Opinión

Más impuestos

Las empresas modernas que se proyectan hacia el futuro son aquellas capaces de dejar de lado su obsesión por la ganancia para buscar la sostenibilidad económica, social y ambiental.

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La reforma tributaria tiene mucho que ver con el país que todos queremos. Indirectamente escuchamos de esto en el Seminario Internacional de RSE hace dos semanas, donde estaban presentes todas las grandes empresas del país. Algunos incómodos escucharon a un Giorgio Jackson y a un Iván Fuentes decir que si todos queremos tener una sociedad más justa y humana, necesariamente algunos deben perder poder y riqueza. Que el empresario moderno es aquel interesado en aportar al desarrollo social y que su único objetivo no es ganar más y más dinero, sino que aspira a un bien social mayor.

¿Cuál debería ser la mirada de una empresa socialmente responsable frente a un alza tributaria? Planteo algunas reflexiones. Según la OCDE el 10% más rico de la población en Chile gana 27 veces el ingreso del 10% más pobre, lo cual crea agresivos niveles de desigualdad. Si aceptamos que nuestras empresas viven en un contexto socialmente violento, las empresas socialmente responsables debiesen ver la reforma tributaria como una “inversión social”, que con un manejo eficiente permita lograr la armonía que necesitan las compañías para funcionar.

Cuando las empresas pagan más impuestos para financiar progreso social, estamos igualando las condiciones. La realidad muestra que si no hay impuestos, las empresas destinan recursos a fines sociales de forma asimétrica, con bajísimas inversiones en relación a sus utilidades. Lo que hace una reforma tributaria es plantear un cambio estructural donde todos asumimos que el mundo es desigual y nos obliga a ser solidarios para un fin que beneficia a todos, no a algunos.

Puedo pecar de ingenuo, pero el llamado es a ampliar la mirada de todos los actores: empresas, ONG y Estado, hacia una posición de entrega y de solidaridad. Invirtamos menos en cercos eléctricos, guardias de seguridad, en marketing, lobby, rankings, premios. ¿Cuál es el real resultado de esto? Más y más aislamiento de las empresas para el consiente colectivo y menos legitimidad para su actuar.

Las empresas modernas que se proyectan hacia el futuro son aquellas capaces de dejar de lado su obsesión por la ganancia para buscar la sostenibilidad económica, social y ambiental. En definitiva, es soltar “la teta” de la que habló el propio Felipe Lamarca y dejar de defender los propios intereses sin considerar el bien mayor. Por otro lado, así como exigimos mayores esfuerzos a los privados, el Estado debe ser transparente y hacer buen uso de los fondos que recauda. Sin este cambio seguiremos debatiendo la letra chica de una reforma tributaria y siendo espectadores de esta pelea política entre dos coaliciones que a pocos les interesa.

No busco instalar la idea de tener un Estado de Bienestar, que termina atentando a la economía y la sociedad con una visión paternalista y asistencialista. Espero que nuestros representantes que discuten este tema en el Congreso se movilicen con un contundente “para qué subir los impuestos” asumiendo una visión país de largo plazo. De este modo, todos podremos compartir la visión de una sociedad con más y mejor educación, una sociedad más meritocrática que nos llevará a desarrollarnos más, no solo en números, sino que en calidad social y humana. •••

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