Arístides Benavente, presidente de Komax: "Los empresarios no podemos seguir acumulando plata" - Revista Capital

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Arístides Benavente, presidente de Komax: “Los empresarios no podemos seguir acumulando plata”

Arístides Benavente lo tiene claro: “Quiero que otros empresarios entiendan que sin filantropía, esta cuestión no funciona. No puede ser que algún porcentaje de las platas que estamos recogiendo en nuestras empresas, no vuelvan al sistema de manera absolutamente desinteresada”. Y él pretende dar testimonio para que sus pares se hagan la siguiente pregunta: “Si este huevón puede, por qué yo no”.

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Por: María José López
Fotos: Verónica Ortíz

Arístides Benavente no practica deportes outdoors. Contrario a lo que pudiera pensarse, al presidente de Komax, el holding que tiene entre sus íconos a The North Face, no le gusta subir cerros ni la ropa. Lo de él, dice, son los caballos. Y leer.

Tampoco se apuró en conocer a Douglas Tompkins, el fundador de la marca que él representa, junto a su socio, Carlos Alberto Cartoni, desde el 2001. Benavente tenía ciertas “reticencias por cómo el ecologista estaba haciendo las cosas en Aysén”. El encuentro ocurrió recién a principios de 2015, pocos meses antes de que Tompkins muriera tras caer de su kayak en el lago General Carrera.

Recuerda que le dijo: “Douglas quiero crear una fundación para cuidar pueblos de la Patagonia de Aysén”, y que Tompkins le respondió de inmediato: “Tienes que conocer el Amarillo”. A poco andar, viajaron juntos a la localidad de 23 casas que en los 90 el ecologista levantó frente al Parque Pumalín, a pocos kilómetros de Chaitén. Hablaron horas sobre su trabajo y la resistencia que enfrentó el ecologista. Benavente le reveló que el nombre de la ONG que quería formar sería Fundación Patagonia de Aysén y que el foco estaría en el turismo comunitario.

Luego de ese primer periplo, Tompkins lo acompañó a recorrer Cerro Castillo, la villa de 500 habitantes emplazada a 90 kilómetros de Coihaique, que sería el “piloto” para poner en marcha su iniciativa. A pesar de sus diferencias –Benavente cree que Tompkins no mantuvo la identidad del Amarillo–, recuerda que tuvieron mucho feeling. De hecho siguieron en contacto, “pimponeando” ideas hasta que ocurrió el accidente.

Benavente reflexiona unos segundos, y agrega: “Hay dos cosas que son rescatables de él y que pude agradecerle personalmente”.

-¿Cuáles?

-Haber puesto en valor un lugar en el que no teníamos ningún interés, que es la Patagonia de Aysén. Y segundo, nos enseñó el concepto de filantropía. Fue el primero que nos dijo “señores, esta cuestión tiene que ser incorporada dentro del modelo, si no, no funciona”.

Para Arístides Benavente, Tompkins es el único filántropo real que ha pisado Chile.

Empieza el murmullo

Arístides Benavente Aninat creció en el campo. Su padre, un agricultor de Concepción, era dueño de un fundo en Chillán, y fue ahí, en un internado de la zona, donde este hombre, el cuarto de seis hermanos, cursó su enseñanza básica. Ahí también despertó el amor por los caballos –él mismo trajo seis en avión de Hungría–, animales que lo llevaron a ser campeón chileno de enganches, carreras enduro de coches, a principios del 2000.

Estuvo en la VIII Región hasta los 70, cuando el patriarca lo perdió todo durante la reforma agraria. Entonces, los Benavente se trasladaron a Paraguay por tres años. Finalizó sus estudios en el Instituto Nacional y luego estudió ingeniería civil, en la Universidad de Chile.

Los primeros pasos empresariales los dio junto a su socio histórico, Carlos Alberto Cartoni, con quien fundó una corredora de bolsa que operó entre 1988 y 1993. Ese año Cartoni se lanzó a las aguas del retail y fundó Komax, que además de The North Face, maneja Gap, Brooks Brothers, Polo y Banana Republic, entre otras. Mientras Cartoni recorría el mundo buscando nuevas marcas para representar, Benavente era el gerente general y vigilaba las tiendas para que el negocio escalara. Así fue hasta 2014. Ese año, Linzor Capital inyectó un aumento de capital y entró como tercer accionista de la empresa, la que hoy está valorizada en unos 70 millones de dólares. “No podíamos seguir solos en Komax, porque no teníamos recursos, entonces incorporamos al fondo de inversiones y me fui”, asegura. Asumió la presidencia de la empresa, arrendó una oficina en Vitacura y comenzó a cranear dos emprendimientos: Toteat –una plataforma virtual que administra 270 restaurantes en línea y que este año se lanza en España– y Fundación Patagonia de Aysén.

“Trabajé 25 años en el negocio de la ropa, me dediqué a hacer de Komax una compañía que generara mucho valor para todos. Tengo mi plata y quiero dar oportunidades, las misma que me dieron a mí otras personas”, señala.

-¿Por qué eligió la Patagonia para hacerlo?

-Tenía la obligación de crear un proyecto propio, creo que todos debemos hacerlo, y el lugar que más me gusta en el mundo es la Patagonia, de hecho tengo un campo en Río Leones. Tenía que ser ahí.

Eligió Cerro Castillo para partir porque es lo más visible cuando se viaja al extremo sur. Lo primero que hizo Arístides Benavente fue comprar la que, a su juicio, era “la casa más fea del pueblo”. La construcción, en la calle Freire, estaba vieja y media caída. Él la pintó, arregló su reja, su fachada y la convirtió en la sede de su fundación. El pueblo empezó a murmurar. ¿Quién es él? ¿A qué viene? No hubo respuestas.

Luego eligió otras tres casas ubicadas en puntos estratégicos del pueblo. Les ofreció a sus dueñas repararlas. Sólo una de ellas aceptó. Benavente contrató a Pablo Barrientos, un “famoso” en la villa, como jefe de obras y a tres de sus maestros. Tras ver los resultados, las dos casas reticentes se sumaron. Entonces, el murmullo subió de volumen y algunos vecinos fueron a tocar la puerta de la fundación para decir que también querían el trabajo para sus casas.

Otros, sin embargo, empezaron a desconfiar del nuevo vecino. Benavente se dio cuenta de esa inquietud, así que le pidió a Barrientos que reuniera al pueblo en la sede comunitaria, al lado de la iglesia. Llegaron 130 personas de las 450 que viven ahí. Un hito en las asambleas que hasta entonces se habían organizado. “No vengo a arreglar sus casas”, aclaró ante los ojos expectantes de los vecinos. “Vengo a trabajar aquí para que ustedes puedan transformar esta villa en una que sea reconocida mundialmente, que sea un lugar donde los turistas puedan alojar con ustedes para que mejore su calidad de vida”.

“Usted es el palo blanco de Tompkins”, acusaron algunos, y él tuvo que salir a tranquilizar al tumulto: “No voy a comprar ninguna propiedad más, y espero que ni uno de ustedes venda, porque si salimos adelante, sus terrenos van a valer oro. Ustedes pongan los materiales, yo los ayudo con la capacitación de administración y mano de obra. Yo apoyo, pero no regalo”, les aclaró.

“La plata es la sangre”

“Para que esto resulte, se requiere mucho trabajo y tiempo. Y necesito que mis dos compañías –Komax y Toteat– sean muy rentables. La plata para mí es la sangre que me permite hacer otros proyectos. Me interesa ganar mucha plata para hacer cosas que agreguen valor al sistema”, confiesa.

-¿Cuánto dinero está destinando a la filantropía?

-No es que tenga tantos recursos pero los pocos que tengo, los quiero entregar. Quiero que otros empresarios entiendan que sin filantropía, esta cuestión no funciona. No puede ser que algún porcentaje de las platas que estamos recogiendo en nuestras empresas, no vuelvan al sistema de una manera absolutamente desinteresada. La filantropía no es sólo para Eliodoro Matte. Es para todos. Yo no tengo ni el 0,1% de la plata que él tiene. Pero estoy gastando el 25% de mis ingresos, que es mucho, en un proyecto que le ayuda al país.

-¿Le interesa la plata?

-Me encanta ganar plata, mucha plata. No lo dudo ni un minuto. La diferencia está en cómo me la gasto. Lo que gane, no se puede acumular. Los empresarios no podemos seguir acumulando plata. Tiene que ser devuelto a Chile. Por ejemplo, con el emprendimiento. Lo que están haciendo con los emprendedores chilenos da pena.

-¿A qué se refiere?

-Por aquí pasan muchos emprendedores, vienen a verme, me piden consejos, y lo primero que me dicen es que cuando se acercan a inversionistas, ellos les preguntan cuánta plata necesitan, y lo segundo, qué porcentaje del negocio están dispuestos a ceder a los capitalistas. No existe un espíritu de que el otro pueda surgir sin que yo no tenga ni una retribución. Por eso la mayoría de los emprendedores está absolutamente decepcionada de la gente que tiene plata.

Si se quiere gastar un 20% o 30% de los ingresos en viajes o autos, okey, pero también hay otras formas: uno puede tener un Toyota, viajar dos veces al año y tener 10 camisas en vez de 50. Todos somos parte de un sistema, y hoy hay una gran “cagá” en el mundo, particularmente en Chile, donde algunos siguen creyendo que a unos les puede ir bien y a otros mal. Pero a mí, ese pensamiento no me cuadra. Por eso hice el switch.

-¿Qué hizo?

-Me salí del día a día. Entré a los directorios y me dediqué fuertemente al trabajo en la fundación. Quiero empezar a ser consecuente con todo lo que te estoy contando. Hasta en los mínimos detalles. Por ejemplo, ya no tengo auto. En el verano lo dejé en la Patagonia. Me movilizo a pie, en Uber o en el auto de mi señora (Angélica Valdés) o mi hija Clara. Somos tres, ¿es necesario tener tres autos? Si quieres cómprate un Ferrari, no estoy en contra, pero también preocúpate de tu entorno, pero en serio.

-¿Existe realmente la filantropía en Chile?

-El concepto de filantropía no fluye naturalmente en Chile. Hay muchos que la hacen como marketing. Hay gente que dona, pero me imagino que no es tanta, porque no se ve. Veo más gente preocupada de generar y generar recursos. Somos muy especialistas –y buenos generadores de recursos– pero, no veo que en algún minuto digan, “bueno, ahora entrego”.

No pretendo dar ejemplo de manera soberbia. Pero quiero que otros piensen que “si este huevón puede, por qué yo no”. No hace falta tener 70 años ni una fortuna como la de Luksic para hacer filantropía. Hay que destronar la palabra filantropía. Yo no soy un platudo como los muchos que hay en Chile, entonces ¿por qué no lo pueden hacer otros? Ojo, yo estoy feliz con que haya muchos ricos, no estoy renegando de nada.

-Cualquiera podría pensar que, a través de su fundación, está pagando las culpas de haberse enriquecido con la industria textil, cuestionada por explotación y trabajo infantil en países del tercer mundo…

-No siento ninguna culpa por los negocios que pueden haber sido contaminantes o abusivos, nunca supe que lo fueran. No me complica para nada ni me arrepiento. Pero hoy, no compraría una marca que esté involucrada en algo de ese tipo o que no cumpla los estándares que nos autoexigimos.

El lucro: ¡lo mejor que hay!

-¿Se considera un empresario o un emprendedor?

-No tengo ningún rollo con rotularme de empresario. ¡Les han dado una connotación negativa a algunas palabras! Los empresarios no son terribles, de qué me estás hablando, lo mejor de la vida es ser empresario, y el lucro… ¡Lo mejor que hay! Sin el lucro, la cosa no funciona. Si yo no tengo lucro (hace como si le estuviera hablando a algún ministro), tú no recaudas impuestos, y sin impuestos no hay Estado, y sin Estado no se puede pagar el sueldo que tú tienes… no hay ninguna duda. O sea, de qué me estás hablando…

-Este gobierno cuestiona el lucro…

-Pienso que hubo tres o cuatro personas en este gobierno que fueron de una ineptitud enorme por hacer creer, entre otras miles de tonteras, que el lucro era terrible. No estoy diciendo que no hubo empresarios que no lucraron a costa de otros… los hubo y los hay.

-¿El destape de escándalos de corrupción le hizo bien al país?

-Todo lo que está pasando es una maravilla. El proceso que está viviendo el mundo es un proceso brutal de cambios. La tecnología ha hecho que seamos mucho más transparentes y mucho más horizontales. Hoy ya no se pueden hacer las cosas que se hacían antes.

-¿Financió a políticos?

-Varias veces. Y seguramente cometimos muchos errores. Como cuando el señor Paulmann le decía a alguien “antes yo fumaba en el avión”. ¿Ahora usted se atrevería a prender un cigarrillo en un avión? No. Pero antes se fumaba feliz. El mundo cambió. Y cambió para bien.

-¿Quién ganará las próximas elecciones?

-No tengo ninguna duda de que el próximo presidente debiera ser Piñera. Por el otro lado, han cometido una cantidad de errores, que no se merecen seguir gobernando este fantástico país.

-¿Qué piensa de los conflicto de interés que le achacan a Piñera?

-Me encantaría que terminaran. Me encantaría que Piñera fuera una persona que se diera cuenta de lo que está pasando y dijera “ya, listo, ahí va mi fideicomiso, dejo todo e incluyan a la familia”. Porque no me cabe ninguna duda que la plata que tienen las sociedades de la familia son platas generadas por él. Eso no quiere decir que un empresario no puede estar involucrado en la política.

-Tiene 56 años, ¿dónde se ve de aquí a 20 años más?

-Quiero seguir desarrollando Komax y Toteat para que me generen siempre una gran cantidad de recursos que me permitan hacer crecer mi fundación. Recién estoy empezando en el primer pueblo.

-¿Cuál será el próximo?

-Puerto Bertrán puede ser el segundo. Pero no quiero decirlo. ¡Ya hay alcaldes que me están reclamando (ríe)!

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