Opinión

Tres tipos de chilenos

Están los que aprendieron las lecciones del pasado, los que lo añoran con un sentimiento de culpa por lo que no logró la democracia y los que por no vivirlo reniegan de la transición. En ese escenario, nadie se entiende.

-

Doctor en Ciencia Política, Director Ejecutivo de Plural

Dicen que hay tres tipos de personas. Las que les gustan los postres de chocolate, las que les gustan los postres de leche, y las que les gustan los postres de fruta. Pero hoy en Chile, las tres categorías son distintas. Tenemos las que aprendieron las lecciones del pasado, las que ignoran las lecciones del pasado y las que quieren volver al pasado. Rara vez se ha hecho tan clara la diferencia entre los tres como durante el intento de un grupo de camioneros de llegar a protestar a La Moneda.

Claramente, los que aprendieron las lecciones tanto de la experiencia del gobierno de Allende como de la dictadura –la generación que creó la Concertación y gobernó por 25 años– no están muy de moda. Es un sector que fue excluido por la Nueva Mayoría, un conglomerado que hizo suyas no solamente las demandas sociales, sino también la crítica hacia lo no hecho (sin ningún intento de explicar, ni menos defender, el camino recorrido). La exclusión pareció haber llegado a un fin parcial con la aún no resuelta adopción del “realismo”, pero las declaraciones posteriores de la presidenta respecto del wishful thinking de aquéllos que esperaban un giro hacia el centro, dejaron en claro, por lo menos, su rechazo hacia este grupo. Personaje representativo: Ricardo Lagos.

El segundo grupo está compuesto por algunos jóvenes, ciertos líderes y ex líderes estudiantiles, y otros, quienes tuvieron la suerte de no haber vivido los momentos más difíciles de la generación anterior. Habiendo nacido en democracia, suelen homologar la dictadura y la Concertación en un solo continuo, lo que obviamente implicaría la necesidad de tener que derrocar cualquier cosa que pareciera ser legado de ese período, especialmente el sistema político y los partidos en particular, y buscar nuevas instituciones. Personaje representativo: Gabriel Boric.

El tercer grupo, los que quieren volver al pasado, nunca estuvieron del todo convencidos del proyecto concertacionista. A lo más, estuvieron dispuestos a postergar su afán refundador por unos años, reconociendo que en los primeros años del período postautoritario, con un Pinochet activo, con restricciones económicas y políticas por todas partes, era inviable emprender una agenda demasiado transformadora. Había que tener paciencia. Pero esa paciencia se les acabó. La muerte de Augusto Pinochet, y la irrupción del movimiento estudiantil, les abrió la puerta. Les recordó los viejos sueños que anhelaban. Se sentían culpables por no haber hecho más, más rápido. Personaje representativo: Michelle Bachelet.

¿Cómo reaccionaron estos grupos a la marcha de los camioneros?

El tercer grupo reaccionó con trastorno, transformado en inefectividad. Como han comentado Carlos Peña y otros, los fantasmas del pasado inmovilizaron al Gobierno. Tal como la presidenta no estuvo dispuesta a pedirles a las Fuerzas Armadas que ayudaran a mantener el orden público en los lugares más afectados por el terremoto del 2010, ahora los fantasmas del paro de los camioneros del 72 hizo que los trece camiones camino hacia la capital se transformaran en poco menos que una invasión desde el sur, requiriendo una resolución que prohibía el ingreso de cualquier vehículo con más de dos ejes a la Región Metropolitana. Para Isabel Allende, los camioneros eran un “poder fáctico” actuando “por la fuerza”. Este tipo de pánico convirtió una protesta pequeña pero exagerada (varias de las demandas de lo camioneros son exageradas) en una mini crisis de gobernabilidad que le entregó a la oposición el argumento del doble estándar, y a todo el país el espectáculo de un gobierno paralizado por trece camiones.

Habiendo tenido la suerte de nacer en democracia, algunos jóvenes suelen homologar la dictadura y la Concertación en un solo continuo, lo que implicaría la necesidad de tener que derrocar cualquier cosa que sea legado de ese período. Personaje representativo: Gabriel Boric.

A pesar de no haber vivido los traumas de los años 70 y 80, el segundo grupo sí ha interiorizado una visión del mundo dicotómica, de blanco y negro. Para este grupo, cualquier demanda de los camioneros, por tener posturas políticas más de derecha, es ilegítima. Cualquier protesta de la oposición es un show mediático, porque las protestas justificadas son, aparentemente, potestad de algunos. Los jóvenes tirando piedras a los camiones entrando en la Alameda, o los que le escupieron a Jorge Luchsinger Mackay delante del palacio presidencial, estaban contribuyendo a evitar lo que Bárbara Figueroa llamó “una acción política que busca desestabilizar al Gobierno”.

¿Y el primer grupo? El que aprendió las lecciones, observó lo ocurrido con los camioneros con incredulidad, escuchando discursos y lenguaje que creían no ser aceptables en el debate nacional. Deben haber pensado que los comentarios y declaraciones de esa gente de bien, entre saludos y abrazos como si estuvieran llegando a un matrimonio en el Club de Golf, eran sacados directamente de La batalla de Chile, ese documental de Patricio Guzmán que, en su primera parte, relata la división y deshumanización que llevó al quiebre democrático.

Deben haberlo pensado, pero no sabemos. Se mantuvieron bastante callados, dejando que la mayoría silenciosa se mantuviera silenciosa, y que el problema de fondo –el debate sobre la futura relación entre Chile y sus pueblos originarios– quedará para otro día. Y así estamos. •••

Comparte este artículo:
  • Cargando
  • Jose Cabezas

    El viejo truco de crear etiquetas o estereotipos para despúes desacreditarlos. El autor ni siquiera admite la posibilidad de que las otras personas lleven a cabo una hermenéutica histórica para responder a los requerimientos que las nuevas realidades demandan. El caso que comenta es muy simple: las personas que intervinieron en dicho evento se equivocaron y punto. Una última idea: todo pueblo que olvida su historia, con seguridad volverá a cometer los mismo errores.