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Artículo correspondiente al número 262 (2 al 15 de octubre de 2009)
El último gran grupo de rock alternativo estadounidense se reúne para celebrar los veinte años de su mejor disco. De paso, intenta convencernos de que una caja con su trabajo debe costar más que los remasters de los Beatles.
El último gran grupo de rock alternativo estadounidense se reúne para celebrar los veinte años de su mejor disco. De paso, intenta convencernos de que una caja con su trabajo debe costar más que los remasters de los Beatles. Por Marisol García.
Favorite recorded scream es el título de uno de los compilados discográficos más peculiares de los que tengamos noticia. Disponible hasta ahora sólo en vinilo y sin distribución fuera de Estados Unidos, el álbum reúne los 74 mejores gritos y aullidos de la historia del rock. Allí están los gemidos agudos de Yoko Ono para sus grabaciones de vanguardia, el tartamudeo estruendoso de Roger Daltrey en The Who, los alaridos guturales de Iggy Pop en tiempos de los Stooges; cómo no, algo de Slayer. Y están, por supuesto, los Pixies; los siempre vociferantes Pixies.
“He estado pensando sobre vivir con mi sister en New Jersey / Ella me dijo que es una vida buena allá / Bien rica, bien chévere”, recitaba el cantante Frank Black antes de hacer explotar sus pulmones en Vamos. El título escogido para el compilado gritón no fue el único de los Pixies cantado parcialmente en castellano, pero sí uno de los más famosos. Los melómanos mayores de 30 recordarán probablemente con un temblor el topless de una bailarina flamenca impreso en sepia para la portada del disco en el que venía incluido, Surfer rosa; tesoro gráfico y musical en aquellos tiempos en que, sí, aún comprábamos (y acariciábamos) discos.
Los Pixies suenan aún frescos pero son, en el fondo, un recuerdo. La banda no entra a estudio desde 1991, y su disco más importante, Doolittle, apareció hace ya veinte años. Hoy, tributos, discos de covers y un elefantiásico box-set los devuelven a las notas de prensa, que nunca exageran cuando adjetivan la importancia de su legado. “Yo debiese haber estado en esa banda”, dijo alguna vez Kurt Cobain. Loas igual de entusiastas registran U2, Radiohead y Blur. “¡Qué desperdicio”, dijo públicamente David Bowie cuando se enteró de su separación.
Como los influyentes Velvet Underground en los años 60, los Pixies concentraron en una breve discografía una importancia que nunca llegó a tocarlos del todo mientras estaban juntos, pero que no hizo sino crecer tras su disolución. Sólo esa admiración póstuma puede justificar una de las publicaciones más lujosas del año, incluso más cara que los publicitados remasters de los Beatles. 230 dólares es el precio de venta de Minotaur, caja que incluye los cuatro álbumes y el EP editados por la banda durante su historia conjunta, un DVD con un show en Londres más todos sus clips, y un libro con ilustraciones y fotografías antes inéditas. Una edición limitada, aún más onerosa, se empina casi al doble de ese precio. El tratamiento es por completo excepcional en tiempos de crisis discográfica, pero no sorprende a sus fanáticos. Bajo el grito destemplado y las camisas de leñador de los integrantes de Pixies latió siempre la elegancia de un surf-rock ejecutado con aplastante finura; presentado siempre en ediciones de un cuidado visual único. Son pocas las bandas en la historia del rock con carátulas tan hermosas y fotografías tan sugerentes como las que el diseñador Vaughan Oliver trabajó en torno al cuarteto de Boston.
Minotaur es una caja prohibitiva y probablemente innecesaria, pero no del todo incoherente con la historia de un grupo que prefirió avanzar como un buen secreto para conocedores antes que obedecer a los parámetros obvios de promoción. Su fuerza eléctrica, sus melodías adherentes, sus juegos vocales y su delirio lírico fueron los del último gran grupo alternativo de rock estadounidense, cuando la distancia entre los mundos independiente y mainstream aún significaba algo: una ética, un sonido, un riesgo determinado. Durante este mes la banda ofrecerá contadas presentaciones en Europa, pero no hay luces sobre un nuevo disco ni más shows. Para sus integrantes, los Pixies son historia. Pocas bandas muertas suenan hoy así de vivas.