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Los complejos días de Alvaro Elizalde al frente del PS

Luego de las revelaciones sobre las polémicas inversiones del PS y las heridas que aún no cierran de la bajada de Lagos, algunos concertacionistas han recordado su papel en la crisis de la FECH en 1993.

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El Partido Socialista vive un momento difícil. No sólo por la polémica tras conocerse que había invertido en SQM y Pampa Calichera, sino porque aún quedan heridas luego de que Ricardo Lagos no fuera nombrado candidato.

Entre conocidas figuras de la antigua Concertación, la conclusión es tajante: una parte de la responsabilidad recae en Álvaro Elizalde, quien lleva un mes al mando del partido de Salvador Allende. Aunque su rápida reacción y reconocimiento del error fue bien evaluada, las críticas no han amainado.

Respecto de las inversiones del PS, el columnista Carlos Peña escribió en El Mercurio: "hay una obvia contradicción que merece ser explicada entre condenar los conflictos de interés ajenos y desatender los propios".

Asimismo, el cientista político Patricio Navia en El Líbero sentenció: "La polémica que se ha generado en torno a la revelación sobre la forma en que el Partido Socialista invirtió su patrimonio en el mercado financiero constituye una cucharada de su propio chocolate para un partido que ha liderado las acusaciones contra el ex Presidente Sebastián Piñera por las dificultades que históricamente ha tenido el candidato presidencial para separar la política y el dinero".

Fuera de esta controversia, que puede costar cara al PS en la contienda electoral (tanto Carolina Goic como Alejandro Guillier han tomado distancia y criticado a la tienda socialista), lo que todavía no se olvida es la actuación de Elizalde en el episodio que terminó con la bajada de Lagos y la nominación de Guillier, en votación secreta, como candidato del PS.

El académico Edison Ortiz, en El Mostrador, publicó una durísima columna en que culpó al actual presidente del PS de haber maquinado para sacar a Lagos: "Elizalde y los suyos atrapados en su propio laberinto, sin saber aún cómo saldrán de este atolladero en el que por voluntad propia ingresaron, por pensar que la política solo es el arte de sacar a otros, para ponerse a sí mismos en los puestos expectantes de acceso a la burocracia del Estado", concluyó.

Algunos viejos concertacionistas también ha sacado a relucir un episodio del pasado, cuando Elizalde fue presidente de la FECH en 1993 y cuyo mandato terminó en una severa crisis de la federación estudiantil de la Universidad de Chile.

En el libro Generación, de Víctor Muñoz, se relatan así los hechos: "En 1993, en medio de acusaciones de corrupción en el manejo de los recursos, la FECH colapsó luego de no poder realizarse la elección que reemplazara a la directiva presidida por el socialista  Álvaro Elizalde". Esto, según el autor, derivó en la pérdida de hegemonía de la juventudes del PS, DC y PPD en el movimiento universitario y, por contraste, en el ascenso de nuevas corrientes de izquierda, como Surda, muy críticas de la transición.

Después de eso, escribió Ortiz, "la Juventud del partido jamás volvió a ser la misma y, cada vez más en el tiempo, fue decayendo su peso interno... y asimismo como organización de masas, hasta hoy, en que ya nadie sabe siquiera quién es su timonel. ¿Le ocurrirá lo mismo con la presidencia del PS? ¿Álvaro apagará la luz y cerrará la puerta?".

Lo paradojal es que hoy Elizalde enfrente un escenario parecido: como coinciden varios observadores, la baja en las encuestas de Alejandro Guillier, fuera de errores en la campaña, se debe principalmente al ascenso de Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, un movimiento que tiene troncos en común con la izquierda extra concertacionista de los 90.

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