lindo, incluso democrático. Pero ¿cómo puede ser que la misma presidenta Bachelet, que ha concluido que la actual Constitución (bajo la cual fue elegida) es ilegítima, no tenga alguna idea respecto al país que quiere construir? ¿Prefiere un sistema presidencial, parlamentario o mixto? ¿Le gustaría ver algún tipo de reconocimiento a los pueblos indígenas? ¿Tiene una preferencia entre un texto maximalista o minimalista? ¿Le gustaría reemplazar la mención del Estado subsidiario con algún otro modelo económico, o prefiere dejar ese tema para los gobiernos democráticamente elegidos? ¿Eliminaría toda supramayoría, o las dejaría para algunas situaciones específicas? ¿Qué herramientas constitucionales usaría para proteger los derechos y libertades individuales? ¿Está a favor de mencionar los derechos sociales? ¿Cómo aseguraría su implementación?

Ni la presidenta ni los que la rodean se han pronunciado. ¿Qué piensan? Ni idea. •••

Comparte este artículo:
  • Cargando
  • Hugo Montesino Arratia

    Sr.Funk. Felicitaciones por su artículo.Contiene una buena lista de preguntas, más que respuestas y una respetable lista de opiniones debatibles pero motivadoras.
    Lo copio y lo analizaré haciendo inventario, pues me organiza mis propias reflexiones. No deseo hoy controvertirle algún punto de su lista, porque diferencias hay pero viva la diferencia si es provocando debates y reflexiones en las ideas de los chilenos lectores, que aún quedamos.
    En lo que sí discrepo , es el pesimismo del título y su pretensión omniabarcante. Creo que sí habemos muchos chilenos con varias ideas al respecto de lo que Ud menciona. Obviamente los ciudadanos no especialistas pero informados no tenemos posibles respuestas para todo individualmente, pero sí en conjunto.
    Hay mucha gente capaz de dar buenas, completas, argumentadas y diversas (contrapuestas) posturas sobre los temas que Ud señala. No somos tan tontos los chilenos.
    Desde 1828 que nos ganamos el derecho a pensarnos nosotros mismos, como república y una Constitución nueva no tiene tantos misterios para hacerla,si es que hay voluntad política. Propónga Ud. también un “cómo”, más allá de enumerar las dificultades que muchos avizoramos.Me prece que es Ud. capaz.
    Termina una etapa del régimen económico actual, “neoliberal salvaje con democracia de baja intensidad” y eso no lo detiene nadie; esto es incluso por sus “logros”, además de su actual aguda legitimación político-social en las gentes, ya no en las élites o académicos.
    Ud, menciona el – necesario – cambio productivo, lo que me recuerda hacia 1983 al Sr, Aninat predicando en el desierto, sobre el pasar a la “segunda fase de exportaciones” ( manufacturas y más valor agregados,no sólo “vender piedras”). Extrañamente siempre sale el tema en las crisis, como en las recientes declaraciones a Mercurio del Presidente del banco Central,Sr.Valdés..
    Ni las pymes ni las exportaciones no-cobre son solo recursos de emergencia social en caso de problemas, deben ser pilares de una – ausente hasta hoy- estrategia real de desarrollo hacia una economía compleja menos vulnerable, menos dependiente de sólo unos 5 commodities.
    Creo que en materia de Cambio Constitucional- sea asamblea Constituyente, plebiscito,reforma o como sea,pero democráticamente- nadie piensa en soviets o un “cataplún” y todo de nuevo desde fojas cero, sino en una cierta mesura y la inevitable gradualidad mientars no sea dilación malintencionada; solo un país unido puede superar bien los “tsunamis economicos externos” que siempre nos han afectdo mk´s que a otros paises ( 1930-1982, etc) .
    Sin timidez debemos hacer cambios Constitucionles profundos y “crecedores”, de sentido común, sin dramatistos innecesarios; es decir, que contemplen el futuro mediato para no estar cambiando a cada rato el texto. Incluso eso es bueno para los negocios.
    Si, hay que “apurarse despacito” ,sin cobardía ni dilaciones …y se puede. En mi caso es pensando en la ciudadanía, como categoría analítica, otros lo hacen pensando en su bolsillo o en las “empresas” como si fuesen entelequias asociales, fines en sí mismas, pero así es la democracia, es necesario el debate plural y convencer con ideas y no con las armas…a diferencia de “otros métodos” de imponer constituciones,como recuerdo fue la del 80s . Saludos.