Gestión pública y votos - Revista Capital

Opinión

Gestión pública y votos

¿El fracaso electoral del gobierno significa que el estilo gerencial no tiene nada que hacer en política? O, pese a todo, ¿puede aportar? Sería peligroso tratar el tema con liviandad.

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Si bien los resultados que nos entregaron las recientes elecciones municipales dieron espacio para abrir una discusión sobre la importancia de la gestión en la política y la incapacidad del estilo gerencial de traducirse en votos, es un error pensar que la política no debe ir acompañada de buenas estrategias de management.

El trabajo de un gobierno es cumplir su programa y gestionar bien los recursos financieros y humanos, entre otras cosas. Lo anterior se traduce finalmente en el impacto que puedan tener las políticas públicas en los chilenos y chilenas. Cuando se analiza la historia reciente uno podría decir que, en general, nuestro sector público cuenta y ha contado con personas muy capacitadas para poder ejercer los cargos que tienen. Ahora bien, los grandes desafíos en la actualidad tienen que ver con la implementación de las políticas públicas y es en ese espacio en donde la gestión importa mucho.

El concepto de gestión pública, o la agregación de valor público (Mark Moore), tiene su analogía del concepto de gestión privada, en donde el modelo de negocio es importante. En términos simples se trata, para entes públicos o privados, del conjunto de definiciones clave que es necesario visualizar desde un inicio, respecto de cómo la organización (o el Estado) creará valor (público o privado), y lo llevará a sus clientes, usuarios y stakeholders de carácter político y estratégico. Por lo tanto el gobierno, ya sea central, regional o local, debe ser capaz de agregar valor a la ciudadanía y para eso la gestión es importante.

Más que un fracaso del estilo gerencial, lo que hubo fue un problema de expectativas. La supuesta nueva forma de gobernar que intentó impulsar el Presidente Piñera colocó las apuestas demasiado altas. Se cometió el mismo error en materia de seguridad cuando se le hizo ver a la ciudadanía que la tasa de delincuencia puede ser cero, cosa que al igual que el desempleo es imposible. Por lo tanto no hay que confundirse: no es un problema de administración, sino de expectativas y de comunicación.

Los alcaldes emblemáticos que tuvieron buena gestión como Orrego, Undurraga u Ossandón fueron capaces de traspasar no sólo su liderazgo sino su estampa de buenos gerentes a sus sucesores. Por otra parte alcaldes como Zalaquett y Labbé no perdieron porque la gente considerara que la eficiencia da lo mismo. Otros factores influyeron en sus derrotas: nuevos liderazgos, cansancio con estilos autoritarios, la competencia de candidatos que se permearon con la ciudadanía y un menosprecio y soberbia electoral que terminaron por pasar la cuenta.

El estilo gerencial es sumamente importante en el gobierno. Llegar a mayores niveles de desarrollo y aumentar la calidad de vida no dependen de una sonrisa o de tener habilidades de cantante sino que de hacer una buena administración y liderazgo en terreno.

Es cierto que la gestión por gestión no sirve de mucho si es que no se es capaz de comunicar a la población, si es que la cultura orientada hacia el ciudadano no permea en las instituciones y si el estilo gerencial se ejerce con prepotencia, como si fuese un negocio. Existen sinergias y se deben generar aprendizajes con el sector privado, pero el aparato público tiene otras lógicas y es necesario reconocerlas, adaptarlas y construir confianzas.

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