Negocios

El otro Kast

Bavaria cumplirá 55 años. Detrás de esta cadena está Cristián Kats, hermano de José Antonio y tío de Felipe Kast, ambos pre candidatos presidenciales.

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Un mes antes de ser electa alcaldesa, Evelyn Matthei hizo un evento para reunir fondos para su campaña. Su idea inicial era realizarlo en el restorán Bavaria de Manuel Montt, un clásico de la comuna, con una fórmula sencilla: un completo a cambio de recursos. Pero no fue posible. Cristián KastRist, el dueño de la cadena de lomitos y cecinas, se negó. “No quiere tener ninguna relación con los políticos, ni tampoco que lo estigmaticen como el restorán de la derecha”, asegura un cercano.

Por la misma razón, ni José Antonio KastRist ni Felipe KastSomerhoff –ambos precandidatos presidenciales– le han solicitado jamás hacer un evento en alguno de los locales, a pesar de ser familiares directos. El primero es su hermano. El segundo, su sobrino.

De Cristián Kast Rist (60) virtualmente no hay registro en Internet. Jamás ha dado una entrevista y le gusta el bajo perfil. Vive en Buin, al lado de José Antonio, no usa smartphone, acaba de crear una cuenta de email –que solo revisa en la oficina–, y hasta hace cinco años usaba máquina de escribir y mandaba cartas. “Lo importante está en terreno”, suele repetirles a sus cercanos. Malo para recibir halagos, dice que el Bavaria es mérito de su padre, Miguel Kast Schindele. Pero sus cercanos aseguran que fue el cuarto de los diez hijos del matrimonio Kast Rist quien transformó el local de Paine en una empresa con presencia en casi todo Chile.

Los pollos de colores

Cuando Miguel Kast S. llegó a Chile –el 11 de diciembre de 1951–, se instaló en una parcela de cuatro hectáreas en Buin con el temor de que estallara una tercera guerra mundial que cercenara sus proyectos. Cinco años antes, se había casado con Olga Rist, a quien dejó en Bavaria –en el sudeste de Alemania– junto a dos hijos, mientras él preparaba la llegada del clan al otro lado del mundo.

El técnico agrícola plantó cuanta cosa existía, pero el negocio del campo nunca logró despegar. Luego probó suerte con la crianza de aves y tampoco le fue bien. Intentó entonces con los huevos. De hecho, llegó a tener nueve mil gallinas ponedoras y una producción de siete mil huevos diarios. Pero no hubo caso: la peste aviar mató a tres cuartas partes de su plantel.

Aún no se recuperaba de ese golpe, cuando un día, mientras caminaba por calle Huérfanos, vio un cartel que anunciaba la venta de pollos de colores. De inmediato supo lo que debía hacer con los pollos supervivientes que tenía en Buin. Preparó una tina con anilina y los tiñó: el regalo fue un hit navideño, con despachos de Arica a Punta Arenas.

Tras ese primer golpe de suerte, las cosas fueron mejorando y a fines de los años 50, con su familia ya en Chile y ocho de sus diez hijos nacidos, decidió dejar el rubro de los pollos –porque había aumentado demasiado la competencia– e ingresar al de las cecinas, algo que soñaba desde que vivía en Alemania. En el lugar donde estaban las incubadoras de pollos, implementó una fábrica de embutidos. El matrimonio KastRist se levantaba a las 5 am todos los días para preparar los despachos: Miguel se encargaba de la mercadería y Olga de las facturas. Llegaron a faenar 20 cerdos a la semana, que eran vendidos a distribuidores y directamente en la Vega Central.

En 1962 dieron el salto. En el kilómetro 42 de la ruta 5 Sur, al lado de la ermita de Fátima, abrieron el primer Bavaria, un local de 20 m2 donde se vendían cecinas y sándwiches preparados por la dueña. La primera semana vendieron 500 lomitos y al poco tiempo se convirtieron en una parada obligada para los camioneros. Al año agrandaron el local y extendieron la venta a Talagante, Rengo y San Francisco de Mostazal. Volvieron a remodelar y abrieron el segundo local, al frente del “Fátima”, como siguen llamando al primer restorán en la familia.

Desde chicos, los Kast trabajaban en el Bavaria para las fiestas de fin de año y fechas importantes. Mientras los hombres limpiaban los interiores de los animales y ayudaban en la elaboración de cecinas, las mujeres oficiaban de cajeras a partir de los 12 años. Lejos, el que más participaba en el negocio era Cristián.

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