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Regreso al exilio dorado

Artículo correspondiente al número 273 (9 al 23 de abril de 2010)

La marca Rolling Stones existe hace 48 años, y sus dueños velan hoy por su resguardo histórico. El próximo mes, la reedición del magnífico Exile on Main st. probará que lo que hoy desvela a Jagger y Richards ya no es la competencia autoral, sino la impronta de su legado. Por Marisol García.

 

Cuál es el mejor disco de una banda clásica. Lance la pregunta frente a un grupo de rockeros y verá cómo el entusiamo en el debate sube hasta lo febril. Deje que el beatlemaníaco argumente al detalle por qué Sgt. Pepper’s... es lo más famoso pero no lo mejor de los cuatro de Liverpool, y vea cómo el devoto de The Clash le explica que, aunque tiene menos hits, London calling está muy por encima de Combat rock. El escapadizo canon musical despierta insondables pasiones, reducciones y esnobismos que le dan sentido al fanatismo.

La discusión ha vuelto a activarse con el venidero proyecto de reedición de los Rolling Stones. Millones de caracteres se aplicarán en mayo para explicar por qué la veterana banda le ha dado tratamiento de lujo a Exile on Main st., su disco de 1972, habiendo tanto buen álbum suyo en el que ocuparse. Podrían haber readornado Let it bleed (1969), el último disco en contar con el genio de Brian Jones; o agregarle todo tipo de rarezas a Sticky fingers (1971), el álbum de Brown sugar y Wild horses. Por último, está ahí, esperando, la oportunidad de reivindicar el debido valor de Some girls (1978), la brillante incursión de la banda en la moda del disco. Get yer ya-ya’s out (1970), su más famoso disco en vivo, acaba de relanzarse con una serie de añadidos audiovisuales (nuevos temas y un DVD con tomas de ese concierto en el Madison Square Garden), pero el grupo no ha ofrecido ninguna entrevista para promocionarlo.

Restauración patrimonial


Las fichas están puestas ahora en Exile on Main st. Sucede que, en la larga discografía stone, Exile... es el disco más prestigiado; y Mick Jagger es un buen empresario que hoy vela por su posteridad. Incontables recuentos críticos han incluido a ese álbum como el más logrado de banda, si bien su edición original, hace 38 años, fue recibida con parquedad.

No se trata de un disco fácil, ni están allí sus mayores hits. El sonido que guía a temas como Rocks off o Happy es una densa distorsión de guitarra, el piano de Shine a light es lento y pesado, y la armónica de Sweet Virginia parece cansada. Incluso la célebre Tumbling dice no se vuelve pegajosa sino hasta luego de varias pasadas. Pero se trata de un álbum profundo, diverso, que logra balancear con sobriedad y frescura las influencias que entonces definían al grupo: el country, el blues, el soul. Fue una grabación larga, de más de dos años, trabajada en parte en el subterráneo de la mansión costera que Keith Richards tenía en Francia, cuando el guitarrista ya se había entregado a la inyección diaria de heroína y Mick Jagger se estrenaba como padre junto a su esposa nicaragüense. Era tal el desorden de vida de los músicos entonces, que casi no hubo grabaciones conjuntas, sino aportes individuales ordenados luego en una larga posproducción.

 
Esa dispersión explica, en parte, los muchos temas que quedaron fuera. Los añadidos perdidos son la clave de la venidera reedición: diez temas de las mismas sesiones de grabación antes inéditos junto a versiones alternativas de Soul survivor y Loving cup. Una edición de lujo le sumará a lo anterior un DVD con el documental Stones in exile, de Stephen Kijak; y una versión aún más costosa incluirá un disco en vinilo y un libro de 50 páginas. En entrevista con Rolling Stone, Mick Jagger adelantó que las pistas nuevas han sufrido leves modificaciones: “le agregué algo de percusión y voz. Keith le metió algo de guitarra a una o dos”. Aunque siempre hay rumores, no hay noticias ciertas en torno a que esta reedición preceda un próximo nuevo disco del grupo.

Las noticias sobre las ofertas audiovisuales de la banda para este año son tanto o más importantes. Stones in exile incluirá tomas nunca vistas sobre las sesiones de grabación de ese álbum («me sorprendió lo mucho que hay», dice Keith Richards), y adelanta la aparición, por primera vez en DVD, de Ladies and gentlemen... The Rolling Stones, antiguo registro de la gira con la que se apoyó Exile on Main st. Para el segundo semestre podría, además, estar listo el documental que prepara Johnny Depp sobre la vida y obra de su amigo Keith Richards, quien a su vez lleva tres años trabajando en sus memorias (ver recuadro).

Son los pasos esperables de una factoría rockera que aceita 48 años de trabajo y que ya prefiere verse a sí misma como un bien patrimonial en acción antes que como una banda en competencia comercial. Como la de Bob Dylan, la marca Stones es hoy la de próceres vivientes con ganas de ordenar su posteridad.




Letras Stones
Le debemos a Global Rhythm Press, la brillante casa española especializada en biografías y ensayos sobre música popular (que en Chile distribuye Editorial Océano), haber llenado al fin nuestras humildes librerías de títulos largamente ansiados por los lectores melómanos. Dos de ellos corresponden a mitología Stone. Memorias de un rolling stone comparte datos autobiográficos sobre Ron Wood, el encantador guitarrista del Jeff Beck Group y The Faces que en 1975 se hizo parte de la maquinaria de Jagger y Richards. El libro, aunque toscamente escrito, destaca por sus asombrosas anécdotas de juerga infinita con los más célebres personajes. Wood es hoy un personaje caído en desgracia a los ojos del público inglés por su escapada con una joven rusa 43 años menor que él. En casa, la despechada esposa y ex modelo Jo Wood recibe el apoyo del grueso de los fans de la banda.

Por mientras esperamos las anunciadas memorias de Keith Richards, esa misma editorial trae a Chile una vieja biografía de Victor Bockris, ávido cronista de las más brillantes andanzas rockeras de los años 60 (también ha escrito libros sobre Velvet Underground, Andy Warhol, Blondie y Patti Smith). El libro Keith Richards. Biografía desautorizada esboza sólo una parte de la vida de un guitarrista señero al que el autor no logra sacar del todo de su caricatura de rockero disipado. Además de drogadicto, Richards ha sido un genio creativo de influencia imponderable. Su gracia como entrevistado y su carisma sobre el escenario usualmente hacen que biógrafos y fans olviden su talento apabullante.

Revisando el mito

1. Keith Richards. Biografia desautorizada, de Victor Bockris (Global Rhythm Press, 512 páginas). Entretenido pero insuficiente recuento de la vida del guitarrista, a quien un crítico definió como «el gran lord Byron” de nuestra época: “era un demente, un depravado y era peligroso conocerlo”.

2. Memorias de un Rolling Stone. Ron Wood (Global Rhythm Press, 342 páginas). En un estilo tosco y desprolijo, el guitarrista cuenta la juerga infinita que era ser miembro de la banda más grande del planeta, a la que se unió en 1975. El desfile de celebridades resulta asombroso.

3. Exile on main st. (1972). Album doble, generalmente considerado el mejor de la banda. Una reedición con temas inéditos permite reencontrarse con un disco disperso aunque poderoso, con gemas como Rocks off, Sweet Virginia y Tumbling dice. Quizá ya no suena tan urgente, pero mantiene cierta vitalidad.

4. Get yer ya-ya’s out (1970). Su más famoso disco en vivo, acaba de relanzarse con una serie de añadidos audiovisuales (nuevos temas y un DVD con tomas de aquel notable concierto en el Madison Square Garden). Un referente para el rock de estadio de las décadas posteriores.

 

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