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Creatividad en Chile: ¿los peores del barrio?

Durante 2014, Chile figuró entre los menores productores de bienes y servicios creativos a nivel mundial, por detrás de Brasil, Argentina, Bolivia y Perú. Una nueva generación de creadores y gestores culturales, sumado al plan para convertir a Santiago, Valparaíso y Concepción en “ciudades creativas” al 2020, buscan revertir esta situación.

Por Jorge Poblete
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

ciudadesCreativas

Fue a mediados del año pasado cuando el investigador estadounidense Richard Florida sacó aplausos de unos, provocó extrañeza en otros y consiguió no pocas críticas, al publicar un artículo sobre la relación entre la economía de los países y un género de música en particular: el heavy metal. “Lo que encontramos es que el número de bandas de heavy metal en un país determinado se asocia con la riqueza y la opulencia”, afirmó en una columna que, como suele ocurrir con las publicaciones del director del Martin Prosperity Institute de la Universidad de Toronto y profesor de la Universidad de Nueva York, estuvo lejos de pasar inadvertida.

Y es que desde hace 13 años, cuando publicó The Rise of Creative Class (traducido como La clase creativa), el trabajo de Florida ha sido motivo de controversia académica y hasta de debate político. Desde ese primer libro de 2002, este especialista en urbanismo y crecimiento económico viene afirmando que “la creatividad humana es el recurso económico definitivo”, valoración de la que deviene una de sus conclusiones más controvertidas: que “los lugares con una gran concentración de personas homosexuales o de bohemios tienden a presentar tasas más elevadas de innovación y de crecimiento económico”.

Para Florida, el entorno donde estos fenómenos se producen son las ciudades. A partir de estas ideas, desarrolló un Índice Bohemio (que mide la concentración relativa de artistas, escritores, músicos y otros trabajadores de estos sectores) y lo aplicó a conurbaciones como Los Angeles y Nueva York (que encabezan el listado en Estados Unidos), en contraste con ciudades como Hartford, en el estado de Connecticut, que figura muy por detrás.

A la vez, Florida elaboró una fórmula para –sostiene– lograr el deseado crecimiento, que sintetizó como las tres T: Tecnología (medida como la concentración de la innovación y de la industria de alta tecnología), Talento (entendido como “capital creativo”) y Tolerancia (a las minorías sexuales y étnicas). Con estas tres variables construyó, a su vez, su Índice Global de Creatividad.

Las ideas de Florida –quien es considerado prácticamente un gurú por un grupo de profesionales, generalmente jóvenes, dedicados a fomentar la innovación y la creatividad–, han ido permeando las políticas públicas de los países desarrollados y, en menor medida, el de Estados en vías de desarrollo, como Chile.

Esto, no obstante no ser el único autor que ha hablado de estos temas en los últimos años: en su libro de 2000 Industrias creativas: contratos entre el arte y el comercio, el profesor de la Universidad de Harvard, Richard Caves, ya se había aproximado a estos conceptos. Ese mismo año, Charles Landry publicó el libro La ciudad creativa, donde sintetiza ideas que venía trabajando desde tres décadas atrás.

 

El vecino menos creativo

“En Chile en general no hay un ambiente que propicie la creatividad, sobre todo porque para crear se necesita libertad e independencia, de todo tipo: económica, cultural, y en Chile el ambiente sociocultural no se presta para que mucha gente despegue. Sin querer tratamos de estandarizar a nuestros compatriotas. Además, somos un mercado pequeño, muy aislado”, dice el arquitecto y profesor de la Universidad Católica, David Assael, tras aterrizar en Santiago.

Viene llegando de Nueva York, donde visitó las oficinas en esa ciudad de ArchDaily, la plataforma de arquitectura que cofundó en 2008 como un proyecto para ayudar a arquitectos jóvenes del medio a difundir contenidos especializados y que actualmente tiene formatos en español, inglés, portugués y hasta en mandarín. En otras palabras, un proyecto creativo global.

Assael es un convencido de que existe una correlación entre la diversidad cultural y la creatividad, y enfatiza que en el país “nuestra principal traba es nuestra homogenización, desde la educación básica”. Por esto destaca iniciativas como Start-Up Chile (programa para atraer emprendedores de nivel internacional) y lamenta que viajar a otros países y también llegar a Chile desde el extranjero, siga siendo costoso. “Porque con ver tele no basta –recalca– , hay que viajar”.

Dado este escenario no se extraña de que, cuantitativamente, el panorama, de acuerdo al índice de Florida, esté lejos de ser el mejor. Si bien en ciudades como el Gran Santiago, Valparaíso y Concepción es posible observar cómo se han ido incorporando ideas de creatividad, Chile figura con un importante retraso a nivel internacional. A nivel sudamericano, incluso, aparece como uno de los vecinos menos creativos.

En el Índice Global de Creatividad publicado en 2011 por el Martin Prosperity Institute, Chile ocupó el lugar 47 de este ranking encabezado por Suecia, seguido por Estados Unidos y Finlandia. Entre los países latinoamericanos, figuró por debajo de Costa Rica (lugar 32), Uruguay (37), Argentina (38), Nicaragua (43) y Brasil (46).

El detalle de la posición 47 obtenida de Chile, desagregada según las variables de las tres T, fue: lugar 48 en Tecnología, 54 en Talento y 28 en Tolerancia.

En otro indicador internacional, el país aparece en una posición aún peor. En el ranking mundial de Innovación 2014 –publicado por la escuela de negocios INSEAD, la Universidad Cornell y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual– Chile figuró en el puesto 46, de 143 países. Sin embargo, al observar la categoría de bienes y servicios creativos en este mismo estudio (en que se miden las solicitudes de patentes inscritas en el extranjero), su posición bajó a la 103, siendo superado en Sudamérica por casi toda la región: Argentina (51), Perú (72), Bolivia (73), Colombia (76), Ecuador (83), Uruguay (95) y Brasil (100).

graficos torta creatividad

Promesa al 2020

¿Dónde nos deja esto? Hoy, la industria creativa representa un 1,6% del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile. De acuerdo a cifras del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), esto se refleja en que sólo un 2% de los empleados a nivel nacional trabaja en una empresa vinculada al sector creativo. Otra forma de mirarlo es que únicamente un 6% de los trabajadores a nivel nacional se desempeña en oficios o profesiones de este sector de la producción.

“La economía creativa tiene un peso en el PIB y en el empleo, que está muy por debajo de otros países latinoamericanos, como México, donde es casi un 6% del PIB”, dice el vicepresidente de Corfo, Eduardo Bitrán.

Como plan para aumentar esta participación, plantea, está aprovechar que la distribución geográfica de este sector de la economía no es uniforme. Estadísticas de 2013 del mismo Consejo de Cultura muestran que las zonas donde se concentran las infraestructuras diseñadas para el ejercicio de la creatividad (galerías, cines, teatros, bibliotecas y centros culturales, entre otras) son la Región Metropolitana (429 establecimientos), seguida de la Región del Biobío (186) y la Región de Valparaíso (151), cuya ciudad puerto fue declarada por Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Por otra parte, de acuerdo a este mismo organismo, las regiones del país que concentran las carreras creativas son la Metropolitana (692), Valparaíso (188) y Biobío (128), entendiendo por éstas los estudios superiores impartidos en universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica vinculados a la arquitectura, diseño, música, publicidad, educación, radio, televisión, editorial, fotografía, cine, medios informáticos y artesanías.

“Los espacios para el desarrollo de estas industrias son, en la mayoría de los países, las ciudades, porque allí se generan las economías de aglomeración”, destaca Bitrán: “Pero no cualquier ciudad: deben tener un desarrollo importante, con universidades complejas que promuevan el área de las artes, pero también de los negocios, la ingeniería y la innovación”.

Es en este esquema donde, sostiene, “vemos masa crítica en, al menos, tres conurbaciones: la Región Metropolitana, Valparaíso y Concepción” para convertirlas en ciudades creativas a nivel internacional, en segundo término innovadoras (para que atraigan y retengan talento) y, en tercer lugar, inteligentes y sustentables. El plazo, recalca, es 2020: “En cinco años más”.

“Todo sirve”, comenta el pintor Samy Benmayor sobre la iniciativa de la Corfo. Si bien dice valorar la intención de fomentar la cultura en estas urbes, manifiesta sus dudas sobre la efectividad del plan.

Benmayor, quien vivió en Nueva York durante la década de 1980 e hizo una beca en el Djerassi Foundation Woodside de California, afirma: “No sé si la creatividad y la innovación dependerán de los estímulos externos (…). Pero el problema en Chile es la educación, que poca gente le interesa el tema. Y la segregación, que vivimos en ciudades divididas”.

 

El leñador y las telas del futuro

¿Qué tienen en común la historia de un leñador que trabaja en los bosques canadienses del Yukón, contada en un libro que es a la vez un diccionario fragmentado y un diario de vida, con una “fábrica” de emprendedores de tres mil metros cuadrados? ¿Cuál es el punto de encuentro de una suma de telas organizadas para recordar el golpe de Estado de 1973, con una muestra fotográfica donde se fusionan rostros orientales y occidentales, géneros y edades, fotos de estudio con otras captadas en la calle?

Todos son ejemplos de la producción cultural chilena del año pasado, reconocida en el Citylab Santiago 2014. En este encuentro, en que se escucharon las presentaciones del novelista Mike Wilson y de la fotógrafa Cecilia Avendaño, entre otros, los autores invitados contaron los procesos que los llevaron a crear sus obras.

Los trabajos seleccionados –que también incluyeron los diseños de Juana Díaz, el disco Vengo de Anita Tijoux y el centro IF de Alejandra Mustakis y Lionel Kaufmann– fueron escogidos por un consejo editorial integrado, entre otros, por el gerente de estudios de la Cámara de Comercio de Santiago, George Lever.

Lever es un entusiasta de la economía creativa y un crítico de la situación actual de este sector en el país. Su diagnóstico es que “las cifras oficiales hablan de 250 millones de dólares de exportaciones de industria creativa, mientras que las ventas totales de la industria creativa son poco más de 11 mil millones de dólares”.

Frente a esto, dice, “lo primero que tienes que asegurar es que esa unidad especializada, esa industria creativa, sea de clase mundial, capaz de salir al exterior, ya que si allí donde está la especialidad de la industria creativa estás con nota roja, ya sabes que la capacidad de generar creatividad como concepto, está súper limitada”. Y eso, enfatiza, es lo que ocurre hoy.

Para Lever, una de las principales hipótesis del retraso de Chile en términos de producción y exportación creativa está en la educación, ya que, hasta la década de 1990, estos conceptos no estaban incorporados en las mallas curriculares ni se hablaba de ellos fuera de clase. “El sector creativo prácticamente no era una alternativa laboral. Lo mismo pasaba con el emprendimiento, que era medio antisistémico, sólo para gente muy rebelde, las ovejas negras”, dice.

Una segunda hipótesis del retraso, dice, es que “nos falta avanzar mucho en oferta y en demanda”.

Sobre esta última, dice, el problema es que el consumidor chileno históricamente se acostumbró a tratar de no pagar o hacerlo cuando no hay otra alternativa”, por ejemplo descargando las películas por internet, lo que, en la era digital, deriva en la piratería.

Acerca de la oferta, plantea que “cuando tú agregas valor, en alguna parte de la cadena económica, alguien tiene que pagar” y, a diferencia de la música, que resolvió el problema cobrando por los discos o los conciertos, “en otros sectores, como en la fotografía de autor, eso no es tan evidente. El autor no ve claramente cuál es el modelo de negocios: si va a vender una obra impresa enmarcada para poner en la pared, si va a vender un libro de fotografía, si se va a pagar por una entrada a una exhibición, una gran marca lo va a financiar o se va a ganar un Fondart”.

“Todavía hay quienes dicen: no soy emprendedor, soy artista. Y eso le ha pasado la cuenta a Chile”, asegura, por su parte, Leonardo Ordoñez, gerente de Santiago Creativo, iniciativa que reúne a la Asociación de Empresas de Tecnologías de la Información y a Corfo, con el propósito de impulsar la exportación de bienes y servicios creativos. Para Ordoñez –quien estuvo en los inicios del impulso a la economía creativa en Chile, ya que hace 16 años contribuyó al diseño del programa de fomento al cine chileno–, es necesario mejorar los canales de comunicación para que los creadores entiendan cuáles son las oportunidades para rentabilizar sus productos y eventualmente exportar creatividad.

Daniel Assael asegura que esta dificultad para generar modelos de negocios se puede deber a que no se están aprovechando las posibilidades de mercado que ofrece internet. “Esa ventana no sirve para todo, pero para algunos casos sirve muy bien”, dice.

Dado este escenario, George Lever recalca la necesidad de que los creadores vean los aportes estatales como un impulso y no como un subsidio, sin el cual no pueden funcionar. Para eso, propone cambiar el modelo de entrega de fondos: dar recursos siempre y cuando sean capaces de conseguir paralelamente ingresos por otra parte, convenciendo a una empresa o a clientes. De esa forma, recalca, se generará una “cadena productiva sustentable”. •••

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Creatividad, innovación e instituciones

La combinación virtuosa de nuestra capacidad de asignarle valor a las cosas junto con la búsqueda de estatus, sumadas a las instituciones de sustrato, contenido e incentivo recién mencionadas, son lo que permite que la creatividad florezca.

Por Álvaro Fischer Abeliuk

La “innovación” se ha instalado en el debate contemporáneo como un elemento esencial que conduce al desarrollo. En cierto sentido, la historia de la civilización es la historia de la innovación. Desde la domesticación de los granos –trigo, maíz, avena–, a la domesticación de mamíferos mayores –vacunos, caprinos, entre otros–, de la creación de la agricultura, la escritura, las ciudades –trayectoria que han seguido todas las grandes civilizaciones de la antigüedad, todas ellas importantes innovaciones– siguiendo con la utilización del intercambio, el comercio, la división del trabajo y, posteriormente, el desarrollo del conocimiento científico y tecnológico, los seres humanos hemos requerido desplegar innovación y creatividad. ¿Qué es lo que está detrás de todo esto?

En primer lugar, está la capacidad de nuestra especie para asignarle valor a las cosas, y saber si algo nuevo, que recién descubrimos, es más valioso que lo que había antes. Todos procuramos aumentar el valor de las cosas que poseemos, sean éstas tangibles o intangibles. Así, nos damos cuenta de que los teléfonos celulares son más valiosos que los fijos, que los gobiernos organizados democrática e institucionalmente son más valiosos que la anarquía y, que es más barato y mejor comprar las cosas en el supermercado que cultivarlas o fabricarlas nosotros mismos.

En segundo lugar, está nuestra orientación a establecer diferencias entre unos y otros, por medio del estatus: algunos lo hacen mediante el dinero, otros mediante el poder, otros por el prestigio, sea éste intelectual o artístico. La búsqueda de estatus nos induce a aumentar el valor de nuestras posesiones y, por ende, nos insta a utilizar nuestra creatividad para encontrar innovaciones que aumenten el valor de los bienes tangibles o intangibles, que nos ayuden a mejorar nuestra posición relativa en la sociedad.

Las innovaciones son las nuevas formas que encontramos para organizar un sistema productivo, que generen valor, ya sea aumentándolo o bajando los costos de hacer algo similar. Hay innovaciones de productos, de diseño, de procesos, de modelos de negocio, de organización y de cultura. En el mundo contemporáneo, eso no sólo requiere de ciencia y tecnología, sino fundamentalmente de instituciones que incentiven la búsqueda creativa de innovaciones.

Hay tres tipos de instituciones necesarias para que lo anterior ocurra: las de sustrato, las de contenido y las que generan incentivos. El sustrato necesario para que la creatividad innovativa ocurra, necesita competencia y flexibilidad. La competencia es básica para que los agentes se sientan motivados a cambiar lo que hay por algo mejor. Sin competencia, las cosas tienden a permanecer estáticas. La flexibilidad es fundamental para que las personas no se sientan limitadas por rigideces legales o administrativas que impidan implementar las innovaciones. Por otra parte, las instituciones que proveen de contenido son las que permiten el desarrollo de la ciencia y la tecnología, así como su fomento. Sociedades sin los conocimientos necesarios difícilmente podrán generar las innovaciones creativas que provocan saltos cuánticos de valor, y tampoco las modificaciones graduales que necesitan apoyarse en lo que ya se conoce. Finalmente, las instituciones que entregan incentivos, son los fondos concursables que subsidian, motivando a las personas  a probar y ensayar, pues, muchas veces, sin esos fondos, no lo harían. Hay una multiplicidad de formas de hacerlo, pero todas necesitan un cuidadoso monitoreo de los montos otorgados y de la calidad de los resultados.

La combinación virtuosa de nuestra capacidad de asignarle valor a las cosas junto con la búsqueda de estatus, sumado a las instituciones de sustrato, contenido e incentivo recién mencionadas, son lo que permite que la creatividad florezca, las innovaciones se multipliquen y la riqueza individual y colectiva crezca. Es en eso en lo que nuestro país debe seguir perseverando. •••

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¿Somos creativos los chilenos?

Me atrevo a sostener, una vez más, que es la sobrevaloración de la uniformidad y la falta de intercambio, tolerancia y colaboración entre diferentes visiones del mundo dentro de nuestra sociedad chilena, lo que nos ha hecho ser más conformistas, menos disruptivos y, finalmente, menos creativos.

Por Jorge Errázuriz

Al parecer, frente a esta simple interrogante, nuestra reacción intuitiva es que la creatividad no es uno de los atributos propios de la cultura nacional. Se puede constatar que no existen grandes innovaciones de uso global que se hayan generado en Chile por chilenos, pero ¿será esto suficiente para resignarnos a aceptar este destino como simples seguidores de tendencias, como usuarios de innovaciones y, a lo más , como “copiones” de ideas de otros ?

Me atrevo a sostener, una vez más, que es la sobrevaloración de la uniformidad y la falta de intercambio, tolerancia y colaboración entre diferentes visiones del mundo dentro de nuestra sociedad chilena, lo que nos ha hecho ser más conformistas, menos disruptivos y, finalmente, menos creativos.

Pero esto felizmente está cambiando gracias, en parte, a la dilución del poder de las elites que dictaban no sólo el “deber ser”, sino también el “cómo ser” y a la interconexión de nuestras generaciones jóvenes con otras culturas globales a través de las redes sociales e internet de acceso universal. Esto está produciendo culturas de colaboración en la creatividad para generar emprendimientos innovadores y de alcance global creados en Chile.

Mucho se admira y se trata de emular en Chile el ecosistema de mayor éxito creativo de valor en el mundo: Silicon Valley al sur de San Francisco, California. Pero ¿qué nos ha faltado para lograrlo? Tenemos que ser creativos para forjar nuestra propia cultura de la creatividad/innovación, que aliente un espíritu de colaboración desinteresado entre empresarios, alumnos de universidades y emprendedores sin distinciones de ningún tipo y sólo premiando las mejores ideas, y ayudando a que esos sueños se transformen en realidades. Se trata de compartir en forma abierta la información y la experiencia. Alguno de ustedes ha pensado, por ejemplo, ¿porqué la red de acceso a internet es libre? Claro, las comunicaciones tienen un costo, pero la red de internet es gratis. Solamente porque esta fue la decisión de sus creadores en Silicon Valley. Algo de esa generosidad para colaborar y compartir está empezando a darse en Chile hoy.

Me refiero, por ejemplo, al proyecto de espacio colaborativo de IF que se estableció en una ex fábrica de sombreros en avenida Italia en Santiago. En dicho espacio abierto se reúnen emprendimientos sociales diversos que, además de compartir techo, comparten experiencias en formas de desarrollar sus modelos y pueden unirse por causas y objetivos comunes. Pero también  IF reúne numerosos emprendimientos basados en ideas innovadoras, que se encuentran dando sus primeros pasos como negocios sustentables. ¿Quiénes son estos innovadores y emprendedores jóvenes? Son profesionales que se han atrevido a pensar una nueva manera de solucionar problemas conocidos. De aquí puede salir en Chile una innovación global, sólo hay que generar estos ecosistemas de colaboración y empujarlos a pensar de manera global. Me impresionó, por ejemplo, un proyecto consistente en desarrollar robots que puedan funcionar con el envío de instrucciones  a través de las ondas cerebrales de la persona al mando.

Así, un enfermo cuadrapléjico podría hacer funcionar su silla de ruedas o su computador con sólo utilizar su mente y sin ningún otro estímulo físico. Esto no es ciencia ficción, es algo que ya está siendo desarrollado con éxito inicial en IF.

Otro caso notable de innovación en Chile es el logrado por Alfredo Zolezzi de AIC en Viña del Mar, con el desarrollo de un sistema de purificación que convierte en potable aguas altamente contaminadas, incluso eliminando bacterias y virus. El proceso patentado por AIC consiste en descomponer los elementos del agua en plasma y luego volver a convertirlo en agua. El desarrollo y difusión de esta tecnología pueden significar que millones de personas sin acceso a agua potable se salven de morir por infecciones provocadas por aguas contaminadas.

Nuevamente, esta innovación ha sido realizada por un chileno y su equipo de investigación privado en nuestro país.

Esto demuestra que los chilenos sí podemos ser creativos, pero para que esto se multiplique, es fundamental generar en nuestra educación desde muy temprano un espíritu crítico frente a soluciones antiguas de problemas conocidos y también desarrollar un espíritu de colaboración dentro de la diversidad.  •••

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Ciudadanos creativos para ciudades creativas

Por Isidora Undurraga, directora ejecutiva Premios Avonni

La situación urbana es una realidad que identifica al mayor porcentaje de la población y nos afecta en todo tipo de orden social, económico y político. Si dentro de un espacio acotado -que conocemos como ciudad- se desarrolla nuestro diario vivir, nuestras rutinas, nuestras conexiones… ¿cómo hacer para que estos lugares potencien nuestra calidad de vida y no por el contrario se transformen en un obstáculo?

Nuestras ciudades en Chile todavía están en desarrollo y aún no logran facilitar nuestros hábitos cotidianos. Pero ¿tenemos que sentarnos a esperar la aprobación de una política pública, o podemos ser nosotros los que tengamos directas incidencias en esto?

Varios autores como lo son Richard Florida, Joel Kotkin y Charles Landry, entre otros, han comenzado a construir teorías de cara a nuestra evolución y desarrollo para el futuro mediante la construcción de las denominadas “Ciudades Creativas”. La suma de realidades de nuestra época como lo son la sociedad del conocimiento, la innovación, la tecnología ha llevado a estos autores a plantear la necesidad de construir y potenciar este concepto, entendiéndolo más que desde el espacio físico, como el lugar que agrupa a ciudadanos conscientes y conectados, activos y propositivos.

¿Cómo hacemos para que en Chile esto ocurra? ¿Se puede potenciar una estrategia digital que facilite llevar la tecnología a todos los ciudadanos? Esto ya está ocurriendo: Chile Atiende y Municipalidades como la de Peñalolén, Vitacura y Maipú, han desarrollado herramientas digitales para sus vecinos. ¿Hay que destinar más recursos públicos para construir espacios que faciliten el desarrollo? Por supuesto que recursos van a ser siempre bienvenidos, y en ese sentido el plan de CORFO sobre ciudades creativas será sin duda un aporte, sin embargo hay un tema de consciencia, comunicacional y de actitud que creo es más prioritario y urgente.

Una ciudad es creativa mediante sus ciudadanos. Esta es la primera premisa que se debe considerar, ya que las ciudades no son sus edificios, tecnologías e infraestructuras, sino sus ciudadanos, y para eso es fundamental que nuestra actitud sea de querer y apreciar la ciudad en la que habitamos. La ciudad tiene que ser una prolongación de quienes somos, con espacios en los que uno quiera disfrutar y pasar el tiempo.

Las entidades públicas deben crear plataformas de comunicación y discusión abiertos, que permitan un mayor acercamiento con los ciudadanos, y junto con esto preguntar, ¿cuál es el modelo de ciudad que queremos? El modelo desarrollado por Elemental para el plan de reconstrucción de Constitución es un gran ejemplo de esto. Si queremos construir ciudades creativas tenemos que formar ciudadanos creativos. Hay que favorecer el flujo de personas, información y conocimiento, facilitando los procesos de participación ciudadana a cualquier nivel y para cualquier tipo de decisión.

Gracias a mi trabajo en Avonni me ha tocado ver casos interesantes que aplican esta lógica: Mil Metros Cuadrados, Fundación Mi Parque y el programa “Tus ideas en tu paradero”, por nombrar algunos. Son casos concretos que generan impacto a nivel ciudadano, sin embargo, debieran ser de conocimiento masivos y contar con mayor apoyo financiero tanto del mundo privado como público.

La relevancia que ha tomado el desarrollo de ciudades creativas se condice con nuestro nuevo escenario económico, en que las fuentes de riqueza son el conocimiento, la imaginación y el capital humano. Así lo intangible cobra una especial importancia, siendo la innovación el motor económico. Y me refiero a la innovación no sólo vista desde lo técnico y organizativo, sino también desde lo social e institucional.

Si la creatividad humana ha comenzado a ser un recurso valorado y fomentable, las ciudades deben de poder potenciarlo. Se debe buscar tener ciudadanos conectados y conscientes en que el espacio en el que se desarrollan es el espacio donde se entretienen, conectan y se pueden expresar. Facilitando esto se podrán construir condiciones y un clima propicio para que fluya el cambio, con el objeto de generar proyectos innovadores que beneficien a toda la comunidad. El gran reto es construir la complicidad con el ciudadano para alcanzar una auténtica cultura participativa.

La innovación no puede ser un mero discurso, sino debe ser una práctica y una manera de articular la vida en la ciudad. La innovación es un proceso de transformación paulatina que se desarrolla paso a paso. Es un proceso íntimamente relacionado con el análisis que genera conocimiento y que va aportando valor añadido a lo ya existente.

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  • http://www.visionactiva.cl Pablo Rodriguez Araneda

    UN desafío importante y el rol debe ser a largo plazo es decir desde los colegios, estoy convencido desde la experiencia de trabajar en diversos establecimientos educativos que la creatividad en el actual sistema escolar se coarta, limita y destruye en las aulas de clase…pero hay quienes desarrollan iniciativas para revertirlo pero debe ser un proceso transversal de la educación chilena. Concepción ahora tiene un desafio…

  • Xideral

    Mientras, en donde se genera el sueldo de Chile, mi querido desierto de Atacama, sigue ignorado por el centralismo de las autoridades. … Es lindo el sur, lo reconozco, pero es aquí donde se ha generado por centurias el recurso de mi pais. Solo un poco de justicia.

  • http://www.lexcor.cl Julio Acuña

    No basta con invertir recursos, es necesario mejorar la calidad y la accesibilidad a la educación de acuerdo al talento y no al ingreso familiar, demoler el clasismo en el acceso a oportunidades de negocios (ver apellidos de redactores de este articulo), mejorar el sistema judicial aplicando penas efectivas a delitos de estafa para dar seguridad en la inversión a pequeños accionistas (caso cascadas), establecer duras penas a la corrupción política en entrega de licitaciones. Sin estos cambios Chile nunca sera un país competitivo y seguirá siendo una oligarquía rígida productora de materias primas.

  • gloria galvez

    una haya una real opotunidad y el financiamiento para que las ideas creativas puadn desarrollarse va a ver un cambio,los jovenes tiene mucho potencial para realizar trabajos de investigacion con lo que respecta a la cultura local y provincial ,tambien realzar la historia del lugar donde viven,sus raices,su cultura,que tipo de poblacion hay en su localiad,y sobretodo las personas ,niños ,jovenes,adultos y adultos mayores que tienen mucho que entregar ,enseñar a todos nosotros,pero el problema que no existe el financiamiento para difundir toda esta informacion que es muy rica en historia real,entonces como pueden decir que somos unos de los peores calificados ,sino no hay un acceso real al financiamiento ,porfavor pensemos un poquito mas antes de hacer este tipo de investigacion.

  • Cavernario

    Yo creo que el estudio es bien acertado, comparto las indicaciones que el articulo detalla, pues yo lo he vivido en carne propia lo dificil que es para un creativo desarrollar sus ideas en este pais, pues es muy dificil compatibilizar ademas con mantenerse economicamente, esa tranquilidad que se necesita para crear fluidamente. Este tema es importantisimo pues lo que ha ocurrido por decadas es que los que logran realizar sus proyectos son aquellos que tienen mayor acceso economico, por lo general son aquellas personas que vienen de un nivel socio economico alto, y tienen un colchon para mantenerse mientras crean, personas que viven una realidad muy distitas al comun de la gente. Los resultados estan a la vista. Aqui no tiene que ver si un recurso se reparte en el desierto o en el oceano, tiene que ver con la igualdad de oportunidades, estoy muy seguro que grandes ideas o muy buenos creativos han tenido que abandonar sus objetivo por otros. En mi caso siento que poco a poco tengo menos oportunidades, el tiempo pasa, solo imaginen cuantas generaciones pasaron por lo mismo.
    Hay creativos en este pais, y no solo de un nivel socioeconomico, y el pais los esta desaprovechando.

  • Abyecto

    El estudio no considera la contabilidad creativa…?

  • La Pilar

    En este reportaje se olvidaron de la región de Los Ríos. Por nombrar algunos ejemplos, es: 1. la primera región en tener un PMC de Industrias Creativas en Chile (ARDP-Corfo), 2. la primera región en la que se implementa un fondo concursable de Sercotec para apoyar el emprendimiento cultural, y 3. en octubre del 2014, se elegió a Valdivia como la primera Ciudad Innovadora, Sustentable y Creativa del país, con el fin de impulsar la industria creativa (Corfo, CNCA, etc.). Faltó investigación :(

  • http://twitter.com/abelorian Abel O’Rian

    El talento en Chile si está, pero se pierde por la falta de Tolerancia, Tecnología y la cultura basura que fomentan los medios de comunicación masivos (esa es su función política).
    Un ejemplo de falta de tolerancia: Corfo.

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