Opinión

Twitter: una nueva forma de conciencia colectiva

Nuestro columnista, luego de muchas dudas, se dejó tentar por la red social y en poco tiempo se ha transformado en un tuitero entusiasta. Aquí comenta su experiencia.

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Había casi jurado que nunca entraría a Twitter. Hasta escribí sobre sus defectos. Sin embargo, alguien salió a ocupar mi nombre e incluso una foto. Luego salió un segundo tipo también con mi nombre. Me llovían las llamadas por mi nueva actividad, pero no era yo. De esa manera fui casi forzado a entrar a esa realidad y ahí estoy “tuiteando” como el que más.  Soy un twittero “joven”, por lo tanto mi experiencia es limitada, pero esto es lo que he encontrado hasta aquí.

Como tantas otras cosas de la vida en que se cambia de opinión, se descubren mundos que si bien tienen los problemas que ya se le conocían desde afuera, también plantean nuevas ventanas de realidad que ofrecen mucho que enseñar.
Jack Dorsey, Evan Williams y Biz Stone son los jóvenes genios co-fundadores de este fenómeno. Stone señala que se inspiró en la idea de una bandada de pájaros que se coordina en el aire. Una metáfora preciosa. De ahí, es el pajarito que simboliza Twitter. Los pájaros “tuitean” para entenderse. Una bandada que se comunica y que así puede actuar como una. Esa forma de unidad es la característica del mundo digital. Nunca se tocan, se coordinan.

En cinco años, esta es ya una empresa de alcance mundial, y con sólo 30 empleados llega a un valor astronómico estimado en unos 10.000 millones de dólares. Qué tal.  Hoy tiene más de 500 millones de usuarios registrados (no todos activos), es decir casi un 7% de la población mundial. Una comunidad 25 veces más grande que Chile entero, y más grande que los Estados Unidos.  Este último país tiene 110 millones. Le sigue Brasil con 35 millones y Japón con 30 millones. Sorprendente.

Cada día se emiten cerca de 300 millones de tweets.  Entre los que participan en este mundo, un 90% dice estar interesado en los contenidos, un 80% en conexiones personales. Para un 70% es el humor lo que buscan. También estatus. En USA las twitteras superan ampliamente a los hombres, más o menos 60/40, lo que es parecido a Facebook. Google es al revés.  El 50% de los twitteros tiene 34 años o menos. Diría entonces que yo estoy claramente desubicado.

Tal como es volar en bandada, esta es una experiencia, más que una forma de pensar.  Eso lo entienden sólo quienes están dentro de la bandada. Pero de su idea inicial, ha ido evolucionando como todo aquello en lo que participan los seres humanos. Hoy sabemos que hay ahí un fuerte componente puramente egótico, en la búsqueda de seguidores.  Originalmente se ideó para reportar a la bandada deseada lo que se estaba haciendo o dónde se estaba. Preguntar o decir qué haces es la premisa central. Se supone que es para comunicarse solo con las personas que te interesan. Hoy, sin embargo, ya no interesa tanto hacer una bandada con los amigos y relacionados a temas de interés, sino saber quién es el que logra más seguidores e influencia.

También se da un fenómeno curioso de personas que en realidad no quieren escuchar, solo ser escuchados. Son personas que tienen cientos de miles de seguidores, pero ellos no siguen prácticamente a nadie. Lo toman como un medio. El poder se hizo presente como siempre. Así llegó a la red prontamente la política, y generó una sociedad  elitista como toda realidad con alguna forma de vida. Si bien es inicialmente democrático, se transforma en una estructura piramidal por la propia naturaleza humana.

Esa es precisamente la semilla de su propia muerte ya que viola su idea esencial. No es posible hacer bandadas demasiado grandes. No podrían por este medio comunicarse por ejemplo 100.000 personas en que todas hablaran al mismo tiempo. Por eso emerge el liderazgo. Los líderes, en este caso, sólo escuchan un par de cientos. Esa asimetría genera la oportunidad de la próxima tecnología que le ganará a twitter, como esta le ganó a los blogs, cuya debilidad era la lentitud y el exceso de información.

Twitter, entonces, es una forma de organización sin fricción de la geografía, algo tan propio de la realidad digital. Por ello es de alcance global desde el inicio.  Es una manera de encontrar  a otros en temas afines.  Hoy se usa en la política, en los medios de comunicación; y es utilizado también por la policía, por grupos de afinidad, por los agresivos que encuentran como desahogarse, y en fin, hasta por mí. Unos muestran la cara, otros no. En primer lugar, la experiencia es una gran fuente de entretención. Es también un espacio increíble de voyerismo. Es, a la vez, un sistema de alerta temprana societal.

La principal debilidad de Twitter es la trivialidad de las ideas que puede procesar, y la enorme facilidad para descargar rabias, iras, odios, groserías. También es un espacio donde se intercambian buenas vibras. Unos apoyan a otros y solidarizan cuando hay “trolleo”.  Se empieza a vislumbrar algo similar a las corrientes de aire en Twitter que podrían ser las afinidades, los nuevos movimientos políticos, las ideas y valores que predominan en la sociedad.

La gran fortaleza es la velocidad; allí se expresan emociones directas, sin filtro.  Es decir, abre la puerta a una especie de conciencia colectiva más que personal. Detrás de la opinión individual, al menos en Chile, se empieza a configurar una cierta tendencia agregada muy interesante, que refleja rasgos de esa especie de conciencia colectiva cultural de esa sociedad.

Sólo a modo de ejemplo, es interesante cómo aparecen temas recurrentes. Si alguien opina de política a poco andar lo asociarán a la dictadura o a la zurda y empezarán las descalificaciones y defensas. Se usa mucho la segregación entre los malos y los buenos que por ende son agredidos o felicitados más allá de lo poco que dicen. Las noticias en curso son apreciadas como las alertas de cosas relevantes que están ocurriendo.

Los twitteros son hoy los periodistas de avanzada, que operan sin editorial ni censura, lo que es muy apreciado. Si uno pudiera estar más tiempo en ese medio, sería fácil formarse una idea de la cultura y de la conciencia colectiva.  Es evidente que no tiene valor estadístico, pero sí tiene el valor de encontrar las posiciones y de indagar ciertas ideas; al nivel de Twitter por cierto, al nivel de la capa externa de la cultura. Pero esas son las ideas que definen la política, y de ahí su importancia. Esas son las ideas que consumen los productos y eso está siendo observado atentamente por los negocios y marcas.

Kathleen Parker, del Washington Post, señaló que en la edad de la información, saber es igual a ser. Claro, saber en Twitter, es apenas la levedad del ser colectivo.

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