Opinión

Plaga de ladrones

El libro de Daniel Palma aporta al conocimiento de la profesionalización del hampa. Recoge el clima de inseguridad y levanta el catastro de las formas que cobra la delincuencia en la opinión pública.

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El tema de la delincuencia ha vuelto a situarse en la cúspide de las prioridades ciudadanas. Después de un año, el 2011, en que la educación se encumbró al primer lugar, el 2012 todo volvió a la normalidad y la mayoría, según lo muestran diversas encuestas, ha coincidido en señalar a la delincuencia como el principal problema a nivel país. Así y todo no parece haber un debate profundo sobre el trasfondo social del asunto. La monserga que promete trabar la puerta giratoria, aumentar las dotaciones policiales, aplicar mano dura y librar eso que el senador Alberto Espina, casi siempre en traje de campaña, gusta llamar la “guerra contra la delincuencia”, suele meter más bulla que cualquier otra opinión, con la complicidad de los medios de comunicación que favorecen el sensacionalismo. No se oye la voz, con la misma fuerza al menos, de quienes sitúan el fenómeno en el marco de referencia de la desigualdad.

La delincuencia es un fenómeno social abordado por distintas disciplinas, las cuales le han dado la consistencia de un complejo objeto de estudio. Aquí vienen al caso la criminología, el derecho o la sociología. En general, la historia ha pesado menos en este debate circunscrito a las urgencias del presente, pero últimamente ha producido avances relevantes. Éstos no deberían quedar reclusos en los remotos claustros de la academia. Para ir al grano, tengo en mente el libro de Daniel Palma, Ladrones. Historia social y cultural del robo en Chile, 1870-1920.

Este libro empieza a llenar un vacío. Hasta ahora existían unos pocos estudios sobre el bandidaje rural en el siglo XIX, estudios acotados temporalmente y anclados en una región específica del territorio. Se cuentan con los dedos de una mano. Tienen más que ver con las disfuncionalidades agrestes de una sociedad tradicional que con los problemas estructurales de una sociedad moderna, urbana, con brechas expansivas entre la opulencia y la miseria, e infiltrada por las lógicas del capitalismo. No ocurre así con el libro de Palma; de hecho acompaña, sin perder el paso, el trayecto desde el Chile tradicional al Chile moderno. El foco de su estudio son los ladrones y sus cómplices, sin descuidar las representaciones sociales en torno a la delincuencia, y las respuestas del Estado y la sociedad civil ante este fenómeno.

El libro alberga historias de bandidos, rateros, estafadores, falsificadores y reducidores. Aporta al conocimiento de la profesionalización del hampa. Recoge el clima de inseguridad y levanta el catastro de las formas que cobra la delincuencia en la opinión pública. En 1885, un diario consignó: “la criminalidad aumenta de hora a hora, y es una plaga que ataca pueblos, ciudades y campos. Ni el cadalso, ni el azote, ni el presidio han podido contener hasta ahora la corriente de crímenes que cubren de luto y dolor numerosos hogares, y tienen en perpetua alarma a la sociedad”. Esta sensación de indefensión ante una turba proliferante de maleantes no sólo inquietó a los sectores más pudientes, tal como revela la lectura de las poesías populares de esos años, llenas asimismo de versos sobre la maldad de los criminales que se ensañaban con el pobre. En la década de 1890, una visitante irlandesa concluyó, sin mala leche, que nuestro vicio nacional era el robo. La percepción de Chile como un país azotado por una epidemia de criminalidad marca todo el periodo bajo estudio, periodo en el cual se eclipsa la prensa más doctrinaria y sesuda del siglo XIX, cediendo el lugar a otra que, ambicionando un público lector masivo, recurre al sensacionalismo de las noticias policiales, de los hechos de sangre, de las proezas criminales.

En definitiva, Daniel Palma saca a flote una dimensión perdida de la vida social, cuya ignorancia nos condena a un inmediatismo poco provechoso. Los libros de historia, como es obvio, no son manuales encriptados de política pública, pero su lectura a veces puede ayudar a evaluar mejor las condiciones de posibilidad de las mismas. •••

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