Opinión

Empresarios, junten miedo

Cuando Ricardo Lagos asumía la Presidencia de Chile el año 2000, los empresarios estaban asustados y eso se vio reflejado en el mercado a través de los resultados que mostraba la bolsa. Ocurrió algo similar con Lula en Brasil y con Ollanta Humala en Perú. Lo que sucedió después es historia conocida.

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En su momento, el economista Matías Braun escribió una columna en El Mercurio (2006) en donde concluía que “revisando los números de los últimos 13 gobiernos en Chile, encontramos que no hay diferencias significativas en la rentabilidad accionaria entre los gobiernos de derecha e izquierda”. En efecto, existe evidencia que demuestra que los gobiernos de la Concertación han sido más bien benevolentes con el mundo empresarial y que los miedos ante un giro radical no fueron más que eso: sólo un susto pasajero. Es más, en los gobiernos de centroizquierda (moderados) los empresarios han sido actores relevantes para llevar a cabo ciertas políticas.

Michelle Bachelet logró lucir su cartel de favorita y ganar por un amplio margen a todos sus competidores en las recientes elecciones. Asimismo, la composición del Congreso será en teoría mucho más proclive a las reformas que lo que fue en su primer gobierno. Todo esto ha ocasionado que se escuche un constante murmullo en las conversaciones de pasillo de algunos sectores empresariales. ¿Debieran estar preocupados los empresarios? ¿Qué es lo que les preocupa?

Los temores son variados. Que la Presidenta electa se izquierdizó y que vendrán políticas duras con ese signo. Algunos creen que nos convertiremos en Argentina o Venezuela; otros, que viene la debacle con el Partido Comunista en el Poder Ejecutivo. Ciertos empresarios son más concretos y dicen que la eliminación del FUT es un error enorme o bien que el alza del impuesto de Primera Categoría ocasionará una gran caída de la inversión, lo que impactará negativamente en el crecimiento económico del país.

Sin embargo, creo que se trata de especulaciones sin mayor respaldo empírico. ¿Por qué la elite no debería preocuparse? Primero, porque una vez en el gobierno, Bachelet tendrá que hacer algo que conoce bien: generar consensos. La sociedad que queremos construir debe conciliar distintos intereses, dentro de ellos los empresariales. En este sentido, más que restarse, el sector empresarial debiera ayudar a lograr esos acuerdos y contribuir desde las ideas y con evidencia. El mayor error sería refugiarse en la ideología y la defensa de intereses corporativos.

En términos macroeconómicos, la propuesta no generará alteraciones. Los trabajos académicos en esta línea demuestran que alzas menores de impuestos no tienen un gran impacto sobre la inversión. Es más, poder reducir la brecha entre ambos impuestos va en la línea correcta. Otro tema es el FUT. Efectivamente habrá una reducción en los ingresos de los más ricos (sólo de ellos), pero el objetivo es eliminar las distorsiones. Con ello se espera que las inversiones de las utilidades retenidas terminen en algo que mejore realmente la productividad del país.

Creer que el futuro de nuestro país depende de quién finalmente sea el hombre o mujer en Hacienda, es no mirar el asunto con perspectiva. Bachelet sabe la relevancia que tienen las finanzas públicas y llevar la casa en orden. Los que sospechan que las decisiones las tomaba Velasco sin consultarle a ella, no conocen su estilo de liderazgo.

En consecuencia, los empresarios deben estar tranquilos. Éste es un país donde las reglas del juego y las instituciones se respetan. Y es un país que hoy requiere de ciertos cambios. A fin de cuentas, la reducción de brechas (de oportunidades, de ingreso, educacionales, etc.) lo que hace es terminar beneficiando a todos; porque un país con mayor capital social, con mayores consensos, con menos rabia, es un país que crece mejor.

El horizonte de tiempo en estos casos es relevante. Se requiere mirada a largo plazo y sobre todo poder construir en conjunto. Más allá de quién gobierne, el escenario de los negocios ya cambió. Hoy existe un nuevo paradigma, en que confluyen lo privado con lo público y las interacciones entre las empresas, el Gobierno y la sociedad son de creciente complejidad. Más que tener miedo hay que ver este horizonte como una gran oportunidad.

Probablemente el título lo cautivó y esperaba otra cosa. Lamento haberlo decepcionado. •••

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