Opinión

¿Está entendiendo la elite a la ciudadanía?

Lo que el país está viviendo es el fin de un proceso de distribución del poder. Lo que viene es un nuevo ciclo de cómo éste se configura entre los chilenos.

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Director ejecutivo de Feedback

A mediados de los 80, el control del poder era férreo, pero empezaron los primeros atisbos de su entrega a la ciudadanía. Con la llegada de la democracia se inauguró un largo período de dos décadas de paz social, el que estuvo supeditado a un consensuado mecanismo de administración de cuotas de poder y de su entrega a la sociedad civil. El 2011 fue el año de la crisis de desconfianza en las instituciones por una serie de malas prácticas, y los comunes y corrientes salieron a la calle a demandar poder (o que sus fallidos representantes se lo “devolvieran”). Y los episodios de los últimos meses lo que muestran es que la ciudadanía espera que se reconstituya el orden de éste y que se exprese su “recuperación”.

Sin duda, la elite está viviendo este proceso de distribución de poder con perplejidad. Ha perdido más de lo que quisiera ante la ciudadanía y los límites de lo posible ya no dependen de su conducción. El reciente informe del PNUD (2015) nos muestra cómo se ha ampliado “lo que puede y debe ser socialmente decidido”. Hoy son muchas más las cosas que “son susceptibles de ser decididas colectivamente”. Y esto es lo que en el informe se denomina “politización”, esto es, la pugna en torno a qué debe decidirse en sociedad y quiénes deben decidirlo.

Esta situación genera para la elite un evidente escenario de incertidumbre sobre el liderazgo requerido y su capacidad para darle conducción a este proceso de cambio, sin caer en populismos, en inmovilismos y sin perder protagonismo.

Uno de los capítulos más interesantes del informe es el último, en el que queda claro que la elite reconoce las dificultades para ejercer su poder, ve que está siendo desafiada y que el desafío es renovar las bases desde las cuales conduce al país. Pero no es evidente cómo hacerlo. La elite está tocada, permanece en una posición reactiva y le perturba no haber anticipado la arremetida. Su primer instinto ha sido defenderse; pero ahora entiende que tiene que acelerar la renovación de quienes la constituyen. Su duda es si da un paso al costado, y deja que otros ocupen su lugar, o se aferra al poder que ya tiene, porque percibe que ha perdido demasiado (según las encuestas, incluidas en el informe, se ve que entre la elite se ha duplicado en los últimos 10 años la percepción de pérdida de poder).

Sin embargo, hay diferencias al interior de los segmentos que la componen. Existe uno que representa a la ciudadanía más allá de los partidos y otro que ha mostrado mayor capacidad de incidir en el debate público. El primero es el que ha ganado poder y ha mostrado signos de renovación. Y el otro, la elite política, esto es, la que ocupa los principales cargos de poder del Estado, no da señales de renovación y sí resistencia al cambio. Es cosa de mirar la elección de los últimos presidentes de los partidos políticos.

Y por último está la elite económica, que es la que menos ha variado y a la que la ciudadanía y la propia elite le atribuyen más poder. En la encuesta denominada “poderómetro” del PNUD, que consulta a los actores de la elite sobre quiénes tienen más poder, se constata que entre los siete que “tienen demasiado poder”, hay seis entidades económicas.

Por otra parte, ante la pregunta ¿cuál es la emoción que mejor representa para usted la situación actual de Chile?, un 46% de la elite señala “preocupación” y, a continuación, un 23%  indica “esperanza”. Y si se trata de comparar a la ciudadanía y a la elite ante los cambios, vemos que un 78% de la elite dice que “las cosas deben cambiar gradualmente en el país” versus un 51% de la ciudadanía;  y por el contrario, el 45% de la ciudadanía considera que “es necesario que las cosas cambien radicalmente”, versus 19% de la elite.

Lo que resulte de la Comisión Engel y las maneras en que la clase política intente mirar hacia el futuro serán una prueba de fuego a su capacidad para responder a los intereses de la ciudadanía. Pero, evidentemente, la renovación de sus bases es un desafío aún mayor para mejorar la eficiencia de su ejercicio del poder.

También es importante cómo los gremios que se renuevan logren instalar una agenda de interés nacional, por sobre sus intereses corporativos. Para los proyectos de inversión es clave avanzar en alianzas público-privadas (como ya se está viendo en la industria de energía y minería), como un modo de asegurar que los proyectos respondan a intereses más amplios que los del negocio y generen acuerdos con los grupos concernidos. Lo claro es que, para salir medianamente bien parados, esta crisis requiere instalar que algo se acaba y que algo quiere nacer.  •••

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