Opinión

El consumismo verde (y cómo salir de él)

Más que omnubilarse con productos que se dicen verdes, hay que abrir los ojos y ver que en Chile hay un patrimonio de prácticas sustentables. Por ejemplo, el ahorro y la planificación del consumo es un valor central en muchos hogares chilenos. De eso se trata ser verde.

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El consumo verde está de moda y, como tantas otras modas, también viene de afuera. Consecuencia de los excesos del mundo desarrollado y a la vez solución eventual para los mismos, el consumo sustentable sería la clave para incorporar el cuidado al medioambiente en el consumo, algo que no depende de los gobiernos sino de los ciudadanos. Como dicta el nuevo espíritu de los tiempos, el nuevo consumidor verde debería saber calcular emisiones, preferir los productos que generan menores impactos y exigir más información a fin de tomar las decisiones adecuadas. Para salvar al planeta, también tendrá que aprender a conectar calidad de vida y cuidado al medioambiente con una creciente participación en el mercado de la sustentabilidad: el nuevo hombre verde será consumidor o no será. Y esto, por supuesto, viene acompañado de una ola de nuevos productos: bienes de consumo con la etiqueta “verde” comienzan a poblar los estantes, gadgets ecológicos, nuevos sistemas de energía, reciclaje y transporte sustentable. A su vez, para no quedarse abajo, categorías completas de productos tradicionales se adornan con este apellido (ropa sustentable o ecológica). De un momento a otro, todo parece ser verde y en muchos casos, es sólo de la etiqueta para afuera.

No hay nada malo con esto, siempre y cuando no sea greenwashing. Es, sin embargo, importante reflexionar sobre esta relación entre consumo, compras y sustentabilidad. ¿Es conveniente reducir el consumo sustentable sólo a nuestra condición de ser compradores verdes? En los últimos años, buena parte de la sociología de la sustentabilidad ha propuesto una conexión entre consumo y medioambiente que se aleja de la idea del consumidor como comprador informado.Lo que hay que hacer, proponen, no es sólo insistir en el ya repetido mantra de potenciar un consumidor racional, sino también repensar esas prácticas que organizan nuestra vida cotidiana y que, por lo general, no son objeto de decisiones. Pareciera que el secreto de la sustentabilidad descansa, entonces, en la forma en que se construyen colectivamente convenciones ordinarias, en cómo definimos nuestros estándares de confort, de conveniencia o limpieza, y en el modo en que éstos han ido elevando sus exigencias.

¿Qué tiene que ver esto con el consumidor verde en Chile?

Implica pasar de pensar en el consumo verde como una tendencia que “viene de afuera” a reflexionar sobre los principios que gobiernan nuestras prácticas cotidianas. Así las cosas, pensar el consumo sustentable implica también hacer visible los valores comunes que rigen nuestra vida diaria. Para hacer esto, tal vez además de “importar” conocimientos, debiésemos escrutar nuestras tradiciones. Sumergirnos en nuestro conocimiento local. Ahí residen soluciones insospechadas. De hecho, en Chile existen desde tiempos inmemoriales muchas rutinas basadas en lógicas de consumo sustentable. Las prácticas de ahorro energético o de agua potable, por ejemplo, están instaladas desde hace siglos en los chilenos que viven en el campo. La relación de los habitantes de zonas desérticas con el agua pasa por el uso de sofisticadas prácticas de reutilización y ahorro. De la misma forma, el uso que gran parte de la población hace de las ferias, potencia espacios de compra local. Y por sobre todo, el ahorro y la planificación del consumo es un valor central de muchos hogares chilenos, sobre todo aquellos que tienen menores ingresos. Examinar y visibilizar este tipo de rutinas es un trabajo que recién comienza para la sociología del consumo, una tarea central considerando que en ellas se esconde un patrimonio de prácticas sustentables que tiene la misma o mayor importancia que la compra de gadgets ecológicos.

Sería preocupante que esta nueva moda del consumo termine por ahogar en una ola de productos verdes aquellas prácticas de sustentabilidad que ya tenemos y podemos potenciar. Si no atendemos a ellos quizás en pocos años tengamos que sustituir el concepto de consumo verde por el de consumismo verde. •••

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