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Manuel García, la convicción de la sencillez

Artículo correspondiente al número 277 (4 al 17 de junio de 2010)


 

El cantautor ariqueño ya tuvo suficiente de grandes proclamas y música cerebral. En su tercer disco canta a cosas sencillas y se acomoda en un rock tarareable, capaz de cruzar audiencias. “Me gusta notar que hay menos lirismo y más lugar común”, dice el cantautor chileno que ha tendido un puente de excepcional firmeza entre los años noventa y hoy. Por Marisol García; foto, Verónica Ortiz.

 

En Arica –la ciudad en la que Manuel García nació, creció, estudió Historia y Geografía y tomó la guitarra para no volver a soltarla– la música se le presentó como un vehículo doble de reflexión y de distracción. Sus años escolares estaban cruzados por la tensión cotidiana de un país militarizado, a cuya autoridad y abusos podía cantarles con encendidas composiciones aprendidas de brillantes vinilos del sello Dicap que su padre acumulaba en el living, y de cuya opresión podía evadirse, un rato, con algo de Pink Floyd. De esa época les quedó a él y a muchos una relación con el canto de solemnidad y grandilocuencia, del que recién en su nuevo disco, S/T, cree haberse sacudido.

“Reconozco haber, en algún momento, intelectualizado la canción al nivel de querer recrearla desde las bellas artes, y creo que eso terminó pasándome la cuenta”, explica ahora, satisfecho cuando le comentamos que el álbum es una sucesión de canciones que parece fluir cómoda y simplemente, sin grandes esquemas cerebrales por encima. “Por ahí va: me quise sentir cómodo con el disco. No quise responder a expectativas que más bien se convierten en prejuicios. En estas canciones se articula un diálogo súper sincero, que nace del disfrute de la música. Me gusta notar que hay menos lirismo y más lugar común: más Lucho Barrios, digamos. Hay una cierta cursilería que es parte de tu acervo aunque no lo quieras, y que a mí me acomoda mucho”.

-Es como si ya no temieras dejar de parecer inteligente.

-La búsqueda es hacia la menor cantidad de palabras y la mayor consonancia posible con la experiencia popular. En mi camino con la música también está mi inclinación por los Platters, Abba, Elvis Presley. No es fácil hacer una canción popular bonita, sencilla, tarareable: dirán que es con fórmula, pero anda a hacerte una que funcione.

-La canción pensante versus la popular es una dicotomía de eterno debate.

-Claro, pero pasa por no sentir culpa con los placeres, como recomienda Jorge González. La canción doctrinaria, didáctica, que pensaba que podía dar pautas de cómo vivir, es algo que siempre me ha molestado. En una cantautora como Violeta Parra nunca está el sermón; las suyas son, más bien, reflexiones profundas. Uno entiende que los artistas están enmarcados en sus épocas y contextos, pero un hecho estético que te lleva a una reflexión social me parece más importante que los discursos.

-La canción Piedra negra parece un grito de hastío contra esos cantautores e ideólogos que nos dijeron durante décadas cómo vivir. Los artistas atacan su piedra / con símbolos que no entendemos, cantas ahí. ¿Te sientes víctima también de ellos?

-Totalmente. El tema entra descalificando al artista revolver de estrella, que para mí es ese que dispara rápido, que sabe siempre lo que hay que decir, y al que le gusta ser una especie de gurú. Es una canción irónica sobre sí misma: parte medio trovera, pero se le mete un órgano reventado y llega casi al nihilismo. Pero Piedra negra es la excepción furiosa para un disco de narraciones, sobre todo, calmas y domésticas. Si el magnífico Témpera (2008) fue, según su autor, “folclor apocalíptico”, S/T es precisamente lo contrario: “Lo íntimo dentro del remolino”, según García. En un país cada vez más descortés, competitivo e irrespetuoso con su memoria, el autor se detiene en escenas cotidianas de extrema sencillez, como la mujer que seca su bluyín sobre una estufa, en Alfil, o la pareja preocupada por quién traerá pan desde la calle (Reloj). Joan es el saludo delicado a la viuda de Víctor Jara. Es ese Chile fuera de la televisión y de los grandes anuncios, “la gente que resiste como puede en sus casas”, ilustra el músico, y en cuyo canto se guarda, también, una semilla de rebeldía.

La generación de nadie

Mañosamente asociado a la nueva promoción de cantautores solistas, es necesario recordar que García conoció de cerca, también, a esa vieja generación de músicos de bandas, pues fue parte de ella y tuvo que recorrer los extraños recovecos del ansioso rock chileno de los años noventa, “cuando el furor lo producían Los Tetas y Lucybell, y yo no sabía si enchufar o no la guitarra”. En esos tiempos de amplias expectativas para la nueva música local, García se ubicó primero en el grupo Coré, asociable a la raíz latinoamericana, y más tarde, en Mecánica Popular, la primera banda de la época que hizo el cruce entre canción de texto y distorsión eléctrica: el híbrido de trova-rock fue, desde 1998, el terreno en el que se movió con autoridad un grupo que acumuló tres álbumes y considerable respeto en vivo.

-¿Te acomodaba ya entonces la función de líder de banda?

-Creo que siempre tuve la potencia para poder coordinar y trabajar con grupos humanos, pero a medida que el medio te va dando más credibilidad y tus cercanos tienen más respeto por lo que haces, te sientes más seguro de usar ese poder. Tampoco es fácil. ¿Sabes cuáles son las expresiones más típicas con que se encuentra hoy un artista en Chile? “¿Y a quién le hai ganado?”; “miren, el perla”; “¿de dónde saliste?”. Es la relación desde la competencia. Una ética que no ve al otro y que sólo se ocupa de los logros individuales. Ante eso, yo me defiendo con la convicción en mi trabajo, que no tiene nada que ver con inflar el ego hasta reventar de vanidad, pero sí con defender lo que quieres expresar.

Hoy, cuando toca junto a Nano Stern, Gepe, Chinoy o Pascuala Ilabaca, gente que aún no cumple los treinta años de edad, García, que ya tiene cuarenta, se siente afortunado al compartir la energía de una generación en legítimo ejercicio de su derecho “a invadir el espacio”, según dice. En comparación con la generación de rockeros de los noventa, ve en ellos “más emocionalidad; más intuición que intelecto. Es un nervio distinto, y que creo ha ido formando un movimiento a pesar suyo”.

-Es gente que respeto muchísimo, que creo que está consciente de que no pueden abusar de ellos en nombre de lo comercial, lo exitista o lo mediático. Antes, cuando yo comencé a tocar, existía un furor exacerbado por el prestigio que podía dar ser rockero. La cosa era ser muy delgado y ponerse poleras muy anglo. A algunos les resultó, pero es inevitable verlo hoy como una cosa un poco ingenua. Se descuidó toda una tradición que luego sería muy fuerte: la de la guitarra y la cantautoría solista. Si te fijas, las bandas que han sobrevivido desde entonces son las que sí han puesto en escena un espacio chileno.

Quizás por su larga militancia en la música y su atestiguamiento de fenómenos sucesivos, García habla hoy con una cierta autoridad de adulto que dice sentirse parte “de la generación de nadie”. No son muchos los nombres locales que han logrado cruzar en óptimas condiciones desde la década de los noventa hasta hoy. Manuel García es hoy un hombre de 40 años, con una esposa, tres hijos y una agenda internacional que sólo este año ya lo tuvo en México y España. “Y tengo ilusiones”, agrega, “porque me gustaría estar a los 60 años cantando mis canciones. Con mi cabeza blanca y mi guitarra. Para allá va hoy mi mirada: a Neil Young, a Bob Dylan, a Caetano Veloso: a gente que vive su edad fuera de lo que te impone la convención”.

-¿No encuentras referentes así en Chile?

-Los hay, y los veo hoy en (Mauricio) Redolés, Mario Rojas, Flor Motuda; aunque también, por supuesto, existen cantantes que han perdurado pero se han desgastado. La idea no es seguir por seguir, y supongo que es un misterio por qué la música acumula tantos ejemplos de gente que parece concentrar su talento en un período breve, pero que no logra seguir sorprendiendo. No sé cuál sea la curva de brillo de ese fuego artificial. Cuando he estado con Inti-Illimani, por ejemplo, me da la impresión de estar con gente de una vitalidad y rebeldía mucho mayor a la de algunos rockeros: no cualquiera se banca esas giras, esos cambios de hotel, esas rondas de entrevistas. Mi visión ahora es que estoy trabajando para el futuro: inventando, estudiando, proyectando.

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Comentarios

1 Comentarios

Susana Magna :

Publicado Lunes 7 de Junio, 2010 - 15:53 hrs

Un artículo sobre Manuel Garcia en Revista Capital. 
 
Besitosssss.... 
 
Susana

 
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