Opinión

“En la medida de lo posible”

Decir que la Transición fue "tímida", "pactada" y un "fracaso" debido a que Aylwin no fue más osado es ciertamente un anacronismo.

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Director del Centro de Estudios de Historia Política Universidad Adolfo Ibáñez

Cuando Patricio Aylwin señaló en 1990 que en su gobierno habría "justicia en la medida de lo posible", probablemente nunca pensó que ello sería considerado posteriormente como un resumen de lo que fue (o es, depende de nuestro nivel de escepticismo) la Transición chilena. En efecto, hoy en día suele decirse que el espíritu transicional y pactista de los años noventa debe -para bien o para mal- su origen y consolidación a aquella frase. No está de más preguntarse, sin embargo, hasta qué punto esto es históricamente cierto y políticamente correcto; más aún, si pensamos que ya han pasado 25 años desde que Aylwin utilizara dichas palabras.

Lo primero que deberíamos tomar en cuenta es el contexto político adverso que enfrentó el gobierno de Aylwin. Es cierto que su triunfo en la elección presidencial fue holgado (alcanzó el 55,17% de los votos), y que la performance económica de su administración alcanzó niveles sobresalientes (en promedio creció al 7%). No obstante, la estructura administrativa de la dictadura continuó impertérrita durante esos años, por lo que cualquier reflexión sobre la frase de Aylwin debería tomar en consideración su objetivamente bajo nivel de maniobra. Recordemos que en el plebiscito la opción SÍ había obtenido un nada despreciable 43,1%; que la Constitución de 1980 todavía no había sido verdaderamente reformada; y que cualquier crítica a los militares chocaba con la oposición explícita de Pinochet, para quien la representación de su poder mediante “Ejercicios de Enlaces” y otras manifestaciones igualmente burdas eran consustanciales a sus prerrogativas como comandante en jefe.

En ese sentido, me parece que contextualizar la frase de Aylwin y entenderla en su propio mérito es un ejercicio mucho más productivo que cualquier análisis ex post facto sobre la materia. Porque decir que la Transición fue "tímida", "pactada" y un "fracaso" debido a que Aylwin no fue más osado es ciertamente un anacronismo. Y, además, olvida que la política es un mundo incierto en el que la realidad muchas veces se impone a los deseos recónditos de los ideólogos voluntaristas. La política, en otras palabras, es (casi) siempre en la "medida de lo posible".

¿Qué culpa tiene Aylwin, por ejemplo, que la Concertación no haya avanzado más en algunas áreas que, para sus seguidores, eran centrales? ¿Por qué habríamos de responsabilizarlo a él por cuestiones que podrían haber sido cambiadas o reformadas bastante antes de lo que en realidad lo fueron? Es más, el Informe Rettig -por nombrar sólo uno de los muchos logros del gobierno de Aylwin- hizo mucho más que cualquiera de los otros gobiernos democráticos a favor de los derechos humanos. Sin Rettig -y, por lo tanto, sin Aylwin- la condena a los militares habría probablemente demorado varios lustros.

El gran logro de Aylwin fue, pues, conseguir que los militares dejaran paulatinamente su rol deliberativo. No fue fácil y él, como político avezado, era consciente de que se requeriría tiempo y negociación para lograrlo. Saber esperar a veces es mejor y más sensato que intentar pasar por alto las complejidades de la política.

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