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Rock de adultos

Artículo correspondiente al número 283 (27 de agosto al 9 de septiembre de 2010)

 

Más confusión que nostalgia, más honestidad que provocación, más densidad que pompa es lo que eligen hacer hoy bandas como Arcade Fire y The National, que asumen la edad de la madurez sin complejos. Por Marisol García

 

 



Con discos lo suficientemente interesantes de gente como Neil Young, Bob Dylan y Luis Alberto Spinetta, hablar en los últimos años de la legitimidad de un rock de adultos se ha vuelto innecesario: ahí están las pruebas de que sostener el espíritu y el sonido rockero más allá de los 50 no es el despropósito que auguró alguna vez The Who con eso de espero morir antes de envejecer.

El rock dio la apariencia de un género excluyentemente juvenil sólo porque sus figuras fundantes fueron de una precocidad insolente. Pero ellos crecieron, también sus fans, y subsiste la necesidad de un rock que aborde las inquietudes de, por ejemplo, la vida matrimonial, las dudas de ser padres o —ay— el paso inclemente del tiempo.

Arcade Fire se ocupa de todo eso en su nuevo The suburbs, el disco probablemente más esperado por el sector pensante del periodismo musical del continente. La nostalgia de la infancia, los recuerdos de crianza en el extrarradio, la inquietud por el mundo en el que crecerán sus hijos, los proyectos juveniles frustrados.

Las crecientes comparaciones del grupo con U2 distorsionan por completo un aspecto clave: en Arcade Fire, la épica no está puesto al servicio de grandes causas ni de mensajes, sino de un sentir generacional que, al redactarse sobre la marcha, no puede ocultar su esencia fragilidad. Los canadienses son adultos que cantan, no líderes que pontifican.

Existe ese tipo de rock considerado serio y maduro que camufla en pompa mensajes de alta predictibilidad y pueril simpleza. Bandas como Arcade Fire eligen cantar sobre sus profundas inquietudes existenciales o sociales entre arreglos de total frescura. Su sonido es un rock eléctrico liberado de corsés estructurales, ritmos ordenados más por quiebres que por pulsos continuos, alternancia de voces (las del matrimonio entre Win Butler y Régine Chassagne) y arreglos amplios (aparecen violines, cornos) aunque no orquestados.

La marca de su debut, Funeral (2004) es la más llamativa, pero los sucesivos The neon Bible (2007) y The suburbs han sido discos igualmente asombrosos, avivados por crescendos adherentes, por completo extraños a los códigos radiales pero no por eso poco cautivadores. Sería cómodo seguir asociándolos al riesgo y la ética del mundo indie, pero Arcade Fire llenó hace poco dos Madison Square Garden y consiguió que The suburbs sacara al último disco de Eminem del número 1 del Billboard.

Su éxito es el de quienes han cosechado a favor la actual crisis de la industria y han impuesto sus códigos de trabajo —giras incesantes en espacios de todos los tamaños, prioridad para la difusión online, confianza en el poder del boca a boca, total negativa a prestar sus canciones a comerciales— como experimentos bien apuntados. En tal sentido, su éxito es la mejor noticia que podía tener este año la música hecha desde la auténtica vocación creativa.

De Ohio a Brooklyn



Por los palos del gusto adulto avanza también The National, quinteto original de Ohio y establecido en Nueva York, que se saltó el mito rockero del ansia adolescente por la música y el éxito precoz: todos sus integrantes llegaron a la banda luego de ejercer sus respectivas profesiones.

El cantante Matt Berninger (39) trabajó por años como diseñador gráfico y llegó a ser director creativo de una firma con cuentas en dos continentes. Su inolvidable registro de barítono acompaña hoy canciones compuestas desde una revisión emocional de la que sería incapaz un adolescente: profunda y a la vez frágil, confusa pero de convicciones firmes, más empática que provocadora. Van ya cinco discos de un rock oscuro pero de conmovedora exposición emocional, que en el nuevo High violet se encauza en una electricidad densa pero acotada a un promedio de cuatro minutos por canción, exigente aunque empática.

Circulan hoy suficientes cantautores de entre los 30 y los 40 años, pero no todos quieren asumirse como tales. El rock más llamativo a los oídos de las medios sigue anclado a exigencias juveniles que imponen el estilo, la distancia, la provocación y el sobreentusiasmo como prerrequisitos. El éxito de bandas como Arcade Fire o The National es noticia esperanzadora para un nuevo canto generacional: más honesto, menos autoconsciente, poco dado a la nostalgia, jubilado al fin de los clichés primigenios de un tipo de rock que con justicia quedó enterrado junto al siglo XX.

Dos x dos
Boxer. The national (2007).

Luego del aclamado Alligator (2005), la banda avanza en sus ambiciones musicales.
High Violet. The National (2010).

Eléctrico y denso, esto es rock oscuro con ecos de una brillante y rica tradición. Funeral.
Arcade Fire (2004).

Poderoso debut de la banda canadiense, incluye la explosiva Neighborhood # 1.
The suburbs. Arcade Fire (2010).

El disco que desplazó del número uno a Eminem muestra el lado más accesible del grupo.

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