Opinión

El día después

La campaña de las primarias, cuyo resultado se prevé muy estrecho, ha encontrado a Allamand y Longueira en una disputa acerca de quién puede representar mejor al centro.
La nueva identidad de la derecha no se define solamente en el ámbito de la política o el posicionamiento en materias sociales. También son importantes las definiciones que se hagan en cuestiones culturales y económicas.

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¿Será Pablo Longueira o Andrés Allamand quien liderará a la centroderecha en la próxima campaña presidencial? Más allá de las cuestiones simbólicas, como si la UDI tendrá la oportunidad de situar a uno de los suyos en La Moneda o por el contrario será Renovación Nacional la que intentará hacerlo por segunda vez, la importancia de esta elección primaria es que su ganador jugará un rol clave en la construcción de una nueva identidad para la derecha chilena.

La campaña de las primarias, cuyo resultado se prevé muy estrecho, ha encontrado a Allamand y Longueira en una disputa acerca de quién puede representar mejor al centro, en el entendido de que la posibilidad de ganar la elección presidencial y te- ner un buen resultado en las parlamentarias depende de cuánto electorado de centro puede arrebatársele a una Concertación liderada por Michelle Bachelet, quien en su intento por ampliar la coalición se ha inclinado a la izquierda para acoger en su Nueva Mayoría al Partido Comunista y dirigentes de los movimientos sociales.

Allamand reclama mejores credenciales para esa tarea por su trayectoria política: desde el Acuerdo Nacional ha tendido puentes con el electorado más moderado y con sectores de la Concertación en la construcción de consensos en torno a grandes temas institucionales y económicos. Pablo Longueira, por su parte, fuera de su participación en acuerdos, ha esgrimido, con la ayuda de Joaquín Lavín, su pertenencia a un “centro social” avalado por la presencia de la UDI en sectores populares.

Pero la nueva identidad de la derecha no se define solamente en el ámbito de la política o el posicionamiento en materias sociales. También son importantes las defi- niciones que se hagan en cuestiones culturales y económicas.

En ambos campos, la sociedad chilena ha experimentado cambios en la percepción de sus ciudadanos que exigen un “aggiornamiento” de los planteamientos tradicio- nales del sector. El gran desafío es cómo perfilar un proyecto para Chile que tome en cuenta estos cambios, pero que lo haga sin renunciar a los principios que han inspirado a la derecha en nuestro país.

En materia cultural el desafío está en conciliar a conservadores con liberales, que los seguirá habiendo en la derecha siempre. Me atrevo a postular que la dignidad de la persona humana, desde su concepción en adelante, es el principio que orienta nuestro proyecto político y con ella vienen aparejadas la libertad y la responsabilidad. El respeto a la dignidad de la persona nos exige, asimismo, aceptar divergencias en los proyectos de vida de los chilenos. La centroderecha debe estar por la inclusión, no por la discriminación. Nuestra gran diferencia con las opciones socialistas debiera estar en que no pretendemos usar al Estado para instaurar una cultura oficial.

En el terreno económico, no se discute la adhesión a un sistema de libre mercado. Lo que sí se ha visto desafiado es la comodidad con que la derecha acepta una estructura de mercados que muchas veces carecen del grado de competencia necesario para hacer realidad aquello de la soberanía del consumidor. Nuevas formas de contratación para servicios de consumo masivo, libre entrada y salida para productores y consumidores son los nue- vos desafíos. El Estado tiene un rol regulador importante, pero no debe hacernos caer en la ilusión de que reemplazará a las personas y a los incentivos correctos en la creación de riqueza y bienestar, como creen nuestros adversarios.

¿Quién podrá encarnar mejor el nuevo proyecto de la derecha? El que tenga mayor claridad conceptual y más entusiasmo y decisión en sacar a la centroderecha del marasmo para liderar una opción diferente a la del socialismo.

Tengo la intuición de que la actual generación de políticos está jugando en esta elección sus últimas cartas. Los liderazgos del futuro dependerán de la capacidad para inspirar a los chilenos con un nuevo proyecto para el país. La derecha debe desplegar su juego.•••

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