Opinión

Educación: sólo una parte del problema

Aspirar una mayor diversidad en el mundo empresarial, como en cualquier otro, no pasa sólo por mejorar el acceso a una buena educación. Es mucho más complejo que ello. Significa entregar más oportunidades de todo tipo a las personas, lo que sólo se consigue con el desarrollo económico.

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Por Andrés Benítez
Rector de la Universidad Adolfo Ibáñez

Que la elite empresarial sigue siendo un club más bien cerrado, es un hecho. La idea de que para ser exitoso en ese ambiente hay que estudiar en dos o tres universidades, dos carreras y diez colegios sigue siendo una realidad clara desde que Seminarium hizo el primer estudio hace diez años. Hay avances, es cierto, pero son marginales. La concentración se mantiene.
El punto es que este tipo de análisis centra el éxito profesional en la educación formal, olvidando que éste depende de muchas otras variables, que son muy significativas a la hora de entender el porqué a una persona le va bien o mal en su vida. Me refiero al aporte que hace la familia, a través de los valores y actitudes que trasmiten los padres; al ambiente en que las personas de desarrollaron y, por último, a las características personales de cada individuo. Todo esto, que se conoce como el capital social, juega un rol fundamental a la hora de evaluar la potencialidades laborales de las personas. De ahí, que el análisis no es tan simple.
“La explicación de por qué los egresados de Harvard son buenos es muy simple: llegan siendo muy buenos. Nosotros simplemente los potenciamos”, me dijo hace algunos años el director de admisiones de esa casa de estudios, reconociendo, en parte, que el aporte de la universidad es limitado. Incluso cuando se trata de la que es considerada la mejor del mundo. En Chile, esto es aún más evidente. Porque dado el nivel de desarrollo y la concentración de la riqueza, las diferencias de capital social son enormes.
Si la cuna, salvo excepciones, sigue determinando cómo le va a la gente en la vida, es algo que se explica no sólo por la gran brecha de calidad que hay entre la educación pública y privada, sino también por la enorme brecha de ingresos que existe entre las familias, lo que determina una serie de oportunidades que van acumulando capital social. Por eso, el éxito de las universidades y colegios que salen en este ránking, no es sólo que dan buena educación. Es también su capacidad para atraer a aquéllos que llegan con un alto potencial.
Por ende, aspirar una mayor diversidad en el mundo empresarial, como en cualquier otro, no pasa sólo por mejorar el acceso a una buena educación. Es mucho más complejo que ello. Significa entregar más oportunidades de todo tipo a las personas, lo que sólo se consigue con el desarrollo económico. Luego con una mejor distribución. Y, también, por cambiar ciertas actitudes de tribu o definitivamente clasistas que están muy marcadas en la sociedad chilena.

Dime dónde estudiaste…
Ahora, la concentración de colegios, carreras y universidades que muestra este estudio, tiene también explicaciones lógicas, relacionadas con la historia de nuestro país. En el caso de los colegios, la predominancia que se observa en la educación particular se explica en gran medida por la diferencia de calidad que tiene versus la pública. Ése es un hecho evidente. Ahora, que sean diez colegios los que concentren un alto número de personas en altos cargos en las empresas, es algo que no dice mucho, por cuanto todos sabemos que hay muchos otros colegios que hoy ofrecen la misma posibilidad.
Al analizar las universidades, sucede algo distinto. El peso que tienen instituciones como la PUC y la U. de Chile se explica en parte por su calidad, qué duda cabe, pero también porque la mayor parte de las universidades privadas son muy nuevas y sus egresados son jóvenes y todavía no llegan a las posiciones de privilegio en las empresas. Pero es cosa de tiempo.
Finalmente, que todo esto esté concentrado en dos carreras, como lo son Ingeniería Civil y Comercial, no tiene nada de raro, dado que ahí se prepara y concentra la mayor parte de la gente que quiere trabajar en el mundo empresarial. Para qué hablar del predominio de los hombres sobre las mujeres, algo que está súper estudiado, toda vez que Chile tiene una de las tasas de participación laboral femenina más bajas del mundo. Esto último también debiera cambiar en el tiempo, debido a que, en la actualidad, hay más mujeres que hombres estudiando en la educación superior, aunque en el caso de Ingeniería Civil es diferente, porque es una carrera que sigue siendo muy masculina no sólo en Chile, sino en todo el mundo.
Por ende, esta concentración en la educación debiera ir desapareciendo en la medida que sucedan varias cosas: que mejore la educación pública, que tenderá a diversificar los colegios; que se consolide el sistema de universidades privadas, lo que abrirá la cancha en la educación superior. Que la formación no sea tan profesional, lo que permitirá que alumnos de otras disciplinas ingresen al mundo empresarial, como sucede en otros países. Y, finalmente, que las empresas dejen de discriminar a las mujeres. Todas estas cosas son parte de la discusión actual y muchas de las políticas públicas de los últimos años están encaminadas hacia ello. Ahora hay que esperar, sin descartar que, como en todas las cosas, siempre se puede mejorar.

Dime quién eres…
Pero como no sólo los estudios formales no determinan quién es una persona, también es una ilusión pensar que mejorar el sistema educacional es la solución a todos los problemas. La cosa es simple: no basta con meter por decreto a un niño o niña que nació en la marginalidad al Colegio Tabancura y luego a la Universidad Católica. Es evidente que, si le va bien, tendrá una mejor educación. Pero sabemos que no es suficiente.
Le faltará, como decíamos al comienzo, la otra parte fundamental: capital social. Y lograr esto es incluso más complejo, porque requiere intervenir en todos los aspectos de la vida: la vivienda, la salud, la alimentación, por mencionar algunos. En definitiva, se trata de un enfoque integral. Y esto se llama desarrollo. En países más ricos, como Estados Unidos, el quién eres sí está muy determinado por el tipo de educación, pero eso sucede porque el capital social no es igual, pero es relativamente estándar en una parte importante de la población.
En Chile eso no existe. Ahora, acá se habla mucho de clasismo –que existe–, pero la verdad es que también hay diferencias objetivas desde el punto de vista profesional entre las personas, dependiendo de dónde nacieron. Las competencias, por así decirlo, son distintas. Aunque suene duro decirlo. Pensar que ello no es así, es quitarle todo rol a la familia, al ambiente, al tipo de educación informal que recibió el alumno. Eso es una ilusión. Tanto así, que incluso sabemos que dentro de los colegios y universidades de la elite, hay personas que no son exitosas profesionalmente. Eso se explica porque hay otros factores que también influyen de manera determinante. Mientras ellos no se aborden, con la misma intensidad que la educación formal, entonces el club seguirá cerrado para muchos. •••

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