Las películas de Juan de Dios Larraín - Revista Capital

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Las películas de Juan de Dios Larraín

Juan de Dios Larraín –hermano de Pablo, el director– ha jugado un papel clave como productor de más de 20 películas, entre ellas "Una Mujer Fantástica", reciente ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera. Recordamos esta entrevista que dio a Revista Capital en agosto de 2016.

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Por: María José Gutiérrez
Fotos: Verónica Ortíz

fábula

El día de su noveno cumpleaños, Víctor y su amiga Ester deciden decir todo lo que piensan del mundo de los adultos a sus padres y a todos los invitados a la celebración. Ahí, parado en el escenario en la obra final de la Escuela de Teatro de Fernando González está Víctor, que en realidad se llama Juan de Dios. El hijo del presidente de la UDI, Hernán Larraín, y de la ex ministra de Vivienda de Sebastián Piñera, Magdalena Matte. En ese entonces, un alumno más de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica, protagonizando la obra Víctor o los niños al poder, como parte de un curso de dos años de actuación amateur.

Juan de Dios Larraín (38) nunca pensó en ser actor. Tampoco en ejercer de abogado. Eligió el Derecho como una forma de estructurar su “volátil cabeza”. Por eso, cuando en 2006, Pablo Larraín, que recién se iniciaba como director de cine, le pidió a sus dos hermanos, Hernán –cientista político y hoy miembro de Evópoli– y Juan de Dios –recién graduado–, que le produjeran su primera película, Fuga, el menor de los tres hombres Larraín Matte sintió que no tenía mucho que perder. A pesar de que las fiestas de Año Nuevo en la rotonda Pérez Zujovic eran toda la experiencia que tenía en cuanto a producción.

“Nosotros no inventamos la rueda, pero sí somos creativos cuando tenemos que estructurar las películas y ser lo más inteligente posible para tener los socios correctos, con el agente de ventas correcto y con estructurar ciertos fondos y ciertas preventas. Ésa es mi pega, puro oficio”.

Mientras enciende el primero de varios cigarrillos en la terraza de su casa, en la mañana de un soleado jueves de invierno, cuenta que perdió la soltura de cuerpo como para volver a actuar, que era campeón en los concursos de cueca y que uno de los problemas que tiene la formación chilena es que si estudias Derecho te dicen que no eres artista, o viceversa, si estudias arte, olvídate que vas a aprender números. “Te instalan en el hardware que uno es de una manera u otra, cuando uno puede tener habilidades cruzadas, y cuando las disciplinas se juntan aparece mucha potencia. Y es lo que hemos tratado de hacer en Fábula, nuestra productora”, dice.

Juan de Dios Larraín es hoy el más importante productor de cine del país, con 24 películas y 140 comerciales en el cuerpo. La última, Neruda, que se estrena la próxima semana y que fue dirigida por su hermano Pablo, fue ovacionada en Cannes. La idea de hacer una película sobre el poeta chileno fue suya y nació en 2006. “Un sueño que se transformó en un objetivo”, dice.

“Cuando leí Confieso que he vivido, me di cuenta de la potencia de la vida de este señor, empecé a pensar qué tipo de película se podía hacer, había 20 alternativas –lo único que tenía claro era que no sería un bioepic– entonces comenzamos una búsqueda y llegamos a este momento, y luego a la figura del policía Óscar Peluchonneau. Ahí entraron Pablo y Guillermo Calderón y en esas conversaciones salió la idea de que fuera un policía quien cuente la historia”, asegura. “Siempre leí Neruda, me sé algunos poemas de memoria: de Veinte poemas de amor me sé unos tres o cuatro completitos. Pero si esperas que te los vaya a recitar, olvídalo”.

-¿Te imaginaste que sería así la película?

-Nunca. Al principios tienes imágenes, cuando empiezas a visualizar actores, comienzas a darles alguna forma, ves las locaciones. Pero lo que termina siendo la película, es una mezcla entre ritmo, actuaciones, historia. Ese pastel se cocina en el montaje, ahí se reescribe la película.

Fracaso

Larraín viaja unas 15 veces al año, principalmente a Los Ángeles y Europa. En Santiago, lleva a su hija en bicicleta al colegio todas las mañanas y se queda trabajando en su casa hasta las 10, para ahorrarse el taco. De ahí se va a su oficina en Ñuñoa hasta alrededor de las 7:30 de la tarde. Entremedio ve cortes de películas que está produciendo –hasta ocho veces– y lee decenas de guiones. En su casa trata de ver alguna cinta de cine europeo, o serie –ahora está viendo Stranger things, de Netflix– y en su velador tiene el libro Sapiens de Harari. “Los libros son imaginarios a partir de los cuales construyes ideas. Te metes en ese mundo y es imposible salir. Vas al teatro y te pasa lo mismo, sacas dos, tres cosas, las comentas a alguien y quedan dando bote hasta que surgen”.

Jamás se imaginó que así sería cuando en 2006 decidió fundar Fábula. “Mucha gente se tira a hacer una película, y está todo bien: yo fui parte de ellos, pero te enfrentas con algo que es complejo. No sabía ni cómo funcionaban los fondos”, cuenta.

Por eso, cuando comenzó, se reunió con Andrés Wood y Cristina Littin, que terminó siendo productora ejecutiva de Fábula. Y junto a Nicolás Boetsch –creador de Bazuca, que murió en 2008– armaron un plan de negocios. Ganaron un fondo audiovisual, metieron un poco de capital privado e inversionistas a través de un grupo diverso: contactos aquí y allá, alguna gente de la industria y armaron la película con un presupuesto de un millón de dólares. “Teníamos mucha expectativa y a la película no le fue muy bien. Fue fuerte y nos frustró mucho. El cine es una construcción permanente de expectativas”, señala.

-¿Evaluaron retirarse?

-Pablo, como director, no. Yo, como productor, sí. Entramos sólo a hacer Fuga, no era un proyecto de hacer una productora. Pero pasaron dos cosas. Primero, la sensación de irse con la experiencia de fracaso y, segundo, teníamos crédito de IVA porque habíamos recibido muchas facturas. Entonces comenzamos a producir publicidad con Pablo. Nuestro primer comercial fue de Direct TV.

A matter of time

A Direct TV le siguieron otros clientes publicitarios. Un año después, el director Sebastián Silva les pidió que produjeran La vida me mata, y cuando en 2008 hicieron Tony Manero, llegaron a Cannes.

“El otro día comentamos con un amigo que la emoción marca el recuerdo”, asegura Juan de Dios: “Me acuerdo perfectamente del momento en que Pablo me llamó para decirme que habíamos sido seleccionados: yo iba caminando por el estacionamiento de la Universidad Adolfo Ibáñez, donde estudiaba un MBA, en una pasarela de rocas. No lo podíamos creer. Con Cannes se nos abrió el mundo. Entendimos qué rol podíamos tener en la industria, qué oportunidades teníamos. Y nos dimos cuenta de que había oportunidades”.

A la par del cine guiado por las ideas que Pablo desarrollaba, Juan de Dios empezó a producir con otros directores: el Rumpy, Sebastián Silva, Sebastián Lelio –con quien hizo El año del tigre, Gloria y Una mujer fantástica, que se estrena el próximo año– y Marialy Rivas. “Y en eso nos salió Prófugos con HBO”, asegura.

A pesar del fracaso de Fuga, el vicepresidente de HBO, Luis Peraza, después de ver la película contactó a Pablo y Juan de Dios –Hernán ya se había retirado del rubro– y los citó a una reunión en Estados Unidos. Juan de Dios, por escéptico, dice, no fue. Pablo y el productor Rodrigo Flores se reunieron en Miami con Peraza y equipo y le dieron las primeras ideas. Dos años después comenzaron las grabaciones. “Ahora todo es mucho más inmediato”, dice.

En 2010, Fábula se asoció con La Casa Films para hacer servicios de producción para comerciales y, desde hace poco, también películas –como Los 33 y Salty, de Antonio Banderas, que acaba de terminar de producirse, donde sólo entregan servicios de logística, sin controlar guion, ni las decisiones artísticas– y hace dos años, en asociación a la española Secuoya, abrieron una división de televisión liderada por Ángela Poblete, ex productora ejecutiva de Chilevisión. “Nos pasó el año pasado que en algún momento estaba metida el área de servicios, la publicidad, el cine, éramos 80 personas… y colapsamos”, asegura. Así que el equipo de televisión se trasladó a cinco cuadras de las oficinas principales de Fábula en calle Holanda, Ñuñoa.

“Con Cannes se nos abrió el mundo. Entendimos qué rol podíamos tener en la industria, qué oportunidades teníamos. Y nos dimos cuenta de que había oportunidades”.

Esa área, adelanta, ha trabajado en la producción de tres programas y está actualmente produciendo La Vega y el matinal de TVN. Además, tiene varias series avanzadas con estudios. “Está al rojo vivo todo eso. Es lo más efervescente, porque el cine tiene su dinámica propia. Y pasa también que el cine es algo que uno puede planificar hasta cierto punto porque es un oficio de oportunidades. Cuando sale Jackie, justo entremedio de Neruda, fue una oportunidad que tomamos. Y se nos juntó además con Una mujer fantástica, de Lelio, una animación que estamos haciendo que se llama Homeless y La princesita, de Marialy Rivas. Tenemos cinco películas que se van a estrenar próximamente”.

-¿Por qué decidieron entrar a la televisión?

-Cuando llegó esta empresa Secuoya, que hace un montón de servicios, no solamente televisión, y nos propuso esto, tenía mucho oficio en cosas que nosotros no teníamos. Nos pareció interesante empezar a trabajar con ellos, primero haciendo tele, pero también diversificar y hacer otras cosas.

-Están dispuestos a ir a todas…

-Estamos dispuestos a entender que los contenidos están cambiando, que la televisión está virando hacia algo mucho más en vivo, donde lo que va a sobrevivir ahí son los matinales, los avances deportivos, las noticias, el vértigo. Y todo lo que uno pueda ver en otro momento va a salir de ahí. Excepto algunas cosas, yo creo que la teleserie de las ocho va a seguir siempre. El resto se va a ir a Netflix, o a Youtube, o a Amazon, o a Uhlu (una mezcla entre Netflix y Amazon pero sólo gringo), o a páginas web… todo va a llegar a Chile, it’s a matter of time. Amazon va a llegar a Chile con contenido de TV, series habladas en español, etc., aunque sea en 2025. A nosotros nos interesa estar en esa conversación, ir detectando las oportunidades, ir generando ideas y ejecutándolas, o no, pero estar en el proceso.

A París con Natalie Portman

Este año se estrenará Jackie, la película protagonizada por Natalie Portman, sobre los cuatro días que vivió Jackeline Kennedy entre el asesinato de su marido y su entierro. Fue a través de otra película, El club –que gira en torno a un grupo de sacerdotes que viven retirados por casos de abusos, premiada en Berlín– que el entonces presidente del jurado del festival, Darren Aranofsky –director de Réquiem por un sueño y Black Swan–, conoció a los hermanos Larraín. Dos días después de la gala, Pablo recibió una llamada de Aranofsky: “Mira, tengo este proyecto que ya no voy a hacer, que se llama Jackie. Léela y ve si te gustaría producirla”, le dijo.

-¿No lo podían creer?

-Sí, lo podíamos creer. A Pablo le circulaban este tipo de proyectos, le ofrecieron hacer Scarface, que finalmente no va a hacer. Pero ya es Pablo, no me puedo meter ahí.
El 8 de octubre, Juan de Dios aterrizó en el aeropuerto de Charles De Gaulle con su familia, cámaras y maletas. Un mes después, y a dos semanas de comenzar la filmación, se produjo el atentado múltiple en París que cobró la vida a 137 personas. Esa noche del 13 de noviembre, cuenta, la sensación de inseguridad fue abrumadora. Difícil de describir, con gritos y sonidos incesantes de sirenas. Eso los obligó a redoblar la seguridad en las filmaciones y cambiar las rutas de los autos. En febrero se trasladaron a Washington a grabar los exteriores. El mismo día de la grabación afuera de la Casa Blanca, el equipo de Barack Obama les confirmó que tendrían una hora para hacer las tomas. Incluyendo la instalación de los autos de época, escenografías, vestuarios. El resultado fue perfecto.

-¿Cómo es la experiencia de trabajar en ese nivel?

-Fue increíble, familiarmente hablando y por el tipo de profesionales con los que trabajamos: el director de arte es Jean Rabasse, que trabaja con el Cirque Du Soleil y con Polanski; el fotógrafo es Stéphane Fontaine. Es gente muy potente, con mucho carrete y muy buen gusto. Cuando estás metido en esos equipos, lo único que uno hace es aprender. Un agrado trabajar con actores tan talentosos, pero Luis Gnecco, Gael García, Alfredo Castro, la Amparo Noguera, la Antonia Zegers son actores súper mega talentosos también.

-Pero con Jackie estás entrando a la industria de Hollywood. Podría ser un éxito de taquilla mundial…

-Es Hollywood, pero cine independiente, no es estudio. Fue una gran experiencia, está siendo, todavía le queda un tercio del camino. Hay que terminarla, entregarla, estrenarla. Queda pega ahí.

-¿Estarían dispuestos a entrar al cine más comercial de Hollywood?

-Feliz hacer del llamado cine comercial, si quieres decirle así al cine que tenga mucha audiencia. Pero cine de estudio, no. Porque no es tuya la película, te metes en reglas donde tienes muy poco control, con otro tipo de dinámicas y lógicas. Y porque, además, tenemos demasiadas oportunidades de hacer películas que nosotros queramos, con el casting que podemos acceder, que a estas alturas probablemente es cualquier persona, si es que uno tiene la idea correcta.

-¿Cómo se han ido armando todas estas redes?

-En el mundo del cine se producen seis mil películas al año aproximadamente. Pero te vas encontrando a la misma gente, los estudios que se conectarían con uno, que son cinco, los vas conociendo. Nosotros llevamos 11 años en esto, viajando a Cannes, a Berlín, te vas topando a la misma gente, haciendo redes, conectando con ciertos proyectos.

Mirada política

De las 24 películas que Juan de Dios Larraín ha hecho, algunas son buenas, otras más o menos, y otras, de frentón, malas, reconoce. “La que más me ha costado hacer es Neruda: es muy grande, muy jodida, muy compleja, con mucho socio, con mucho talento de diferentes lugares, en cinco países. Y la que más orgulloso me ha dejado en cuanto al resultado artístico yo creo que es El club, o Post Mortem”.

“Probablemente soy un punto intermedio, pero no estoy convencido de que Hernán sea de derecha y Pablo de izquierda. Yo no conozco a nadie de esta generación que se defina tanto. Claramente los tres somos liberales, es la posición un poco de lo que vivimos en mi casa”.

-¿Por qué el rol político en las películas que hacen? Hay quienes dicen que sirve también como una herramienta de marketing…

-Yo no le diría marketing. Tú no necesitas hacer una campaña para presentar a Pinochet, es conocido en todo el mundo y la dictadura chilena también. Si se hace mucha película política, el interés por verla está en que la película funcione. Pero hemos hecho películas políticas, no políticas, comedias, de todo. Género no hemos hecho nunca, ni documental.

-Hernán, tu hermano, es parte de Evópoli, Pablo más cercano a la Nueva Mayoría, ¿a qué sector político eres más afín?

-Yo creo que somos bastante cercanos. Probablemente soy un punto intermedio, pero no estoy convencido de que Hernán sea de derecha y Pablo de izquierda. Yo no conozco a nadie de esta generación que se defina tanto. Claramente los tres somos liberales, es la posición un poco de lo que vivimos en mi casa.

En las elecciones pasadas, cuenta, votó en primera vuelta por Andrés Velasco y no votó en la elección Bachelet-Matthei. “El hecho de no participar conscientemente, y no de flojo, también es una expresión, pero me atrevería a pensar que los derechos tienen que ver con los deberes también. A mí la idea del voto obligatorio creo que es algo que debiera pensarse. Es importante participar, o que sea obligatorio y uno tenga que ir a desincribirse o ir a votar nulo”, dice.

Junto a otros miembros de Fábula, en junio llevaron a cabo un encuentro local por la nueva Constitución. “Más que ideas novedosas sobre una nueva Constitución, pude constatar la mirada de mucha gente que siente no ser parte de algo. Ser parte de un país que es manejado por súper poca gente: izquierda, derecha, empresarios, prensa. Yo creo que ése es el gran desafío de Chile y es una ola que va revolcando a todo el mundo, porque cuando entra la bancada estudiantil después de un tiempo, pasa que aunque no quieran, se hacen parte de lo mismo. Chile es hoy una organización con ciertos esquemas donde algunos toman las decisiones.

-Entre esos está tu papá, senador y presidente de la UDI.

-Por supuesto.

-¿Y eso qué te genera?

-Mi papá y muchos otros son gente de buena fe, que han hecho un aporte y está bien, probablemente también son responsables del actual modelo. Pero cuando uno hace un encuentro para conversar sobre qué país quieres vivir, lo que uno rescata es el espíritu de construir Chile juntos. Somos un país tan segregado, con muy pocas voces.

-En una entrevista, tu hermano Pablo dijo que le dio vergüenza haber tenido una infancia cómoda y ciega. ¿A ti también?

-No, para nada. Tuve una infancia feliz, una adolescencia más complicada, pero eso les pasa a todos. Era súper rebelde y creo que de alguna manera lo sigo siendo. Me portaba pésimo en el colegio, muchas veces estuve a punto de que me echaran por conducta, desafiaba a la autoridad todo el tiempo.

Juan de Dios hizo la enseñanza básica en el colegio Apoquindo –hoy Mayflower– y la media en el Francisco de Asís. Dice ser orgulloso de los dos, y que sus amigos son de ahí. “Nosotros éramos diferentes, mis papás nunca quisieron gente perfecta en la casa, ni nos jodían por las notas”, cuenta.

-¿En tu casa se discutía mucho de política?

-Un tiempo se discutió mucho, peleas muy frontales, pero eso después pasó.

-¿Qué tienen ganas de hacer después de que terminen los proyectos en que están ahora?

-Tenemos varias ideas en desarrollo, algunas en televisión, otras en cine. Yo creo que las películas de período ya están, tengo ganas de hacer una película moderna. Nos vamos a quedar un poco pegados en el mundo del inglés después de Jackie –nunca puedes anunciar algo si todavía no está firmado el contrato– y no vamos a dejar de hacer películas en español. Eso nunca, pero hay que comenzar a expandir, hacer otros proyectos, aventurarse a filmar afuera, no sólo en Estados Unidos. Y al menos en las cosas que yo proponga, siempre vamos a jugar un poco al límite en términos de hacer películas que sean incómodas, pero ojalá que tengan mucha audiencia.

-¿El mayor premio sería ganar un Oscar?

-Yo creo que el mayor premio es romperla en audiencia. Preferiría hacer una película con mucha audiencia que no ganara el Oscar, que hacer una con poca audiencia y que sí lo ganara. •••

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Cómo funciona el negocio

Fábula hoy tiene diferentes fuentes de financiamiento, pero todas confluyen en una misma cuenta corriente. La publicidad tiene una dinámica propia y en algún momento financió la estructura de la empresa. “Las películas hemos tenido que aprender a hacerlas y que tengan financiamiento propio. Y ahí hay montón de fuentes que tienen que ver con coproducciones, con fuentes internacionales, fuentes locales, con preventa, adelantos de agentes de ventas. Lo que nos pasó con Tony Manero (2008) –que ganó varios premios internacionales– fue que entendimos que las siguientes películas de Pablo podían tener interés afuera, y eso tenía un valor. Entonces la pregunta era cómo estructurar, adelantar las platas de ese eventual valor, cambiando territorios por plata para poder filmar. Nosotros no inventamos la rueda, pero sí somos creativos cuando tenemos que estructurar las películas y ser lo más inteligente posible para tener los socios correctos, con el agente de ventas correcto y con lograr ciertos fondos y ciertas preventas. Ésa es mi pega, puro oficio. Es imposible que alguien te lo explique en cuatro horas y que digas: ya estoy listo, ya entendí. Se aprende en el camino”.

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Sebastián Lelio, director de Gloria

“Nuestros caminos profesionales se cruzaron después de que hicieran Post Mortem. Me parecía súper potente la manera en que estaban enfrentados los límites de lo que es posible hacer en el cine en Chile, desde Chile o fuera de Chile. Juan es muy bueno para romper techos que nos hemos autoimpuesto. Hay una tendencia a ser acomplejados o apocados y un castigo al que se atreve a ir más allá de la zona de confort. Él nunca ha tenido ese miedo. Eso, mezclado con una capacidad profesional superior, lo hacen ser un productor de primer nivel. Valoro la apuesta por los proyectos: que digas que quieres hacer una película de una señora que quiere seguir de fiesta y te digan: vamos”.

Daniel Villalobos, guionista de El club, Premio Platino al Mejor Guion

“Juan de Dios es un facilitador para que todos los equipos funcionen bien, que todos corran por su carril. El club no se parecía en nada a lo que habían hecho, donde muchos departamentos trabajaban en paralelo mientras la historia se terminaba de escribir, y eso Juan de Dios lo llevó de buena manera. Cuando vi la película en pantalla, no podía creer que lo que habíamos escrito se hubiera llevado al cine de una manera tan profesional. Era un experimento y podía salir muy mal. Era una historia rara. Si El club hubiera hecho la ruta de los fondos, probablemente no se hubiese llevado a cabo”.

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