Opinión

El mejor en la historia de Chile

Independiente de lo que arroje el nuevo informe lo cierto es que el episodio del Censo golpeó fuerte al gobierno y sobre todo a un Presidente exitista que ya está mirando el 2017.

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En el subconsciente de muchos, especialmente de los políticos, siempre existe el anhelo de pasar a ser el mejor en la historia. Ser recordado por las obras, por los discursos, por el compromiso de construir un país más avanzado, etc. El Presidente Piñera representa claramente lo anterior, sus éxitos en el ámbito privado ha querido llevarlos a terreno público, en donde la cancha ha sido bastante más hostil. Aquel papelito de los 33 con el que se paseaba por el mundo hablando del exitoso rescate de los mineros, su apuesta de tener un gobierno 24x7 y de excelencia, sus discursos en donde menospreciaba gobiernos anteriores y faltas de liderazgo para conducir el país, entre muchas otras cosas, demuestran su obsesión por ser el mejor.

Por ello, no dudó en anunciar el Censo como el mejor en la historia de Chile. Y junto con él, el titular de Economía explicaba: “Chile era hasta ahora el único miembro de la OCDE que realizaba un Censo de Hecho. Este nuevo censo moderniza la manera de medir: se realiza en tres meses, con profesionales capacitados y por primera vez considera como residencia el lugar donde realmente viven los chilenos, y no dónde aleatoriamente se encuentran al momento de la encuesta, como sucedía antes”.

Longueira hablaba del nivel de rigurosidad y detalle a la hora de encuestar y de cifras históricas. Lamentablemente para el país, la comisión investigadora dijo todo lo contrario e incluso lo sepultó, diciendo que había que realizar nuevamente el Censo, porque el anterior no servía. Justamente los atributos mencionados eran sus debilidades: falta de rigurosidad, baja cobertura y el costo, entre otras cosas.

Cayó como balde de agua fría en palacio. La obsesión del Presidente por alardear ser el más eficiente, el que hace en un día lo que no pudieron hacer en 20 años, no podría ser demostrada. Fallar, sobre todo en números, es algo que no puede soportar. Además, el anuncio vino con una encuesta Adimark, en la cual la tasa de aprobación caía, su coalición de gobierno con grandes problemas internos y con el síndrome del pato cojo comenzando a permear por todos lados. Los fantasmas volvían a aparecer y esta vez no por falta de relato, sino que por acciones concretas: la alta rotación en al menos dos ministerios que hoy comparten ser temáticas fundamentales para el desarrollo de Chile: educación y energía; los problemas políticos y administrativos; y una institucionalidad, ésa de la cual nos gusta pregonar en los foros internacionales, se ponía en tela de juicio luego de Barrancones y seguido por Castilla y Punta Alcalde. Pero no sólo en temas energéticos, el caso del SII y la suspicacia a nuestras cifras, implicaron que el mundo comenzara a mirar o, más bien, a cuestionar los datos de nuestro país.

Las fallas del Censo tienen un efecto sobre el ego del Presidente, pero eso a la sra. Juanita y a don Esteban poco les puede importar. Lo que nos importa a todos los chilenos es el efecto de este hecho sobre las políticas públicas. Los gobiernos necesitan saber la cantidad de personas y la caracterización de la población para poder diseñar, por ejemplo, el tipo de servicios que requiere el país bajo sus diferentes realidades. Por ejemplo: (i) el gobierno central usa los números del Censo para asignar los miles de millones que asigna anualmente para programas comunitarios y servicios como educación, vivienda, salud, capacitación, entre otros; (ii) los gobiernos locales, en conjunto con el central, utilizan la información para planificar y colocar fondos para la construcción de nuevas escuelas, librerías y otros edificios públicos; (iii) las organizaciones comunitarias la utilizan para desarrollar servicios sociales, como programas de discapacitados, del adulto mayor o pre escolares; (iv) para el mundo de los negocios también es crucial toda vez que se utiliza para estimar demandas, para ver dónde colocar oficinas, bancos y muchas actividades que implican empleo. En otras palabras, el Censo y su falla repercute en todos los actores de la sociedad.

Las recomendaciones de la comisión fueron muy claras. Y, si bien el Presidente intentó calmar las huestes con su perdón, no se entiende bien por qué formaron una comisión, de alto nivel y capacidad, si ahora están esperanzados en el informe que puedan dar los expertos internacionales. Independiente de lo que arroje el nuevo informe, lo cierto es que el episodio del Censo golpeó fuerte al gobierno de la excelencia y sobre todo a un Presidente exitista que ya está mirando el 2017. Pero más allá de la figura presidencial y del impacto sobre su persona, si queremos avanzar hacia el desarrollo necesitamos de políticas públicas de calidad y, para poder tenerlas, no solo la interacción de los distintos actores con sus intereses es un factor crítico; también lo es la evidencia empírica y con ella sus datos para poder mejorar el proceso de toma de decisiones y la correcta focalización de los servicios.  •••

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