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Artículo correspondiente al número 270 (26 de febrero al 11 de marzo de 2010)
La crítica y el público coinciden: la Orquesta Sinfónica de Chile está cada vez mejor, y la temporada del Bicentenario, que se inaugura el 12 de marzo, promete continuar esa senda. Detrás del éxito de los últimos dos años está su director titular, Michal Nesterowicz. Por Joel Poblete.
Guiada por su batuta, la Orquesta Sinfónica ha alcanzado verdaderas cumbres en los últimos dos años. Hay consenso entre el público y la crítica: desde que el polaco Michal Nesterowicz asumió la titularidad en 2008, la agrupación ha ido progresando a pasos agigantados.
Nesterowicz cuenta con importantes pergaminos: a los 30 años se convirtió en el director más joven en asumir la titularidad de una filarmónica en Polonia, ha incursionado en el jazz y la música de cine y ha dirigido prestigiosas orquestas en Europa y Estados Unidos, con compromisos que lo llevan de Israel a Sao Paulo. Hoy, a sus 35 años, acostumbrado a los elogios y premios de la crítica chilena, sencillo, jovial y sin aires de divo, es sin dudas el gran responsable del excelente momento de la Sinfónica.
Nesterowicz vino por primera vez a Chile como director invitado en la temporada 2006; tras la buena experiencia regresó al año siguiente, y entonces le propusieron integrar la lista del llamado a concurso para elegir titular de la Sinfónica, cargo que finalmente ganó en 2007, para asumirlo oficialmente en 2008. “Es un poco como un sueño, desde el principio de mi estadía todo fue muy natural”, recuerda, “y estoy muy feliz de que desde el comienzo haya sentido la confianza y el aprecio de la gente del teatro, los músicos y el público”.
Además de sentirse cómodo con sus músicos, el maestro dice que siempre lo ha impresionado Santiago en sí misma, “porque es muy grande y moderna, por el Metro y las autopistas… y por supuesto, la gastronomía, hay muchos y muy buenos restaurantes, ¡y los mejores mariscos del mundo!”
También aprecia la forma en que los músicos chilenos enfrentan el trabajo orquestal: “son fantásticos, tienen una gran capacidad de concentración; una vez que se concentran, tocarán de verdad y no habrá nada que importe más en ese momento. Y otra diferencia es que en las orquestas de Estados Unidos los músicos necesitan tener una información clara de la interpretación: qué será forte, mezzo o piano. Acá, en cambio, están abiertos a la imaginación. Entonces, cuando les hablo de un crescendo o un acento especial en la interpretación, puedo hacer que lo entiendan a través de historias, metáforas o descripciones; decirles que imaginen un castillo o una isla para reflejar un sonido, por ejemplo”.
-Afortunadamente, el público de la Sinfónica parece siempre estar muy abierto a la ampliación del repertorio, a los nuevos músicos…
-Por supuesto que buena parte del repertorio se elige pensando en lo que más le gusta a nuestro público. Pero, finalmente, si tenemos un buen equilibrio entre algo conocido y algo que es nuevo, la audiencia acepta más fácilmente esto, porque les gustan las diferencias, que siempre hacen más interesante el panorama musical. Lo que yo siempre digo es que el público es exactamente tan responsable como los propios organizadores del programa. Si decimos “tenemos un problema, porque a nuestro público no le gusta la música contemporánea, y esperan que no vayamos más allá de Tchaikovsky”; si creemos eso, sólo tocaremos siempre Tchaikovsky y por lo mismo el público nunca podrá acceder a la música contemporánea; entonces, ¿cómo podrán saber si les gusta o no?
Todas las músicas
Aunque quienes han asistido a sus conciertos podrían asociarlo preferentemente con la obra sinfónica más intensa, tras empezar a estudiar música a los seis años, y especializarse en un principio en el violín, los primeros pasos como director de Nesterowicz fueron en el repertorio barroco: “partí con música de cámara, y uno de mis favoritos en esos comienzos era Vivaldi, porque mientras yo estudiaba no tenía la opción de dirigir una gran orquesta sinfónica y la única posibilidad era trabajar con una orquesta más pequeña, por lo que Vivaldi y todo el repertorio barroco eran un camino lógico y natural para mí”.
Pero apenas empezó a dirigir formaciones orquestales más amplias, sus gustos fueron modificándose: “realmente estoy fascinado con toda la música, por supuesto a veces me gustan los grandes sinfonistas, como Mahler, Bruckner o Shostakovich… ¡y claro, me encanta la música rusa, Tchaikovsky, Prokofiev, Rachmaninoff! Pero también me siento muy cerca de los franceses, como Debussy, que no son tan pesados ni románticos, y hacían una música muy colorida. Cada día paso unas ocho a diez horas con las partituras, por lo mismo muchas veces mi fascinación depende de mi agenda y del compositor de turno. Claro, me siento más cómodo a partir del período Haydn-Mozart en adelante y a veces tengo más problemas cuando estoy dirigiendo música que no es mi especialidad… me pasa con la música contemporánea, no con toda, porque algunas cosas sí me gustan mucho… pero cierto tipo de música contemporánea. Por ejemplo, el año pasado tocamos a Schnittke, pero no me siento tan cómodo en su repertorio como con Penderewski o Lutoslawski”.
Pero que no se crea que Nesterowicz sólo escucha música docta. También habla de su pasión por el jazz, “en el sentido más amplio del género, especialmente por la improvisación, por la flexibilidad de la armonía y el ritmo… tengo muchos amigos que son músicos de jazz, me encanta que siempre tienen la mente muy abierta a lo que pueda surgir de la música”. Y entre sus preferencias, menciona el heavy metal -“dependiendo del día y la ocasión”-, el tango y la salsa: “me gusta conocer las músicas y ritmos más típicos de los países que visito, me interesa mucho el folclor; pero me gusta escuchar en vivo, no andar permanentemente conectado a los audífonos, como hace todo el mundo acá en Santiago. Eso es demasiado para mí”.
De hecho, confiesa que en su tiempo libre prefiere no escuchar nada: “generalmente paso al menos diez horas al día con música, porque es mi trabajo, pero si estoy en casa no escucho nada, apago todas las radios y equipos de sonido”.
Y con tanto viaje es inevitable que Nesterowicz extrañe su hogar. Mal que mal, en los últimos diez meses sólo había pasado 23 días en su casa en Polonia, con su esposa y su hijo de 4 años. “Al elegir esta carrera debí aceptar que siempre estaré viajando… no es fácil para mí, no es fácil para mi familia. Mi esposa es muy paciente, y afortunadamente no es música, tiene su propio negocio en Polonia”.
Pero él mismo se conforma: “mirándolo por otro lado, no soy un oficinista, o alguien que tiene que estar todo el tiempo en un lugar, porque estoy viajando, conociendo sitios e interpretando música… tengo la posibilidad de estar en todos lados, mejorar como persona al experimentar nuevas emociones y conocimientos. No está nada de mal, ¿no?”
| Temporada 2010 |
| Siete de los 25 programas de conciertos de este año de la Sinfónica estarán dirigidos por su titular, incluyendo desde clásicos como el Réquiem de Mozart y las Variaciones Enigma de Elgar a los estremecedores y misteriosos Cuatro interludios marinos de la ópera Peter Grimes (Britten) y una obra del célebre John Williams, The five sacred trees. Y por supuesto, habrá una fuerte presencia de dos compositores que este 2010 celebran el bicentenario de su nacimiento, Chopin y Schumann; en particular el primero, cuyos dos conciertos para piano y orquesta, dirigidos por Nesterowicz, abrirán la temporada, entre el 12 y 20 de marzo próximos. El maestro bautizó este homenaje como “Chopintenario”, y reconoce que como director polaco trabajando en Chile, le parece “muy simbólico” que los 200 años de su legendario compatriota coincidan con los de nuestro país. De hecho, la temporada del Bicentenario incluirá distintas obras chilenas, no sólo con consagrados como Puelma, Advis y Orrego Salas, sino además con piezas de creadores más recientes, como Sebastián Errázuriz, Miguel Farías y Rodrigo Cádiz. “Los compositores jóvenes son muy importantes para mí, y siempre trato de tener un buen balance entre las obras nuevas, lo contemporáneo y lo clásico”, explica Nesterowicz. |
| Séptimo arte |
| Otra faceta interesante en la carrera de Nesterowicz como director la representa la música de cine. El maestro ha trabajado directamente con los que quizás son los dos compositores polacos de música para cine más famosos a nivel internacional: Zbigniew Preisner, el recordado autor de las bandas sonoras para Kieslowski (La doble vida de Verónica, Azul, Blanco, Rojo), y Jan A.P. Kaczmarek, ganador del Oscar por Descubriendo el País de Nunca Jamás. Para el primero, ha dirigido las grabaciones de partituras para películas de cineastas como Jean Becker y Thomas Vinterberg, y del segundo ha conducido estrenos mundiales y conciertos con selecciones de composiciones. “Estoy muy orgulloso de que ellos mismos me hayan escogido para dirigir sus grabaciones o conciertos con sus obras. Con ambos tuve un trabajo muy profesional, su música es completamente diferente a lo que hago habitualmente, y para grabar tengo que pasar tiempo en un estudio. Habitualmente no es como un concierto y no hacemos demasiados ensayos, contamos con apenas uno o dos días. A menudo es un trabajo más técnico y detallado que el de un concierto, es muy interesante grabar en un gran estudio, con una gran orquesta y la pantalla: hay que ceñirse estricta y milimétricamente a lo que aparece en ella y que debe ser acompañado por la partitura; por ejemplo, recuerdo una grabación en la que debíamos preocuparnos de que el vibráfono sonara exactamente al mismo tiempo que caían las lágrimas del personaje en pantalla…“ |