Opinión

El nuevo escenario del poder

Con la derrota municipal, Piñera claramente perdió fuerza dentro de su coalición y el pato podría llegar a ser cojo, tuerto y manco. El desafío es mostrar si es capaz de re-inventarse.

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El presidente Piñera ha debido enfrentar hasta aquí dos terremotos y una emergencia: uno de la naturaleza, otro de la política; la emergencia (los mineros) fue un combinado de la gestión y la naturaleza. Del primer terremoto salió bien, de la emergencia de forma espectacular, y de este, bueno, estamos por ver. Se juega el debate, ya abierto hace rato, de si su gobierno será sólo un paréntesis de la izquierda, o tendrá raíces. El tema, a pesar de la feroz derrota que hemos sufrido, no está zanjado y dependerá básicamente de la manera en que el gobierno enfrente su reconstrucción. Hoy, el peso de la prueba la tiene el presidente.

Las municipales 2012 han sido, en efecto, un verdadero terremoto político para la Alianza, y en especial para el gobierno, esto más allá de las cifras puras que no son tan malas. Es un error enorme, de algunos políticos de la centro derecha, el tratar de demostrar racionalmente con manejo habilidoso de cifras, que esto no fue una derrota, como sí lo fue y grande. Fue una paliza 5 a 1 a pesar de que ambos lados recibieron menos votos que en el pasado. El impacto ha sido algo de carácter simbólico, que es lo que importa en la política, particularmente en Chile. La ley de voto voluntario que promovió la Concertación, que presentó Bachelet y aprobó Piñera en el Congreso, simplemente no funcionó como se planeó. Creían que iba a votar más gente y literalmente votó menos, aun en términos absolutos, que la elección del 2008. Un error demasiado grueso, casi de tipo Transantiago. Un nuevo error de la clase política en su conjunto, como el período presidencial de 4 años y tantas otras leyes mal hechas.

Así como la Alianza arrasó en las municipales del 2008, esta vez fue justo al revés. El episodio municipal del 2008 resultó un presagio de la pérdida del poder por parte de la Concertación, después de 20 años, producto, entre otras cosas, del mal manejo político de Bachelet, algo que ahora podría repetirse para Piñera y sus partidarios.

El gobierno ha realizado una gestión notable, indiscutible, histórica en resultados. Es mezquino quien lo niegue. Pero hemos visto que si bien eso es necesario, simplemente no es suficiente. Las obras al parecer no hablan por sí mismas; hay una segunda mitad del tema que es política, de liderazgo, de valores, cultural, de sentido, de estilo, de forma, que es tan importante como la gestión. Esa es la lección del 2012 que debemos aprender.

El primer y gran paso para ello es la humildad de reconocer que hay algo (o mucho) que efectivamente no se ha hecho bien. Digo humildad porque no bastan las palabras formales, se requiere el reflejo en la actitud y posteriores acciones. El reconocimiento del fracaso debe estar en el corazón y eso siempre se nota.

El segundo paso, es re-construir y eso requiere por un lado una visión del nuevo objetivo, y por el otro lograr la total unidad del sector, ambos elementos que, en estas circunstancias, deben venir del gobierno como articulador de los partidos.

El tercer componente es lograr entender bien el entorno de la contienda de la próxima elección, donde se juega la continuidad o el paréntesis histórico. Este tercer paso será el determinante fundamental en la evaluación del gobierno de Piñera, ya que la gestión no le ha traído reconocimiento.

Estos tres elementos requieren apelar a la sabiduría más que al conocimiento, y a la necesaria reflexión inicial antes de la acción; todos elementos que son parte del fracaso que da testimonio esta elección. Hay que cambiar, lo que es fácil de decir y muy difícil de hacer. Cambiar es tarea de gigantes, y espero que Piñera sea capaz.

Dicho todo lo anterior, la contienda tampoco está nada de fácil para la oposición. Es más, yo diría que la victoria, si bien le trajo energía a la vena a una coalición moribunda, le trae también más problemas de los que cree. La Concertación ya está dividida; hoy son dos grupos. Uno de izquierda que quiere ir aún más a la izquierda, y otro de centro izquierda que fue el eje histórico del poder. Pues bien, salieron curiosamente fortalecidos de esta elección tanto el PC como el PDC, es decir los dos polos de la oposición. Polos que son directamente no reconciliables y grandes enemigos históricos literales. El PC es un partido que sigue validando a Cuba, Chávez y Corea del Norte.

Por otro lado, también salió muy fortalecido Marco Enríquez-Ominami, que necesita y aspira a ser apoyado por la Concertación para su aspiración presidencial. El resultado le dio poder de árbitro. No considerarlo significa un daño enorme en las parlamentarias por el binominal y esa es su apuesta. Entonces, la oposición debe tratar de acomodar un curioso triángulo de presiones entre el PC, el PDC, y MEO que no tiene, a mi juicio, solución posible desde lo racional. Es como el viejo tema de la cuadratura del círculo. La Concertación deberá ir a las primarias, lo que es extremadamente peligroso para Bachelet, que será criticada desde su propio flanco. También debe hacer primarias ya que las encuestas han perdido credibilidad.

Instalado ya el tema presidencial, la candidata Bachelet ahora ya no puede callar y deberá empezar a pronunciarse, que es su principal debilidad. Lo que hasta aquí funcionó perfecto, es ahora negativo. Y debe hacerlo en tres dimensiones: la contingencia, sus ideas de futuro, y la organización de la Concertación. En los tres temas no parece tener ideas propias, y es muy difícil que las que le lleguen o sugieran sean de consenso entre las diversidades de la actual oposición. Tampoco posee la capacidad de ordenar fuerzas tan poderosas y distantes dentro de sus partidarios. Probablemente el único que podría hacer esa tarea sea Ricardo Lagos, pero es ampliamente rechazado en su sector. La gran victoria del 2012, entonces, podría transformarse en la gran derrota del 2013.

La contienda presidencial, habiendo votado sólo el 40% de la población, es un absoluto misterio aún. La democracia se debilitó, la clase política está desprestigiada, no hay ideas nuevas en la mesa política, la situación internacional mantiene sus nubarrones.

Piñera, como presidente, es transitorio. Los partidos en cambio son permanentes y ya piensan en la próxima elección. Con esta derrota, Piñera claramente perdió fuerza dentro de su coalición y el pato podría llegar a ser cojo, tuerto y manco. Esta es su gran prueba histórica, para mostrar si es capaz de re-inventarse y ser adaptativo. Si lo hace ganará el reconocimiento que se merece. Si no lo hace, sus recuerdos del paso por La Moneda serán lamentables. La clave entonces: reflexión, humildad para reconocer lo que no ha hecho bien políticamente, sabiduría en la mirada, y lograr la unidad estratégica de su sector. La historia tiene la palabra. •••

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