Opinión

El ajedrez en la política

Hoy todos hablan de una muy seria crisis política e institucional. Un fenómeno que se desata en sólo 12 meses de gobierno de la Nueva Mayoría, aplicando la doctrina de la retro excavadora. Los resultados están a la vista.

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Luego de 30 años de progreso indiscutido, Chile era un ejemplo de clase mundial. Pero la fiebre por cambiarlo todo, hoy nos tiene en un escenario muy complejo. A tal punto es la crisis, que la propia presidenta hace referencia a los comentarios sobre su posible renuncia, y muchos analistas coinciden en que La Moneda está paralizada. El apoyo al Gobierno ha caído bajo el 30% y su rechazo se empina sobre el 60%. Peor aún, el gabinete obtiene a su favor un 19% y un 65% en contra. Los partidos y el Parlamento están totalmente desprestigiados, los escándalos de corrupción son cotidianos y transversales. El 70% no le cree a Bachelet que se haya enterado por la prensa del escándalo de su hijo; es decir, la población piensa que miente.

La política hoy está ocurriendo en los tribunales, la delincuencia crece aceleradamente y no se vislumbran políticas claras al respecto, así como para detener la violencia en La Araucanía. La economía está estancada y sin visos de recuperación por la incertidumbre que generan las políticas públicas. La oposición prácticamente no existe, y ese espacio es llenado por la ex Concertación que está en abierta pugna con la Nueva Mayoría. Si a eso le agregamos los desastres naturales, la sequía, la inoperancia funcional del Gobierno, y un Congreso preocupado de los estacionamientos de los malls, el cuadro es aún más sombrío.

Otros ingredientes en la sopa

El problema no termina ahí. Las reformas estrella del Gobierno tienen amplio rechazo de la población, que a estas alturas se da cuenta de que eran improvisadas y de mala factura técnica. El ministro de Hacienda carece de credibilidad técnica, se ha equivocado en todas sus proyecciones. Hoy es parte del problema, ya que estima que un Imacec del 2% son buenas noticias. Su reforma tributaria no recaudará lo prometido, y el déficit fiscal de su gestión será enorme. Su presupuesto fue hecho con crecimiento del 3,6% y en un par de meses su pronóstico llega a 3%; o sea, un 20% de error. Lo más probable es que sea menos aún. El ministro cree que la solución es el gasto fiscal y no las expectativas, un error básico de economía moderna.

El Gobierno también ha insistido en una reforma educacional ideologizada e improvisada, y, aun antes de echarla andar, ya reconocen que los recursos de la reforma tributaria no alcanzan. Incluso lo dicen así algunos parlamentarios que son los que aprobaron los proyectos, y que obviamente no los analizaron. Los estudiantes para quienes fue hecha la reforma, empiezan a mostrar sus desacuerdos. Las diferencias entre los miembros de la Nueva Mayoría brotan por los medios. El presidente recientemente elegido del principal partido de la coalición, que es la DC, está seriamente cuestionado por el tema de los recursos de SQM, y sus explicaciones no son creídas. Un sector de la DC sostiene que Pizarro no debe asumir. El PS está igualmente dividido y pronto a una elección. Escalona ha cuestionado al equipo político y señala la urgencia de un cambio radical de gabinete. Isabel Allende, por su parte, se doblega frente al Gobierno. A todo evento, Bachelet está paralizada para hacer un cambio de gabinete hasta esa elección (24 de abril), y en la circunstancia actual eso es demasiado tiempo. Un connotado periodista ha dicho: “Una presidenta taimada no nos sirve”.

Los temas candentes

La clase política, ampliamente desacreditada, prepara una “solución institucional” que genera suspicacias para el ciudadano de a pie. El “que se vayan todos” inunda las redes sociales, lo que da una percepción del ambiente. Todo ello hace demasiado complejo el escenario, especialmente cuando la presidenta se ve ausente, desorientada y sin responder abiertamente a los medios de comunicación.

En educación, el Gobierno mantiene su cruzada por el control total de la misma. Ya atacó los colegios subvencionados, y los controlará vía financiamiento y una muy pesada burocracia estatal. Los liceos municipales dependerán de la autoridad central, vía 70 nuevas instituciones de coordinación por parte del ministerio. Y ahora viene el dominio sobre las ues privadas con la fórmula del financiamiento, fijación de aranceles, convenios de administración y una increíble burocracia de entidades, haciendo que aparezca una nueva versión de rectores delegados en los hechos.

En salud, mientras aumentan las colas del Auge y la deuda de los hospitales, se apronta una embestida contra las isapres, que ya se deslizó a los medios de lo ocurrido en la comisión ad hoc de la presidenta. Igual en el tema de las AFP. Curiosamente, en su primer gobierno Bachelet ya hizo una comisión al respecto y no le gustaron los resultados. Tampoco entendió el problema después de 4 años de gobierno, y ahora hizo otra comisión, probablemente para fundamentar el ataque a esa industria, cuyos resultados en administración de activos es sorprendente.

Si se logra el acuerdo de que la nueva Constitución deba tener el apoyo del 75% o más, en plebiscito, yo apoyo la moción, ya que obliga a hacer las cosas bien. Pero me temo que el populismo dirá otra cosa.

La reforma al binominal, sólo logró otro binominal “enchulado”, hecho a la medida para la coalición oficialista, con un aumento de parlamentarios ampliamente rechazado por la población y con la mentira de que un tercio adicional de representantes no tiene costos para el fisco. Esta reforma atomizará aún más a Congreso (dentro de las propias coaliciones), que en un régimen presidencial hace realmente difícil la tarea de gobernar. Las tiranías de las minorías que “transan” sus votos alteran la calidad y eficiencia de las políticas públicas. Hemos visto eso con los senadores Bianchi, Pérez y Horvath una y otra vez.

Corresponde ahora cambiar al contralor que ha concluido su período. Aquí veremos la mano del Gobierno y la estrategia de poder.

La guinda de la torta

En este panoram, crece la presión por una asamblea constituyente. El grave problema es que a la cultura de izquierda le gustaría cambiar la Constitución con una simple mayoría circunstancial, es decir 50% más un voto, lo que es un error de proporciones históricas, propio del “infantilismo progresista” como lo denominó Ignacio Walker. Una constitución no es como la ley de presupuesto. Debe durar ojalá 200 años, y requiere la aprobación de una muy amplia mayoría para ser legítima, que es el problema esencial de la Constitución del 80. Si, por el contrario, se logra el acuerdo formal de que la nueva carta deba tener el apoyo del 75% o más de la población, en plebiscito, yo apoyo la moción, ya que obliga a hacer las cosas bien y considerar adecuadamente a todas las minorías. Pero me temo que el populismo dirá otra cosa, quizás un salto al abismo con la flauta de Hamelin. •••

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