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El control del alemán

El 1 de junio se cumple un año de la llegada del alemán Holger Roost-Macías a Chilevisión. Por su experiencia en la televisión europea, Turner lo instaló aquí como consultor estratégico. Pese a ello, y a estar en segundo lugar, su parrilla ha dado pocos aciertos. “Es hora de que el crack que trajeron de Alemania meta el gol”, señalan expectantes en el canal.

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Por: María José López

Ilustración: Ignacio Schielfelbein

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Fue uno de los comités de ejecutivos más tensos de la nueva era Turner en Chilevisión. Como todos los miércoles, el 4 de mayo pasado llegaron hasta la sala de reuniones del canal, Francisco Mandiola, director ejecutivo; los principales gerentes y Holger Roost-Macías, asesor estratégico de la estación. Según uno de los presentes, durante el encuentro, la cabeza de CHV encaró al alemán con firmeza: “Estoy preocupado por los números del canal. No veo un proyecto claro como debía ser”, dijo Mandiola.

“Ok”, respondió el europeo, sin darle demasiada importancia a aquel llamado de atención. “Que no se preocupe Mandiola”, ha comentado a sus cercanos con seguridad. “Le voy a dejar el canal andando como un reloj”, les ha insistido.

El “quién manda” es uno de los puntos que tensiona la relación entre los dos hombres fuertes del canal. En la estación de Turner saben que el título de “jefe” lo tiene Mandiola, que él juega el rol político, que encabeza las reuniones masivas y los encuentros con autoridades. Pero, para la mayoría, quien tiene el control de la pantalla es quien tiene el poder.

La cercanía de Holger con Turner Broadcasting System (TBS) también lo empodera: tiene línea directa con los presidentes de la filial en Latinoamérica, Juan Carlos Urdaneta, y de la internacional, Gerhard Zeilher. Con este último incluso es vecino en un centro de esquí en Austria.

El "quién manda" es uno de los puntos que tensiona la relación entre los dos hombres fuertes de CHV. En la estación saben que el título de "jefe" lo tiene Mandiola; para la mayoría, quien tiene el control de la pantalla es quien tiene el poder.

El estilo casi opuesto entre Mandiola y el alemán es evidente. No es raro ver a Don Eduardo –el mozo que trabaja en la dirección de CHV– entrar a la oficina de Roost-Macías cerca de la 1:00 pm con una bandeja con comida. A diferencia del director ejecutivo –a quien muchas veces se le ve en el casino con los trabajadores–, Holger no se da el tiempo ni de almorzar. “Prefiero ocupar bien esas horas”, suele repetir.

Mientras uno es extrovertido, el otro se autodefine como un lobo solitario. Y cuando el primero hace todo lo posible por “conquistar” a su gente –muchos de ellos “viudos” de Jaime de Aguirre–, el segundo no tiene problemas en mostrarse pesado y duro.

Esa característica, dicen algunos, es la que lo llevó a enfrentarse con Ignacio Gutiérrez, el ex animador del matinal, a quien sacó porque, según le explicó, estudios internos señalaban que sería bueno tener un “rostro heterosexual en La Mañana”. El episodio terminó con una demanda por discriminación de parte del conductor.

“Aquí pecó de bruto. Él es un liberal, un europeo al 100% y allá el ser gay o no es un tema resuelto hace años”, explican desde Inés Matte Urrejola. De todas formas, cuentan que el incidente molestó al director ejecutivo. “Mi preocupación es que el canal esté bien y es malo para CHV ser acusado por ley Zamudio”, habría dicho.

Como Sean Penn

El primer acercamiento que tuvo el alemán con Turner Broadcasting Sistem (TBS) ocurrió en Londres, a fines de 2014, momento en que la cadena norteamericana, preocupada por los resultados económicos de su filial chilena –sus pérdidas entonces llegaban a los ocho mil millones de pesos–, con total sigilo comenzó a buscar un reemplazante para el director ejecutivo de la época, Jaime de Aguirre. El que lideró este proceso fue el austríaco Gerhard Zeilher, presidente de TBS International, quien al conocer a Roost-Macías, no dudó que aquél era el indicado: tenía un vínculo importante con Chile, hablaba español y era experto en producción televisiva. “Así, le ofreció ser el ‘N°1’ de Chilevisión”, cuenta un cercano al canal. El desafío era atractivo: podría por fin pagar la “deuda” que mantenía con su mujer.

Cuando Holger Roost-Macías se casó con la chilena Nieves Macías, a mediados de los 70 en Alemania, él le pidió que se instalaran en ese país de Europa: el fundador de Tresor TV –exitosa productora independiente que fundó hace 24 años–tenía varios proyectos en la bullente industria televisiva alemana. Ella aceptó. Pero a cambio le pidió que en algún momento del futuro se trasladaran a Chile. Y él se comprometió a hacerlo.

Así fue como, tras recibir la oferta, el alemán hizo averiguaciones para tramitar su pasaporte chileno –la ley local de medios impide que personas extranjeras asuman roles directivos– sin embargo, al poco tiempo desechó la oferta. El costo de dejarlo todo –hijas, nietos y Tresor TV– era demasiado alto.

Entonces renegociaron el trato: el europeo asesoraría durante un año y medio, con total carta blanca, a un chileno. Al primero que le ofrecieron el puesto fue a Rolando Santos, entonces CEO de CNN Chile. Sin embargo, la figura de una “dupla” no lo convenció. Así, llegaron a Francisco Mandiola, un hombre que no sabía del negocio de la televisión abierta, pero sí del cable y bastante de números y gestión. Él sí aceptó la propuesta.

Holger Roost-Macías se instaló definitivamente en Chile el 1 de julio de 2015. Aunque pretendía vivir en el Parque Forestal –ha dicho que le carga la distribución “clasista” de Santiago y que quería vivir lejos de los “cuicos”–, finalmente se ubicó en Vitacura: arrendó un departamento en pleno Jardín del Este, en un edificio donde es vecino de Anita Holuigue y Felipe Lamarca, además de Edmundo Eluchans. “El smog lo hizo cambiar de idea”, cuentan de su entorno.

La contaminación es también uno de los factores que determinó que su estadía en Chile fuera temporal. Eso sí, ha reconocido a sus cercanos que si bien no está en sus planes quedarse indefinidamente, no regresará a Alemania sino hasta tener a CHV en perfectas condiciones.

Mientras tanto, disfruta la experiencia de vivir en Santiago: suele ir a comer a restaurantes “vecinos” como La Mar, conoció el Boragó, se da tiempo para mirar arte chileno contemporáneo –tiene cuadros de Matta, Cienfuegos y Claudio Bravo en su casa–, pasear por el barrio Italia, por el cine El Biógrafo, por Lastarria y la Vega Central.

“Él es como Sean Penn: se identifica con los himnos de la izquierda, pero anda en un jeep Mercedes y se viste de Prada”, ejemplifica medio en broma un ejecutivo de CHV.
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Prueba-error

Según ha dicho el mismo Roost-Macías, para mantener la dinámica en un canal, la clave es innovar “y no repetir la quinta temporada de un programa de talento”. Menos, cuando son producciones caras. El alemán ha sido enfático en ese punto, porque, a su juicio, las pérdidas de CHV se deben a que, sin serlo, se comportó como un canal grande. Por ello, redujo el presupuesto anual a 35 mil millones de pesos al año –la mitad que la de 2015 y que la de su competencia– y comenzó a “limpiar” la parrilla. Eliminó el área dramática completa con su “cabeza”, Vicente Sabatini, incluido; de los estelares mantuvo sólo Primer Plano y Maldita Moda –recién cuando se muden a Machasa pretende lanzar uno nuevo– y algunas series de ficción. El prime lo construyó con teleseries extranjeras y docurealities de bajo costo: el precio de un capítulo de ese género es de unos 30 millones de pesos, mientras que un estelar puede costar hasta tres veces más.

Se propuso que sus producciones reflejaran los problemas que agobiaban a los chilenos: la injusticia, las deudas y la inseguridad. Así, en 2015 relanzó Alerta Máxima (promedió cerca de 17,1 puntos) y nacieron Usted Decide (8 puntos), creación similar a La Jueza, y Con el agua al cuello (8,2 puntos), espacio por el que recibió fuertes críticas. “¿Cómo se le ocurre poner un programa de deudas en enero cuando la gente quiere veranear en paz? Eso es estar desconectado de la realidad del país”, dice una persona que trabaja con él.

Según ha dicho Roost-Macías, para mantener la dinámica en un canal, la clave es innovar "y no repetir la quinta temporada de un programa de talento". Menos, cuando son producciones caras.

Holger Roost-Macías sabe que ese reproche tiene asidero. Por eso, hoy su gran “aliado” es Rodrigo Díaz, productor ejecutivo de ficción, quien le aterriza información del país explicándole cómo son los chilenos, qué piensan, etc.

Los + Insólitos es hoy el ícono de sus fracasos: tuvo una sola emisión, de 5,6 puntos de rating. Pero Pesadilla en la cocina, docureality culinario que estrenaron a principios de este año –no logró los dos dígitos que prometía– fue para muchos una decepción total: invirtieron mucho en publicidad, pues el alemán estaba convencido de que iba a ser un éxito. Los estudios posteriores, además, lo tildaron de ordinario y con exceso de garabatos.

Su gran apuesta dominical, Perros de la calle, el espacio conducido por Humberto Sichel que reemplazó a Tolerancia Cero y que analizaba las noticias con humor, promedió 6,7 puntos de rating tras ocho emisiones. “Él lo empujó, era su chiche y se metía harto. Hablaba con los panelistas para definir su rol: el irónico, el divertido, el incisivo”, asegura una persona del canal. El espacio no tuvo buena aceptación en varios ejecutivos, aunque él insiste que sí funcionó.

“¿Qué pasó con el ‘capo de la tele’ que nos sorprendería con su talento?”, se cuestiona un experto que trabajó con él. Un cercano a Turner lo explica: “Holger sabe mucho de estilos de programación. Pero no ha encontrado la llave para capturar la audiencia chilena. Subestimó el mercado. Además, no está acostumbrado a tomar decisiones en equipo. Subestimó también cómo ser líder en Chile”.

Holger Roost-Macías no se amilana ante los malos números. Para él, “experimentar” es un elemento clave en la televisión. Según cuenta un colaborador, una premisa que él repite es: “Try, fail, and try again… pero si te equivocas, que haya sido por poca plata. Hasta que pillas la mina de oro”.

Esa “flexibilidad” ha provocado fuertes roces con la administración: le piden planificación y certezas, pero él está convencido de que eso en TV es imposible. Tampoco cree en los consensos. “La televisión no es democrática”, les ha señalado. Por lo mismo, varios coinciden que es un hecho que al alemán –que mide más de 1,80 m y que trabaja de pie en un escritorio que mandó a hacer porque el que heredó le quedó chico– le ha costado trabajar en equipos. Y se queja abiertamente por las reuniones que se organizan a diario. “¡No me dejan trabajar!”, les insiste.

Con todo, sus otras metas –acelerar la instalación en Machasa; afinar la integración con CNN Chile; y bajar los números rojos– han andado bien: el 9 de mayo Mandiola aterrizó en las oficinas de la ex fábrica textil, mientras que la deuda total del canal bajó a 3.800 millones de pesos.

Eso sí, acotan fuentes de la estación, ese logro no es atribuible 100% al germano. “Ésa fue pega del director ejecutivo”, dicen de su círculo.

Cero Tolerancia

Holger Roost-Macías no consume televisión. Al menos no por gusto. Pero antes de llegar a Chile revisó programa por programa, canal por canal, la programación chilena. Fue entonces cuando conoció Tolerancia Cero y lo encontró “fome”. Consideraba que le faltaba confrontación y debate.

El alemán no se amilana ante los malos números. Para él, "experimentar" es un elemento clave en la televisión. Según cuenta un colaborador, una premisa que él repite es "try, fail, and try again... Pero si te equivocas, que haya sido por poca plata. Hasta que pillas la mina de oro".

Por lo mismo, y por su bajo rating, llegó de Alemania decidido a extirparlo de la parrilla. Eso sí, le dio un ultimátum: tras una conversación con Tomas Mosciatti, uno de sus más cercanos en Chile, sobre el “mercado” de los periodistas, decidió sumar a la directora de Ciper, Mónica González, al set. “Le dijeron que se producirían discusiones con Fernando Villegas, y le pareció interesante”, cuentan. Una de las pautas más polémicas ocurrió en agosto, cuando pidió llevar al panel a una mujer víctima de violación, que quisiera abortar, lo que desencadenó el rechazo de varios del equipo. Aunque pensó que sería un acierto, cuenta un cercano, hoy sí ha reconocido que aquello fue un error. “Sabe que es muchísimo más liberal que los chilenos y que no puede imponer su mentalidad aquí”, relatan de CHV.

En agosto pasado cerró el programa, pero no descarta retomarlo con otro formato. Él cree que CHV no puede ofrecer sólo espacios de “evasión y escapismo” –cosa que según él hace Mega–, y considera que todo canal debe ofrecer política, por lo que prepara una producción de ese tipo que estrenaría en julio.

Del Este

Roost-Macías es hijo de un alto general de la RDA. De joven incursionó como DJ, hasta que se encontró con la “pantalla” en Berlín Oriental: primero en cine, luego en televisión, siempre detrás de cámara.
Los años en esa parte de Europa fueron determinantes en sus decisiones profesionales. “Vengo del Este, lo impuesto me produce rebeldía”, señala cuando se ve obligado a emitir cadenas nacionales en CHV. Las exhibe a contrapelo. Un colaborador explica que para él no hay peor televisión que aquella que emite lo mismo que la competencia. De hecho, para la muerte de Patricio Aylwin, pidió a Prensa que no transmitiera todo el funeral del ex presidente a diferencia de lo que hicieron los otros canales.

Con Patricio Caldichoury, director de esa área, ha hablado sobre un asunto que le preocupa: el respeto a las instituciones. Según cuentan, no le interesa ser “punta de lanza de denuncia” de ningún sector, pues prefiere ser un canal que facilite el diálogo. Por lo mismo, ha pedido que no se abuse de las notas de ese tipo.

De todas formas, Prensa ha tenido menos intervenciones que el resto de las áreas de CHV: suma buen rating e incluso de ahí se obtienen ingresos. Pero su intención para más adelante es atenuar la “crónica roja” y convertirla en una más “ciudadana”, con historias humanas –quiere que toda la parrilla tenga ese relato como foco-, y no necesariamente policiales.

Esperando el gol

A pesar de que CHV partió mal este año –en enero obtuvo el tercer lugar después de Mega y el 13–, con el empujón del Festival de Viña recuperó el segundo sitial. De todas formas, desde principios de este año Mandiola intenta poner freno a la amplia libertad con que se mueve Roost-Macías: instauró los comités de programación para analizar con cifras cada programa y se involucra en decisiones de pantalla. Además, cuenta un cercano, quiere exigir estudios y pilotos que el primer tiempo no existieron. “No tengo tiempo ni plata para hacerlo. Cada uno cuesta entre 50 y 80 millones de pesos y eso equivale a uno o dos capítulos de la serie”, responde el alemán durante las reuniones a sus ejecutivos.

En Turner tienen confianza en que les irá bien. “Es sólo cuestión de que logren su primer show exitoso. Con un éxito cambia todo”, dice un cercano de la cadena norteamericana.

Ese triunfo, piensan varios en el canal, podría llegar de la mano de Escuela para maridos, docureality que será lanzado pronto y en el cual Roost-Macías está de cabeza trabajando.

“Es hora de que el crack que importaron de Alemania meta el gol”, concluye un productor de CHV.
A ver si ahora las aspas del reloj se ponen a girar. •••

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