Opinión

Paralelo filosófico entre lo verde y lo urbano

Lo importante no es la naturaleza inmaculada, sino nuestra capacidad para gestionarla de tal manera que heredemos a nuestros hijos una capacidad similar para hacerlo respecto de los suyos.

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¿Tenemos la obligación de preservar el medioambiente? Depende. Si entendemos medioambiente como naturaleza virgen e inalterada por la mano humana, el deber conservacionista no es absoluto. Valoramos el entorno natural por su capacidad de mejorar la calidad de vida de las personas y no por su mera existencia. No nos quejamos de la erradicación de la viruela o la peste bovina, aunque estos dos virus hayan formado parte de la rica variedad del mundo natural. Pero sí nos rebelamos ante la deforestación o el derretimiento de los cascos polares. No todo discurso conservacionista es correcto.

Algo similar ocurre en el ámbito urbanístico. Existe una presunción a favor de cuidar las casas viejas de comunas residenciales y en contra de la voracidad inmobiliaria que atenta contra su supervivencia. El problema es que la casona sólo alberga a una familia y su precio es impagable para los aspirantes a residir en el sector. Un edificio de unos cuantos pisos construido en el lugar satisface las necesidades de vivienda de unas veinte familias, pagando cada una un costo muchísimo menor. ¿Significa esto que hay que dar luz verde a la avalancha de hormigón? Para nada. Sólo argumento en contra del fundamentalismo verde de la misma manera como se podría argumentar contra el talibanismo patrimonialista. La preciosa casa bien podría merecer una protección especial, como la de ciertos barrios típicos, en consideración a su valor estético e histórico. Pero no todas quedarán igualmente resguardadas si preferimos densificar la ciudad -construyendo en altura- antes que seguir expandiendo sus límites, encareciendo los costos de transporte y agudizando la segregación. Se trata finalmente de ponderar los valores en juego.

El cambio de enfoque de preservación medioambiental a desarrollo sustentable es útil para ilustrar el punto. Lo importante no es la naturaleza inmaculada, sino nuestra capacidad para gestionarla de tal manera que heredemos a nuestros hijos una capacidad similar para hacerlo respecto de los suyos. La fórmula es sencilla: si cortamos un árbol para cubrir necesidades presentes preocupémonos que crezca uno nuevo para atender necesidades futuras. Eso es lo dramático en torno al calentamiento global: el daño irreversible que podemos estar causando al planeta afecta seriamente las oportunidades de las generaciones venideras.

Una vez más, podemos buscar la analogía en la ciencia urbana. Desde la perspectiva liberal la recomendación es dejar crecer a las ciudades a su antojo, bajo la premisa de que la planificación y los controles son ineficientes y afectan severamente los derechos individuales. Lamentablemente los efectos del laissez faire urbano han demostrado ser negativos, principalmente porque nadie se hace cargo de las externalidades del vecino. Si nuestras ciudades son alimentadas indiscriminadamente con población y concreto corremos el riesgo de legar a las futuras generaciones lugares prácticamente invivibles. Aquí también parece recomendable el enfoque de la sustentabilidad, lo que inevitablemente conlleva una dosis de planificación territorial y urbana.

Para terminar, es importante advertir que el patrón para medir el valor del medioambiente no radica sólo en su utilidad material. De la misma manera que optamos por preservar cierto barrio por su mérito patrimonial y no por su precio de mercado, el sentido moral que deberíamos expresar nos conmina a respetar a otras especies vivientes, independientemente del provecho directo que podemos obtener de ellas. Intuitivamente sentimos pena al saber que el panda chino o el gorila africano se encuentran en peligro de extinción, aunque jamás hayamos visto uno y nuestra calidad de vida material no se vea afectada por ello. Así como somos capaces de desarrollar responsabilidad fiduciaria también somos aptos para exhibir una consciencia conectada a la biodiversidad. •••

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