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Artículo correspondiente al número 285 (24 de septiembre al 7 de octubre)
Kau, el primer disco solista de uno de los fundadores de Electrodomésticos y Los Mismos, evoca paisajes de viva humanidad, pese a estar levantado sobre un instrumento extraño: el stick. El destacado músico dice haber encontrado al fin “una veta personal” en su trabajo. Por Marisol García
Santiago embanderado, debido a los festejos bicentenarios, no deja de ser un ambiente curioso para conversar con un creador que lleva casi tres décadas abordando desde plataformas por completo atípicas los desafíos de una identidad creativa típicamente chilena.
En su música experimental o electrónica, trabajada en solitario o en grupo, a partir de instrumentos reconocibles (como el bajo) o tan extraños como el stick, Silvio Paredes no ha cejado en el levantamiento de un sonido que no se parece a ningún otro en el mundo, pues nace desde las inquietudes de su generación y de los ambientes sociopolíticos contrastantes que ha atestiguado cualquier chileno de cincuenta años de edad.
“Asumo que mi mente está cargada de cosas que son de acá, y eso sale de algún modo u otro en la música, aunque no sé cómo ni tampoco puedo planificarlo”, explica sobre los posibles rasgos locales de lo que ha venido trabajando desde 1984 en bandas como Electrodomésticos y Los Mismos, y, durante esta década, en sus conciertos y grabaciones solistas con el stick.
“Para mí es elogioso que alguien vea en lo que hago una identidad local dentro de una parada más universal. Porque en lo que hago también está mi gusto de siempre por la música extranjera, por el jazz, por la fusión, por lo progresivo o lo electrónico. Un amigo fue a escucharme, observó lo que estaba haciendo y luego me dijo que mi música le parecía futurismo latinoamericano. ¡Wow! Cómo no va a ser interesante que alguien perciba esa fusión”.
-No todas las etiquetas son antipáticas, al final. Hay definiciones breves que sintetizan muy bien lo que no se puede explicar de otro modo. A tu música también la han llamado “paisajística”.
-Y me parece genial. Desde chico me interesó la música como la banda sonora de un determinado relato mental; en parte, por eso me gustó mucho el ambient. Cuando leí que a la música de [Robert] Fripp la catalogaban como sound landscapes, paisajes sonoros, yo pensaba: “pero qué buen término”.
-Hay paisajes en el disco Kau, definitivamente. Ahí están Forestal o Al sur del sur. Incluso tienes un tema que se llama Quintay.
-Me gusta la palabra, me gusta lo que evoca. Me gusta pensar que no existe una palabra así en ninguna otra parte del mundo. Cuando alguien me dice que fue a Quintay y puso mi disco me alegro, porque creo que se logró una de mis objetivos, y es que la gente perciba la música, más allá de los géneros o las formas. O sea, ojalá se olviden del stick.
Precursor de las cuerdas
El stick, el instrumento que ha reemplazado al bajo eléctrico como la principal herramienta creativa de Silvio Paredes, es un artefacto peculiar, y tiene alrededor de 20 mil cultores en el mundo. Es un instrumento eléctrico de ocho, diez o doce cuerdas sostenidas en una base larga de madera y que se toca a partir de golpes suaves y breves (técnica del tapping). El primer stick se comercializó en el mundo hace 35 años a partir del diseño del jazzista estadounidense Emmett Chapman. Paredes ha sido el chileno que más ha hecho por la difusión local del instrumento, incluyendo clínicas de interpretación, la organización de festivales internacionales y su labor como director de Stick Chile, la comunidad nacional de intérpretes.
“El stick permite unir melodía, acompañamiento y percusión, por el martilleo de los dedos sobre las cuerdas”, explica el músico. “Es conceptualmente como un piano, pero agrega dos dimensiones más: no sólo te mueves de izquierda a derecha y viceversa a través del mango, sino que también de arriba a abajo. Eso da un rango de posibilidades armónicas enorme. Además, como ambos grupos de cuerdas se amplifican por separado, permite procesar cada grupo con sonidos o efectos diferentes, extremando así la percepción de que toca más de una persona, por decirlo de algún modo”.
Esa ductilidad queda de manifiesto de inmediato en Kau, el debut solista de Paredes y el primer disco levantado en Chile casi únicamente sobre stick. El de estas ocho canciones no es en lo absoluto un sonido frío ni mecánico, sino el resultado creativo de una búsqueda doble: estética y personal. Al músico le gusta una frase de su amigo y socio en Los Mismos, Cuti Aste: “aquí le ponemos carne al robot”.
Efectivamente, estos pulsos eléctricos transmiten calidez y cuerpo, cuando no experiencias perfectamente empáticas con el auditor. Ocupado entre intermitentes reuniones de Electrodomésticos y otros encargos, Paredes demoró más de la cuenta en grabar y publicar este álbum. La alegría con la que hoy lo presenta lo tiene convencido de que la norma de ahora en adelante debe ser “al menos un disco por año”.
“Me ha sorprendido la buena acogida, pero, sobre todo, comprobar que es posible levantar proyectos musicales no necesariamente relacionados con la estrategia habitual del pop. Habrá quienes hablarán de nichos raros o de música instrumental, pero para mí tiene que ver con generar música como una experiencia estética humana. En este trabajo hay un foco conceptual y hay un desafío personal, que al final es lo único que me importa como artista. Para alguna gente, éste ha sido un disco que las ha acompañado en divagaciones interiores, en viajes. Me gusta creer que esa es una forma concreta de disidencia”.
-Una rebeldía musical que les funciona a los auditores, pero también a ti.
-Sin duda. Yo me siento muy estimulado creativamente con esta veta personal que le encontré al instrumento. Siento que mi gusto por la melodía, al fin, se manifestó como parte de una interioridad. Me da hasta pudor reconocerme en esa personalidad, pero me gusta. Me siento afortunado por los trabajos en grupo que he podido hacer, pero en lo solista no hay forma de estar camuflado. Ese ha sido un descubrimiento exigente y fantástico.
| Tres discos notables | ||
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Carreras de exitos - Electrodomesticos (1987). Un álbum macizo y adelantado que incluye El frío misterio, lo más cercano a un hit de la banda. | |
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Caspana – Mismos (2006). Amplía los conceptos ligados a la música electrónica y avanza en el pop de vanguardia. | |
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Kau – Silvio Paredes (2010). Pulsos eléctricos que transmiten calidez y cuerpo; un viaje emocional que transcurre en ocho canciones. | |