Opinión

Las primarias

En lo que hemos visto hasta ahora, los candidatos han tendido a hacer política más bien tradicional y con ideas preconcebidas que muchas veces no son las que busca la ciudadanía

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Históricamente la Democracia Cristiana (DC) es y ha sido uno de los partidos más importantes de las últimas décadas. Es cierto que su nivel de adhesión así como de influencia ha disminuido en los últimos años pero también es cierto que en el espectro de los partidos políticos sigue siendo un partido relevante. A su vez, y bajo la premisa de que Chile necesita de partidos sólidos, con identidad clara y que puedan promover ideas y liderazgos, lo que ocurra dentro de la DC es relevante.

Durante el 2012 y luego de una buena elección municipal tanto para la DC como para la Concertación, así como encuestas que posicionan a la ex presidenta Bachelet como ganadora, la DC vivió una pequeña encrucijada. Fue así como aparecieron un grupo de líderes del partido y con un nivel de aversión al riesgo alto y ansias de poder enormes, pero también con un sentido de la realidad claro, que pedían que la DC apoyara a Bachelet y de esta manera no llevar candidato propio. Por otro lado Claudio Orrego y Ximena Rincón unían fuerzas bajo el argumento de que la DC no podía no tener candidato en la primaria de la Concertación (por historia, por su peso en la coalición, por su liderazgo, por el derecho de competir, etc).

Lo cierto es que finalmente se decidió hacer la primaria, las que se llevaron a cabo el 19 de enero. Más allá de los resultados (la columna fue escrita antes de conocerse la votación), el ejercicio democrático es interesante en sí mismo y puede ser una antesala para lo que vendrá durante el 2013 –en donde tendremos primarias de partidos por cupos parlamentarios y de presidentes en ambas coaliciones.

La pregunta del millón y bajo la cual se derivan diferentes temas es: ¿cuántas personas fueron a votar? Para que la primaria DC fuese exitosa no sólo las bases de la DC deberían haber ido a las urnas sino que los candidatos deberían haber sido capaces de convocar y encantar a un grupo más amplio de electores. En este caso la cantidad sí importa. Porque si vota poca gente, y estamos frente a un escenario en donde las primarias aparecen como carreras corridas, la legitimidad de este proceso pierde fuerza y desencanta a una ciudadanía que siente que con su voto no es capaz de transformar el escenario actual.

Está por verse si luego de estas primarias la DC salió fortalecida y es capaz de cuadrarse tras su candidat@ elect@. Para que la elección dentro de la Concertación tenga sentido, la DC tiene que ser competitiva y con una primaria con poca legitimidad esto no ayuda. Un escenario en donde gane Bachelet las primarias, seguida por Velasco y dando el tercer lugar a la DC, sería un fracaso rotundo para el partido y lo dejaría en franca desventaja a la hora de tener futuras negociaciones.

Para la Alianza también será algo que mirar. Luego de los malos resultados en comunas emblemáticas y con candidatos presidenciales que están muy lejos de la posibilidad de ganar la carrera presidencial las primarias no pueden debilitar a sus candidatos sino que fortalecerlos en sus atributos pero también en cuanto son parte de un bloque político.

Las primarias sirven no sólo para dar a conocer ideas sino también para generar momentum y adhesiones. En mi opinión, y en lo que hemos visto hasta ahora, los candidatos han tendido a hacer política más bien tradicional y con ideas preconcebidas que muchas veces no son las que busca la ciudadanía. Para lo que viene el 2013, las primarias tienen que ser más que un juego de poder o un saludo a la galería. En ellas se debe debatir, hacer política innovadora y escuchar para luego proponer. Pero sobre todo se necesita que la ciudadanía se sienta parte del proceso, que el votante sea persuadido y tenga ganas de movilizarse. Sólo así las primarias tendrán sentido y entonces las cúpulas estarán obligadas a hacer la pega.

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