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Música y paisaje, la mezcla perfecta

Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)

 

El debut en Sudamérica del ascendente pianista de 15 años Conrad Tao dio un inmejorable marco a la última gala en obra gruesa del Teatro del Lago en Frutillar, cuya fase definitiva será inaugurada el próximo año y que promete convertirse en uno de los recintos culturales más atractivos de América Latina. Por Joel Poblete, desde Frutillar.


Es un sábado nublado en Frutillar, pasado el mediodía, y los alrededor de 250 espectadores en el Anfiteatro Lago Llanquihue del Teatro del Lago se disponen a disfrutar del concierto que marca el debut en Sudamérica del pianista estadounidense de origen chino Conrad Tao, quien a sus 15 años está afianzando una ascendente carrera internacional en la que, además, destaca como violinista y compositor. El joven artista parte enfrentándose a Bach, saliendo airoso con una convincente versión de la Obertura al estilo francés, mientras de seguro los asistentes no pueden evitar quedar fascinados ante la simbiosis que se logra entre la música y el sobrecogedor paisaje que se divisa a través de los amplios ventanales de la sala: incluso cuando las nubes esconden los volcanes Osorno, Puntiagudo y Tronador, la privilegiada vista del lago Llanquihue, por momentos con lluvia intermitente, sol ocasional e incluso un bote que lo atraviesa durante la ejecución, parece haber sido dispuesta como complemento de las melodías del compositor germano.

Y la magia no termina ahí, sino que va in crescendo: a continuación Tao conmueve con la delicadeza del Andante spianato de Chopin, y mientras sigue con el brío romántico de la Gran polonesa brillante del autor polaco –la misma que sonaba al final del film El pianista, de Polanski-, un pato silvestre sobrevuela el lago en las cercanías del teatro. Luego vendrá una apasionada interpretación de los contrastes que ofrecen cuatro preludios de Rachmaninoff, para culminar en la obra más famosa de un compositor estadounidense vivo y vigente, pero escasamente difundido en nuestro país: Lowell Liebermann, cuyas Gárgolas, en cuatro breves movimientos, evocan la música de cine, transitando entre la tensión, la sutileza y una atmósfera casi onírica, permitiendo al pianista descargar todo su ímpetu y fuerza adolescente. Tras una merecida ovación, Tao regala un bis, la entrañable Liebeslied de Kreisler, un clásico que parece evocar con dulzura tiempos ya pasados.

Muchas veces existe el prejuicio lógico ante los “niños prodigio”, que suelen ofrecer una extrema precisión técnica y pulcritud interpretativa, pero al mismo tiempo parecen autómatas o perfectos mecanismos de relojería que apenas reflejan alguna emoción. En el caso de Tao, afortunadamente, estamos ante un artista sensible que fue capaz de ir más allá del rutinario virtuosismo, para entregar interpretaciones llenas de vida y energía. A su concierto, incluido en la tercera gala anual del Teatro del Lago, siguieron
un almuerzo y una animada subasta de arte a cargo de Denisse Ratinoff, quien preside en Chile el Círculo Mundial de Amigos del Teatro del Lago, para culminar con las contagiosas melodías dixie de la Santiago Stompers Jazz Band. Tratándose de un proyecto Bicentenario, en 2010 se inaugurará el escenario principal, con lo que el recinto estará funcionando al cien por ciento. Enhorabuena.

 

 


Tengo un sueño

 

Hace cuatro años dedicamos algunas páginas a contar la historia de este emblemático proyecto cultural, impulsado por la hija del empresario chileno-alemán Guillermo Schiess, Nicola, quien heredó el amor de su familia por el arte en general y la música en particular, y logró desarrollarlo en los 15 años que vivió fuera de Chile: además de tocar la flauta traversa y cantar, luego de estudiar Musicología en La Sorbonne y Administración de Empresas con mención en Turismo en Alemania, llegó a ser asistente de la Filarmónica de Viena, ni más ni menos. Regresó a Chile hace una década, y luego de ser representante de artistas y organizar ciclos de conciertos, se entusiasmó con el gran sueño de su padre, quien quería construir un teatro frente al lago Llanquihue y al volcán Osorno, en el terreno donde en 1994 se incendiara el Hotel Frutillar.

La idea era que este recinto no sólo sirviera de sede a las ya clásicas Semanas Musicales que se realizan desde 1968 con conciertos en escuelas, iglesias y el gimnasio local, sino que además se convirtiera en un polo cultural para la región y el país. Fue así como en 1998, el mismo año en que falleciera Guillermo Schiess, se puso la primera piedra con el apoyo de la Corporación Cultural Semanas Musicales de Frutillar e Inversiones Puyehue Ltda. –representantes de la familia Schiess– y se fueron incorporando como inversionistas empresas nacionales e internacionales que compraron acciones a la Inmobiliaria Frutillar, que se fundó en 1997. Ya la primera etapa, con el anfiteatro en condiciones, se abría al público a principios de 2005.

En los últimos años se produjeron algunas importantes novedades para el proyecto. Nicola se casó con Ulrich “Uli” Bader, a quien conociera cuando él era el encargado de la Filarmónica de Colonia, y que hoy es su más fuerte apoyo a la cabeza del teatro; él, como gerente general y ella, como directora de programación y educación. Y mientras han seguido desarrollando numerosas actividades artísticas, la construcción ha crecido en la medida en que estaba el financiamiento: tras los inicios, de acuerdo a los diseños originales de los arquitectos Gerardo Köster y Gustavo Greene, el año pasado se encargaron al alemán Bernd Haller y su oficina Amercanda todas las terminaciones, el diseño interior y la coordinación de las especialidades técnicas.

Un recorrido por las instalaciones permite apreciar la magnitud de esta obra admirable, que en 8 mil metros cuadrados distribuidos sobre los 54 pilares enclavados sobre el Llanquihue cobija al anfiteatro, salas de exposiciones, salones especiales para distintos eventos y la cálida cafetería CapPuccini. Por ahora se pueden ver los avances en la construcción de la que será la sala principal, con capacidad para 1.200 espectadores y un foso de orquesta que permitirá realizar espectáculos más grandes, como conciertos sinfónicos y óperas. El teatro tiene un llamativo techo de cobre, ha sido construido en materiales típicos de la zona, como madera noble y piedra volcánica y, mientras la fachada, aún en proceso de terminación, recuerda a algunos teatros europeos, el diseño completo del edificio evoca la inconfundible arquitectura sureña.

 

 


Contra el centralismo

 

En su discurso de bienvenida en la gala, Uli Bader-Schiess habló de “aspirar a lo mejor”, refiriéndose a la educación y la cultura. ¡Y vaya que lo han aplicado! Ofrecen casi 200 espectáculos culturales y actividades educativas durante todo el año –muchas de ellas, gratuitas–, no sólo en el teatro, sino además en la antigua Casa Richter ubicada a pocos pasos, construida hace más de un siglo y que el año pasado fue restaurada para funcionar como Escuela de las Artes, con 130 alumnos de entre 3 y 79 años, un 60% de los cuales tuvo acceso a becas.

Por todos estos logros, los Bader-Schiess no esconden su orgullo.


Se conocieron cuando Nicola era asistente de la Filarmónica de Viena y Uli, encargado de la de Colonia. Hoy, el matrimonio Bader-Schiess es el principal motor del proyecto del Teatro del Lago.
“Este es un espacio sumamente interesante, que se ha ido desarrollando en el camino”, explica Nicola: “en un principio no teníamos tan clara nuestra labor educacional, pero con el tiempo se fue cimentando como una fuerte necesidad, porque en nuestro país existe muchísimo talento, y si se logra de alguna forma acceder a la oportunidad de desarrollarlo junto a la disciplina, que a veces cuesta tanto, los chilenos podemos llegar muy lejos. Nos interesa incentivar esa creatividad en la formación para llegar lejos en la vida, no sólo en una profesión artística, sino en general”.

Por su parte, Uli destaca el apoyo de los inversionistas a pesar de la crisis económica: “ha sido una positiva sorpresa para nosotros que en tiempos difíciles la gente se diera cuenta de la importancia de ayudar a empujar este proyecto. Así han aparecido importantes auspiciadores, tanto familias, privados y empresas, como donantes anónimos. La gestión de un proyecto de este tipo es complicada y representa un gran desafío, porque nos interesa descentralizar la cultura en Chile. Lograr que la oferta artística no sea sólo para Santiago. Si logramos desarrollar un faro de cultura de alta calidad durante todo el año, habremos cumplido la meta”. Y Nicola agrega: “es una obra que no sólo realizamos para nosotros, sino para la comunidad, y es muy importante desarrollarla en conjunto”.

La inauguración oficial de la última etapa del Teatro del Lago está programada para noviembre de 2010, y aún es posible continuar haciendo aportes. Para mayores detalles, se puede visitar el sitio www.teatrodellago.cl. Definitivamente vale la pena conocer este escenario enclavado en un lugar privilegiado de este pueblo tradicional, apacible y encantador, donde disfrutar de la música contemplando el lago y los volcanes es un panorama tan irresistible como los deliciosos kuchenes y strudels que ofrecen en casi todos los negocios locales. Y la experiencia, junto con ser única y casi milagrosa, es algo que no se olvida, incluso de vuelta en Santiago. Hagan la prueba.

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