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Neil Harbisson: “A veces tengo dolor de antena”

El primer cyborg del mundo, reconocido como tal por el gobierno británico, percibe más de 300 colores gracias a una antena que se implantó en el cráneo hace 14 años. “Es un órgano que va evolucionando en el tiempo. Una parte del cuerpo como cualquier otra”, dice.

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Por: María José Gutiérrez
Foto: Lars Norgaard

Durante 11 años, la vida de Neil Harbisson transcurrió como la del resto de los niños de Mataró, España. De hecho, el hijo de un matrimonio irlandés-español, veía de noche mejor que sus compañeros, también veía mejor a distancia, memorizaba mejor las formas y podía detectar camuflajes de mejor manera.

Hasta que ese año, a través de un test, se dio cuenta de que los colores que conocía eran sólo grises: tenía ceguera de color, también conocido como acromatismo.
“Nunca lo sentí como un problema, ni una discapacidad, ni disfunción”, asegura Harbisson al teléfono desde las calles de Barcelona, donde fue a visitar a su madre. “Para mí ver en blanco y negro fue ventajoso, hasta que quise crear arte”, agrega.

Cuando cumplió 18 años se trasladó a Dublín a estudiar piano y al año siguiente partió a Londres a aprender composición musical experimental en el Dartington College of Arts. Curioso de cómo serían las cosas en colores, determinó que su forma de conocerlos sería a través de los sonidos. “En la universidad nos proponían usar tecnología en el arte. Y a mí me interesó probar lo que pasaría si la tecnología se integraba adentro del artista: crear tus órganos, diseñar tu percepción de la realidad, convirtiéndote a ti mismo en tecnología. Fue un proyecto y se ha convertido en mi vida”, asegura.

A los 20 encontró un cirujano anónimo dispuesto a implantarle un aparato cibernético que pudiera mejorar su “ser biológico”. Tomando un diseño de Harbisson en colaboración con los alumnos de robótica del Dartington College of Arts, el médico le instaló una antena sujetada a tornillos que salían de la cabeza. Años más tarde, se la metió bajo la piel. Y cinco años atrás le perforó el hueso del cráneo para implantársela adentro. “Pero no es la última operación. Es un órgano que va evolucionando en el tiempo”, dice.

-¿Te molesta?

A veces tengo dolor de antena, como alguien puede tener dolor de muela, entonces me tomo un paracetamol y se va el dolor. Pero hace casi 14 años que tengo esta antena, es una parte del cuerpo como cualquier otra.

GoPro y palos de selfies

Cuando en 1960 Manfred Clynes creó el concepto cyborg, este hacía referencia a la intervención humana para explorar y sobrevivir en entornos nuevos. Neil Harbisson fue el primero del mundo en reconocerse oficialmente como tal, cuando el gobierno británico le permitió aparecer en la foto de pasaporte con la antena en la cabeza. Harbisson argumentaba que no se trataba de un aparato electrónico, sino que una extensión de su cerebro.

“Para el final del siglo, imprimiremos nuestros propios órganos implantados con ADN en vez de chips. La posibilidad de que los niños nazcan con estos sentidos nuevos es real”.

La antena le permite al artista percibir 360 tonos, que van desde los infrarrojos hasta los  ultravioletas, y recibir otros de elementos externos, como satélites. “Puedo percibir colores extraterrestres recibiendo vibraciones en la cabeza”, dice.
A los cinco meses de la intervención soñó en colores por primera vez, percibiéndolos de la misma forma que la sensación que le daba el software. “Ahí me convertí en un cyborg”, dice.

Era 2004 y las personas en la calle le preguntaban si la antena era una luz para leer. En 2007, cuenta, suponían que era un teléfono manos libre. En 2008 y 2009, pensaban que era una cámara GoPro y en 2016 que era un palo para sacar selfies. En Italia, incluso, le preguntaron si la antena le permitía hacer cappuccinos.

Lo que en realidad hace el aparato es tomar los colores que tiene al frente, a través de un sensor de fibra óptica, y convierte sus frecuencias en vibraciones mediante un microchip. Las vibraciones luego se transforman en frecuencias de sonido, transformando al cráneo en una especie de tercer oído.

“Cuando pones vibraciones dentro de un hueso, estos se convierten en sonidos internos, que es diferente al sentido de oír a través de la oreja. Es un sentido imposible de comparar con cualquier otro”, explica.

-Pero en tu charla TED tomabas por ejemplo un pañuelo morado, se emitía un sonido y ahí decías de qué color era. Debe ser agotador sentir esos ruidos todo el tiempo.
-En la charla intenté recrear algo similar a lo que yo percibo. Pero para percibir lo que yo siento, te tendrías que implantar la antena. Al principio era algo nuevo para mi cerebro, entonces tardé un par de meses en acostumbrarme. Pero ahora es normal.

“Incorporar nuevos sentidos no te hace más inteligente”

Harbisson es un hipster que viste colores fuertes como amarillo, rojo o calipso porque le gusta cómo suenan. Tiene el pelo rubio cortado como una callampa. En la parte de atrás de su cabeza está el punto de entrada de la antena, donde la carne rosada fue presionada por una placa rectangular con dos anclas. Un implante conectado sostiene el microchip vibrante y otro implante es un centro de comunicación bluetooth, para recibir colores a través de su smartphone.

“El límite no está en la cantidad de sentidos nuevos que podamos tener, sino en el uso que tengan Estos de la misma forma que los sentidos que tenemos ahora, que se pueden usar para fines buenos o para fines malos”.

Dice que no sabe cuántos años tiene. “Depende de lo que cuente. Porque tengo órganos más jóvenes que otros, mi antena es más joven que el resto de mi cuerpo, por lo tanto, ahora decir qué edad tengo es relativo”, señala.

-¿Cuál es el próximo paso?

-Acabo de crear un nuevo órgano para el sentido del tiempo. Una corona solar que se inserta entre la piel y el hueso en la cabeza, y que funciona con un punto de calor que tarda 24 horas en dar vueltas a mi cabeza. Al notar el punto en mi cabeza sabré dónde está el sol en el planeta y qué hora es. Es como tener un reloj de sol a través de un nuevo órgano interno. Con él voy a poder cambiar mi percepción del tiempo. Cinco minutos pueden ser muy largos o muy lentos, dependiendo del momento o de la persona. Si tienes un órgano para el tiempo, puedes controlar esa percepción. Ese es el experimento. De la misma forma que podemos crear ilusiones ópticas o visuales a partir de los ojos, en teoría puedes crear ilusiones de tiempo si tienes un órgano de tiempo. Esto es llevar la teoría de la relatividad de Einstein a la práctica.

-¿Cuál crees que es el límite moral en el uso de tecnología en el ser humano?

-El límite no está en la cantidad de sentidos nuevos que podamos tener, sino en el uso que tengan estos. De la misma forma que los sentidos que tenemos ahora, que se pueden usar para fines buenos o para fines malos. Incorporar otros nuevos, no necesariamente te hace más inteligente.

-En una entrevista dijiste que los humanos podrán nacer con estos nuevos sentidos…

-Una vez que incorporemos nuevos sentidos modificando nuestros genes e imprimiendo nuestro ADN, los hijos de estas personas con estos sentidos nacerán con los nuevos sentidos.

-¿Cuán lejos estamos de eso?

-Para el final del siglo, imprimiremos nuestros propios órganos implantados con ADN en vez de chips. La posibilidad de que los niños nazcan con estos sentidos nuevos es real. Si sus padres han modificado sus genes o hecho órganos nuevos, estamos hablando del principio del renacimiento de nuestra especie.

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Terremotos y lunamotos: los otros casos

Existen diferentes tipos de cyborgs: los biológicos, que por razones médicas cuentan con aparatos tecnológicos implantados; otros que se consideran cyborgs sin tener implantes porque se identifican con este tipo de tecnología, y otros que son por razones artísticas, explica Harbisson.

En el último grupo existen dos personas en el mundo. Él y Moon Ribas, la segunda en ser reconocida con esta condición. Con un monitor sísmico en su teléfono conectado a un magneto vibrante en su brazo, percibe en tiempo real los terremotos de todo el mundo a través de vibraciones, lo que según Harbisson le permite sentirse conectado a las emociones de la Tierra e interpretarlas a través de la danza.

En septiembre se sumará un tercer cyborg: Manel Muñoz, residente de la fundación Cyborg, creada por Harbisson en 2010, tiene instalado un órgano en la oreja que le permite notar los cambios de presión atmosférica, lo que le da sensaciones nuevas que ocupa artísticamente. En los próximos días se pondrá un implante que le permitirá percibir los lunamotos, o movimientos sísmicos lunares.

“Tenemos muchas colaboraciones en universidades en Nueva York. Pero de los alumnos, pocos han decidido ponerse implantes. Los utilizan como accesorios, pero no están dispuestos a hacerse una cirugía transespecie que les añade sentidos y órganos que no son tradicionalmente humanos”, dice.

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