Negocios

La fibra de Casanueva

Hace cinco años, su vida tuvo un vuelco: se salvó de milagro de un accidente vascular y dejó la gerencia general de su empresa Gtd, que factura 300 millones de dólares al año. Pero sigue activo y mirando hacia nuevos mercados.

Por: Lourdes Gómez B.
Fotos: Verónica Ortíz

casanueva

Amediados de los 70, Juan Manuel Casanueva se aventuró en un emprendimiento: preparar boletines financieros para bancos y compañías, lo que era visto como una locura para muchos de sus conocidos. Pero Casanueva persistió. Del papel se trasladó al teléfono a la hora de informar a sus clientes. Cablear todo el centro de Santiago fue su primera aventura. Así nació el grupo Gtd, una compañía de telecomunicaciones que actualmente factura más de 300 millones de dólares anuales y está a la conquista de Perú y Colombia.

Hoy, el empresario asume los desafíos desde una nueva perspectiva. En un plano personal, cada 15 de enero le lleva una caja de chocolates a su neuróloga, una tradición que mantiene desde que ella le salvó la vida, según dice. Era una mañana de sábado de 2011 y se prestaba a viajar a Temuco. “Me levanté temprano y estaba listo, cuando me vinieron a buscar”, recuerda. “El chofer me vio, encontró que tenía algo extraño en mi cara y le avisó al tiro a mi esposa. Yo no sentía nada y creí que estaban haciendo alharaca”.

-¿Y qué pasó después?

-Me llevaron a la Clínica Alemana y me operaron de urgencia. Después no recuerdo nada, hasta que me desperté y estaban todos mirándome.

Ese año, en el que se recuperó “de milagro”, como le dijeron los médicos, marcaría un antes y un después en su trayectoria. Tras meses de negociaciones, cesó un acuerdo de entendimiento para fusionar sus operaciones con Entel y quedarse con el 9,8% de la sociedad que tendría con las familias Hurtado, Matte y Fernández León. También fue el año en que definitivamente dejó de lado el día a día de su compañía.

“Tuve mucho ajetreo con el tema de Entel, que ya pasó a la historia… Al final no se dieron las circunstancias, y no me arrepiento. Creo que fue una buena decisión, nos está yendo muy bien y la empresa ha ido creciendo”, comenta. En 2014, Gtd concretó su internacionalización en el mercado colombiano, con la compra de Flywan, e inauguró la primera red de fibra óptica submarina que consolidó las comunicaciones entre Puerto Montt y Coyhaique. El año pasado anunció su arribo a Perú, de la mano de Wigo, en sociedad con el grupo Romero.

Luego de las negociaciones con Entel y su paso por la UTI, Casanueva finalmente entendió que debía bajar el ritmo. La pequeña oficina que empezó en 1975 como un servicio de información financiera para las mesas de dinero de los bancos y las compañías ubicadas en el centro de Santiago, se había transformado en una de las principales empresas de telecomunicaciones, con una envidiable posición en el mercado residencial –tras la compra de Manquehue net a la Familia Rabat–, y una fuerte presencia en las regiones del sur, luego de adquirir Telefónica del Sur al grupo Luksic, en 2010.

 

Cable a tierra

Como un profesional estricto y un poco corto de genio, pero visionario, lo describe Arturo Gana, quien lo conoce desde que partió con Gtd. “Transformó una idea que estaba en un papel, en una gran empresa; es un ingeniero de formación muy rigurosa pero de grandes acuerdos y cumplidor”, explica.

“Muchas veces llegaban proyectos extraordinarios y él siempre tenía una mirada clara de la realidad. Manteniendo el timón firme, no se dejaba llevar con voladeros de luces”, complementa Francisco Cerda, un director que lo ha acompañado por más de 15 años. Asegura que esta capacidad crítica, así como la perseverancia para invertir con austeridad y precisión en tiempos de bonanza y también en los más difíciles, es lo que le permitió construir la compañía que hoy es Gtd.

Si antes era reconocido como trabajólico, hoy va a la oficina tres veces a la semana. Su horario de llegada ya no es a las 7:45 AM, como había sido durante las últimas décadas, sino que a las nueve de la mañana y se queda hasta el almuerzo. “Ésa fue la negociación con la doctora”, dice. El resto de los días lo dedica al directorio del BCI, donde comparte la mesa con su amigo Luis Enrique Yarur.

El empresario ya había intentado reducir sus horas de trabajo en 2009, cuando programó la llegada a la gerencia general de su hijo Manuel José. Sin embargo, en 2010, un llamado para que el joven ingeniero civil se sume a las filas en el gobierno Sebastián Piñera hizo que Casanueva cambiara de planes. “Ya no soy más el gerente general, me sacaron (se ríe)… me retiré. Me debía haber retirado antes, había decidido que mi hijo mayor tomara las riendas y estaba todo listo, pero finalmente se fue a trabajar al Ministerio de Educación y seguí hasta enero del año siguiente”.

“Tuve mucho ajetreo con el tema de Entel, que ya pasó a la historia… Al final no se dieron las circunstancias, y no me arrepiento. Creo que fue una buena decisión, nos está yendo muy bien y la empresa ha ido creciendo”.

Su yerno, Alberto Bezanilla, quien había sido director de Gtd por cinco años y ocupaba el cargo de gerente de estudios, fue quien finalmente lideró esta nueva etapa. “Conoce bien el tema y ha resultado un éxito. No hay que decírselo, pero lo ha hecho muy bien, pese a ser ingeniero civil de la Católica y no de la Chile como yo”, bromea.

Casanueva asegura que con Bezanilla han logrado compatibilizar trabajo y familia. Los temas de la oficina se toman, incluso, parte de los almuerzos dominicales. “El día antes de que asumiera, me llamó y me preguntó: ‘Suegro, ¿cómo lo vamos a hacer?’. Yo le dije: ‘Muy fácil, tú tomas todas las decisiones y cuando creas que es necesario, me preguntas a mí’. Y ha funcionado tal cual”, dice.

Sin el estrés que implica la gerencia general, Casanueva ahora se toma la vida con calma y disfruta, entre otras cosas, de las vacaciones, que nunca antes se tomó. En febrero se instala en el sur, donde comparte su afición por el campo con su esposa, sus siete hijos y sus 23 nietos. También aprovecha de disfrutar de la lectura, su segunda distracción. Asegura que en períodos estivales puede leerse hasta 10 libros al mes y que, si bien no ha contado su colección, ésta supera los 3.000 ejemplares.

 

La apuesta internacional

Desde la presidencia trabaja en las grandes definiciones de la compañía y asiste a las reuniones de directorio y comités, por lo que le ha tocado viajar más. Valdivia y Temuco han sido sus destinos más frecuentes. Aún no va a Perú, donde aterrizaron en octubre del año pasado. “Hasta ahora mi presencia ha sido sólo por videoconferencia, a fin de mes me tocará ir para allá”, asegura.

A todas luces, la competencia en Lima será fuerte. Pese a llegar en sociedad con el grupo Romero, uno de los más importantes de ese país, Casanueva reconoce que, con su socio Dionisio Romero, ambos directores del BCI, hay harto por hacer. “Básicamente ellos tenían Wigo, una empresa de telecomunicaciones, y se requiere experiencia para hacerla crecer, pero con su importancia y nuestro know how vamos a desarrollarla. Veo muy buenas posibilidades en Perú, pero hay que ser prudentes; tenemos que construir una red de fibra óptica en Lima y eso nos va a costar unos 30 millones de dólares”, explica.

Una similar inversión fue la que concretó en Colombia. La filial de Gtd inauguró recientemente su datacenter en la ciudad de Medellín. Un edificio de 3.400 metros cuadrados que ofrece servicios de datos y respaldo digital a este polo industrial y financiero del país cafetero. Y, si bien asegura que la compañía ha superado sus expectativas, sigue mirando otros mercados. “Perú y Colombia se parecen más a nosotros desde el punto de vista económico, fue donde partimos, pero hemos visto otras posibilidades en España y México”, dice.

-Esos mercados son palabras mayores...

-Pero siempre hay empresas más chicas, especializadas como nosotros, que calzan muy bien con nuestra vocación. Son datos que normalmente llegan por bancos de inversión y que siempre estamos viendo por si aparece alguna posibilidad.

-¿En Latinoamérica han sondeado otros países?

-Estuvimos viendo muchas cosas en Argentina. Ahora, yo creo que vamos a tener que volver a mirar ese mercado. De Brasil nos han hecho algunas propuestas, pero no hemos querido, y menos ahora.

“Lo que el gobierno ha creado es incertidumbre; hasta se ha tocado el tema de la propiedad privada. Al final, uno no sabe si lo que está construyendo va a quedar o va a desaparecer. Uno necesita tener certezas de que las reglas del juego no pueden cambiar”.

En Chile, la firma tampoco descansa. Casanueva destaca que uno de los mayores hitos en las operaciones locales fue la inauguración de 400 kilómetros de red de fibra óptica submarina que unen Coyhaique y Puerto Montt, con una inversión de 15 millones de dólares. Ahora quiere replicar esta experiencia entre Talcahuano y Valparaíso, con un costo que podría llegar a los 30 millones de dólares. El cableado bajo el mar es mucho más caro que las redes bajo tierra o por aire, pero ofrece una conexión más segura. “Este año disminuimos a cero las interrupciones que teníamos en Coyhaique y que al año podían llegar a 150 cortes. Los choques en torres, incendios o las excavaciones que a veces pasan a llevar una red subterránea, todo eso provoca interrupciones, y los clientes hoy requieren de una conexión más estable”, dice.

La fibra digital es el futuro de las comunicaciones, sostiene Casanueva. Explica que internet y telefonía celular son los mercados que mayor desarrollo tienen por sobre la televisión y la telefonía fija. Por lo mismo, cree que el ingreso de nuevos actores, como Wom y Virgin Mobile, agiliza la competencia. “Los que han llegado conocen bien el tema y lo hacen de forma bastante agresiva, algo que nosotros no haríamos. La gente se atrae por la publicidad y las ofertas, es cosa de ver la portabilidad de telefonía celular: la pelea acá es mucho más intensa de lo que se ha dado a nivel mundial”, explica.

Si bien Gtd también tiene un área de telefonía celular OMV (Operador Móvil Virtual), ésta es muy pequeña, por lo que la nueva competencia no les afecta mayormente; sin embargo, la llegada de esas firmas les ha permitido aumentar el tráfico de sus redes a través de servicios de fibra óptica que prestan a estas nuevas compañías.
Cuando partió, recuerda con asombro, no existía internet, tampoco televisión por cable y escasamente el teléfono fijo funcionaba. Hoy, las cosas han cambiado radicalmente. “Creo que vamos a llegar a una sofisticación en servicios tipos Netflix o HBO on demand, que van a ser lo que más predomine, más que la televisión por cable. Afortunadamente, la fibra óptica se utiliza para la televisión, internet y telefonía, así que igual se va necesitar nuestro servicio”, precisa.

 

De lo privado a lo público

Cuando su hijo Manuel le dijo que iba a trabajar con Piñera, Casanueva no puso reparos. Él mismo participó en el régimen militar desde el Ministerio de Hacienda y la Cancillería, y por eso instó a su hijo a vivir la experiencia del servicio público. Integrante del consejo asesor empresarial del ESE de la Universidad de los Andes, tesorero de la Corporación Patrimonio de Chile y director de la Fundación Rodelillo, el empresario es crítico del actual gobierno.

“Siempre se puede mejorar lo que hay. Lo que el gobierno ha creado es incertidumbre; hasta se ha tocado el tema de la propiedad privada. Al final, uno no sabe si lo que está construyendo va a quedar o va a desaparecer. Uno necesita tener certezas de que las reglas del juego no pueden cambiar”, advierte.

-¿Qué le parecen la reforma educacional y la propuesta de gratuidad?

-No hay seguridad de que la subvención le llegue a la gente que más lo necesita. Las reformas no han sido planificadas y aún no se sabe cómo van a ser ejecutadas. Me tienen aburrido las disputas que hay. La verdad es que son pocas las críticas que se acogen, por mucho que los argumentos sean buenos, hay una obsesión en deshacerlo todo. Si el próximo gobierno no es de la misma corriente, va a tener mucho trabajo para reconstruirlo.

-Pero, reconstruir las confianzas es más difícil…

-Pero las cosas toman su tiempo. A mí me tomó 30 años sacar la empresa y llevarla hacia adelante, y hay que tener un poco de paciencia. Los chilenos tienen claro que al que trabaja le va bien, no importa en qué área, lo que importa es que lo haga bien.

“Le creo absolutamente (a Eliodoro), ya que en una empresa del tamaño de la papelera es perfectamente posible que el directorio no tuviera conocimiento de los hechos cuestionados. Lo vi hace poco y estaba muy tranquilo y seguro de sí mismo”.

-Ese espíritu emprendedor se ha visto cuestionado, cuando salen a la luz casos de colusión.

-Y es cuestionado con toda razón. Probablemente haya más casos, porque las personas son personas y están motivadas por tener éxito. Estos temas normalmente no se discutían hace dos años, la colusión entre otras cosas, no porque no fueran ilegales, sino porque no eran contingencia. Ahora son temas que deberá ver la justicia. En todo caso es lamentable.

-¿Usted conoce a Eliodoro Matte?

-Lo conozco desde que estudiábamos Ingeniería Civil en la Universidad de Chile, somos amigos, aunque sólo nos vemos ocasionalmente. Éramos vecinos hasta hace unos seis años.

-¿Le cree cuando dice que no sabía de la colusión en que estaba envuelta su compañía?

-Le creo absolutamente, ya que en una empresa del tamaño de la papelera es perfectamente posible que el directorio no tuviera conocimiento de los hechos cuestionados. Lo vi hace poco y estaba muy tranquilo y seguro de sí mismo.

-¿Ha tomado algunos resguardos en su empresa para evitar este tipo de conductas?

-Hace dos años hicimos cursos de ética y quiero repetirlos. Siempre he sido bien estricto con estos temas y por aquí no hemos tenido problemas. La verdad es que es tan competitivo el mercado de las telecomunicaciones, que al final llamaría mucho la atención si uno se pusiera de acuerdo con otras empresas. •••

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El Club Galileo

Quienes conocen a Casanueva, lo describen como una persona interesada en el debate público. Cuando llegó la democracia, surgió la idea de formar un grupo, el llamado Club Galileo, para debatir sobre la realidad nacional y el legado económico del régimen de Pinochet. Junto a José Manuel Edwards, Arturo Gana, Francisco Cerda y Roberto Kelly se reunían una vez al mes en el Club de La Unión. “Era muy entretenido. Invitábamos a un expositor para dirigir la discusión y hacíamos grandes amistades”, recuerda Edwards. “Para Manuel esto es parte de su estilo de vida, le gusta conocer distintas opiniones, porque refuerza su intelecto. Él es una persona brillante”, agrega.

Con el fallecimiento de su impulsor, Roberto Kelly, y la enfermedad de Casanueva, estas reuniones se fueron diluyendo. Pero ahora, en esta nueva etapa de su vida, el presidente de Gtd espera retomar las citas mensuales. “Lo vamos a hacer de todas maneras, porque es un grupo que no vale la pena que se pierda. A mí me toca reiniciarlo”.

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