Revista Capital

Un príncipe en La Pincoya

Por :María José Gutiérrez
Fotos: Verónica Ortíz

El primer contacto con Chile fue por un post-it: “Necesito dónde vivir, soy chileno”. En un muro de la Escuela de Arquitectura de París, el mensaje llamó la atención de Romain de Chateauvieux, un estudiante francés de segundo año que vivía en un departamento para él solo en el barrio bohemio de Menilmontant. Se puso en contacto con el remitente del mensaje y le arrendó una pieza.

Un mes después, De Chateauvieux figuraba con un pañuelo blanco en la mano, una empanada en la otra y tomando piscola mientras sonaba cueca de fondo. Por eso cuando decidió irse de intercambio no lo pensó dos veces, y se vino a Chile por un año.

Arrendó una casa en Bellavista con tres amigos y subarrendó las otras piezas a otros estudiantes. “Fue un desastre”, recuerda. Al final del semestre reprobó todos los ramos y con eso perdió el año completo. Entonces le llegó una invitación de un amigo de la familia para que fuera a verlo a Brasil. Un cura que estaba viviendo en la favela de Los Alagados en Salvador de Bahía, una de las dos más pobres del país, construida en palafitos sobre un vertedero...

“Hay un paternalismo en Chile que vivo en carne propia cuando hay empresas que llegan en Navidad y quieren regalar juguetes. Para mí eso es vomitar una falsa caridad, quitarle la dignidad al pobre”.

“Cuando visitamos La Pincoya la primera vez, sentimos que aquí era. Buscamos arriendo y no había, tuvimos que comprar una casita. Y ahí partimos por caminar por la calle, tocar puertas para conocer a la gente”, cuenta Romain.

“Para nuestra gente la PSU es como el Everest, una cuestión que asusta, que más de una vez te va a humillar, una cuestión de mucha plata. Creo que hay un cambio que va a ser lento, pero en eso las fundaciones y gente de buena voluntad pueden ayudar. El gobierno solo va a ser difícil”.

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