Negocios

Apuesta maciza

Masisa es una de las compañías chilenas más importantes en Venezuela. Pese a que el foco de la empresa está hoy en México y Brasil, allá posee su mayor reserva de bosques –unas 86 mil hectáreas- y es el productor forestal más importante de ese país. ¿Pero cómo sobrevivir a los vaivenes de su economía? Por Natalia Saavedra M.

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Masisa

Pese a que Venezuela lleva años con muchas interrogantes abiertas respecto a su futuro político y económico, varias empresas chilenas han optado por permanecer en ese país. Se trata de un grupo de compañías que ha desembolsado allá en los últimos diez años casi 600 millones de dólares, y donde la chilena Masisa juega un rol relevante. Su aterrizaje a firme en esta nación de casi 29 millones de habitantes se remonta hace una década, luego de que el Grupo Nueva tomó el control, fecha desde la cual el negocio ha andado bien.

¿Pero por qué permanecer en un mercado que acarrea riesgos? La respuesta es simple: un crecimiento exponencial de las ventas año tras año, una plataforma privilegiada para exportar a Centroamérica y una economía que vive ajena a las crisis económicas internacionales son algunas de las razones.

El origen

Masisa llegó a Venezuela el 2002 cuando el grupo chileno Pathfinder –ligado a Juan Obach y Félix Bacigalupo– cedió el control de esta sociedad a la forestal Terranova, esta última propiedad de los suizos del Grupo Nueva. La idea del deal era que ambas empresas operaran con independencia, pero dos años más tarde ambas compañías decidieron que lo mejor era integrarse. Así, en 2004 el directorio les propuso a los accionistas una fusión por incorporación que se concretó un año después.

Tras ello, nació un holding forestal con activos por más de 1.700 millones de dólares y un patrimonio que se repartía entre Chile, Brasil, Argentina, México y Venezuela. De ese modo, y tras la fusión, Masisa consolidó 300 mil hectáreas de bosque en esos países, de las cuales 86 mil –su fracción de tierra más grande– están en Venezuela. Fue el arribo definitivo y un tanto por ventanilla de la compañía en ese mercado, lo que motivó que inmediatamente se comenzara a trabajar en un plan de negocios con la meta de afianzar su posición en todos los países en que estaban presentes.

Pese a que no han estado exentos de avatares, en el mercado creen que si Venezuela alcanza la estabilidad económica que se espera, lo que puede lograr Masisa allá es interesante.

Avanzaron bien entre 2003 y 2008, hasta que la crisis subprime tocó su puerta e hizo que sus ventas cayeran en casi todos los mercados donde operaba. Casi, porque precisamente ese año Venezuela tomó un rol protagónico en su operación. Así, mientras sus ingresos consolidados retrocedían 13%, la demanda venezolana crecía, todo gracias a una estabilidad de la demanda interna que no se observó en ningún otro país.

Poner las fichas en Venezuela claro que no fue planeado, pero sí una consecuencia que el mercado miró con detención. Tenían razón: en enero de 2010 el gobierno de Hugo Chávez oficializó una devaluación del dólar frente al bolívar, lo que implicó para Masisa “reconocer una disminución de sus activos, pasivos y patrimonio a nivel consolidado, así como también una disminución de los flujos de caja operacionales”, según detalló la compañía en su momento.

Pero ésta no sería la única complejidad que enfrentaría. 2010 fue un año difícil para todas las empresas chilenas en Venezuela, ya que cerca de 50 compañías sufrieron una retención de divisas en ese país por más de 80 millones de dólares. El conflicto escaló, se pidió la intervención del gobierno de Piñera, y el ambiente se volvió hostil entre el empresariado local y las autoridades venezolanas. Masisa sintió los coletazos de esa tensión.

En abril –en su programa radial Aló Presidente– Hugo Chávez señaló que entre sus ideas estaba recuperar para el Estado las tierras de la forestal chilena en su país. Pese a que el incidente no pasó a mayores, generó incomodidad en el directorio de la firma. Ese mismo año –recuerda un cercano a la empresa– otro incidente inquietó los ánimos. La siderúrgica Matesi, de capitales argentinos, fue expropiada. “El temor de que el eco resonara en otras empresas industriales fue cierto, pero en ese momento Masisa contó con un apoyo transversal de su sindicato que expresó que por ningún motivo quería que la empresa se estatizara. Además, nunca hubo intención real de hacerlo”, recuerda el ejecutivo.

Un mercado muy particular

Ya con varios años de experiencia en la industria venezolana, Masisa sabe que este es un negocio con ciertas particularidades. Entre otras cosas, se produce desde y para Venezuela, con volúmenes y ventas importantes para la compañía. Como ejemplo, en 2012 los ingresos provenientes del negocio de tableros MDP/PB crecieron 11,6 millones de dólares en ese país, mientras que los dividendos del negocio de molduras MDF aumentaron otros 35,9 millones de dólares.

Masisa llegó a Venezuela el 2002 cuando el grupo chileno Pathfinder cedió el control a forestal Terranova. Desde entonces han sabido navegar sobre aguas no siempre pacíficas.

Es un negocio en el que además Masisa corre con ventaja. “Son monoproductores de paneles en ese mercado que está en pleno desarrollo. Si Venezuela alcanza la estabilidad económica que se espera, lo que puede lograr Masisa allá es muy interesante. Además, incluso con las particularidades, ellos ganan plata allá y eso es un buen signo de la posición en la que esperan ese crecimiento”, explica Andrés Galarce de EuroAmérica.

En la compañía también añaden que tras Brasil y México, el venezolano es el mercado de mayor volumen para la industria forestal latinoamericana. Por eso, admite un cercano al directorio, han optado por esperar el boom del negocio y gozar de sus dividendos.

Así lo reafirmó el gerente general de la firma Roberto Salas, tras aprobarse el reciente aumento de capital de la compañía. “Tenemos una visión de largo plazo. Hemos estado ahí por muchos años y sabemos cómo manejar esas coyunturas”, dijo en la ocasión.

Masisa en Latinoamérica

Los efectos

Pero mientras ese momento llega, la empresa ha tenido que hacer frente a nuevas dificultades. El 8 de febrero de este año el gobierno de Venezuela anunció nuevamente una devaluación del bolívar, pasando de una relación de 4,3 bolívares por dólar a 6,3 bolívares por dólar. Los efectos de dicha medida, según detalló la empresa, serán que sus activos sufrirán una disminución aproximada de US$ 165 millones.

Felipe Ruiz, analista de BCI, agrega que era un castigo que el mercado ya había interiorizado, pero que aún quedan algunas dudas respecto a la performance de Masisa en Venezuela en el corto plazo. “Lo que efectivamente es una interrogante importante es qué cantidad de flujos, de plata, Masisa va a poder traer de Venezuela a Chile, tomando en cuenta las restricciones para la repatriación de divisas que se imponen en ese país”, dice el profesional.

Precisamente traer parte de esos dineros a Chile fue una tarea que resultó más compleja para la empresa entre 2011 y 2012. De acuerdo con estimaciones de BCI, Masisa mantenía en Venezuela una caja de 35 millones de dólares, de los cuales ya se han logrado repatriar 5 millones de dólares, los que se suman a otros US$ 15 millones en años previos.
Traer el monto restante de vuelta sería hoy más difícil. Ello, porque después del anuncio de devaluación en febrero, Venezuela eliminó uno de los mecanismos vigentes para comprar divisas, denominado Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (SITME), que era operado por el Banco Central de ese país.

En paralelo sigue funcionando la Comisión Administrativa de Divisas (Cavidi) y un tercer mecanismo que permite la adquisición de bolívares como títulos de deuda para vender en el mercado, a lo que se suma que el gobierno anunció que quiere crear un ente que equilibre el flujo de monedas en la economía, lo que sería una buena oportunidad para que la chilena repatríe sus ganancias. “Es esperable que el acceso a divisas al nuevo nivel de tipo de cambio aumente. En efecto, durante el 2010, luego de aquella devaluación, la sociedad tuvo acceso a los tres mecanismos antes mencionados por montos suficientes para cubrir sus necesidades de importación y repatriación de dividendos”, detalló Masisa al medir los efectos de la última devaluación.

No tan lejos de Venezuela, hoy el objetivo estratégico de Masisa es diversificar su portafolio y México es su apuesta más fuerte. En febrero cerraron la compra de los activos de Rexel.

Por estas mismas razones, la manera de calcular los flujos provenientes de ese mercado es bastante particular. Así, si bien en el cuarto trimestre de 2012 las ventas en Venezuela representaron el 30% del total de ingresos, esos son flujos que no se consideran en el presupuesto anual. De ese modo, se protegen de cualquier eventualidad que no les permita recuperar ese dinero. “Hoy en día en Venezuela hay que tener un poco de paciencia, ver cómo se van aclarando los sistemas y, mientras tanto, tratar de mantener las operaciones lo más normales posibles para atender a los clientes”, agregó Salas.

Los analistas añaden que también es importante que el mercado (un 12,8% de la firma está en manos de las AFP y un 10,7% en la de otros accionistas), no sobre castigue su precio en la bolsa. “Asumimos que hay un castigo que aplica el mercado, que se genera por un riesgo de percepción no justificado al mirar que la empresa invierte allá. Hemos analizado esos números y estimamos que hay un menor precio de 10 pesos por acción”, añade Felipe Ruiz de BCI.

Pese a lo anterior, en Masisa ven el escenario con calma. Uno de los efectos amigables de la devaluación son las mejores condiciones para exportar a países como Colombia. De hecho, desde principios de año los envíos desde Venezuela a ese país se han multiplicado por tres. La meta de la empresa es además atender otros países de El Caribe desde esa plataforma.

La apuesta por la diversificación

No tan lejos de Venezuela, hoy el objetivo estratégico de Masisa es diversificar su portafolio y México es su apuesta más fuerte. En febrero pasado cerraron la compra de los activos de Rexel, uno de los productores líderes de tableros en ese país. A ello se suma la adquisición en abril de 2012 de una compañía azteca del rubro químico, Arclin.

De acuerdo con la empresa, en México las oportunidades son gigantescas. La compañía explica que en ese país existe un déficit de viviendas cercano a los 4 millones de casas, por lo que se espera que en los próximos años se desate un verdadero auge de la construcción. “El objetivo fundamental de Masisa es crecer en los mercados que efectivamente se desarrollan como Brasil, Chile y México. Cada año el escenario está mejorando, con miras a generar mejor caja y resultados en esos países. Por eso, hoy nuestro plan está orientado en ser una empresa con una mayor dinámica y diversificación de resultados”, detalló Salas.

Es una diversificación vista con muy buenos ojos por el mercado, que ha recomendado mantener su acción con miras a que la bolsa premie este esfuerzo. “La búsqueda de diversificación en los ingresos geográficos permite ampliar el crecimiento en países estables con amplias perspectivas de consumo per cápita de tableros y estabilidad macroeconómica, y diversificar la composición del Ebitda para lograr estabilización de flujos, altamente dependientes de las operaciones en Argentina y Venezuela”, dijo BCI en su último informe de Masisa.

Pero además de consolidar su posición en México, el plan global de la firma–que será apalancado por un aumento de capital de 100 millones de dólares que ya fue aprobado– se traduce en aumentar su capacidad en Chile y Brasil, añadir nuevas áreas productivas a sus fábricas (se suman una línea de pintura y de productos recubiertos), reducir el valor de sus contratos de energía y aumentar la cobertura de su red de locales Placa Centro. Todo, por una inversión de 216 millones de dólares. •••

 

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